Amores con fluidos y amores sin fluidos (ocho historias)

Este es un relato de diez páginas, la introducción será de una (esta es la introducción) y cada historia será de una página también. Es un ejercicio de estilo pero es también un juego. Puedes leer una historia cada día –durante diez días- porque probablemente no tengas el valor de disfrutarlas todas de una sola vez o tal vez quieras disfrutar este manjar con calma, con mi misma calma y mi mismo placer. Yo sintetizaré al máximo y tú leerás despacio y volverás a leer después hasta que aprendas cada historia de memoria, palabra por palabra. Lo harás porque yo soy así y tú querrás ser como yo: si algo me gusta quiero disfrutarlo hasta el final. Para ganar espacio cada historia será un largo párrafo de una página (quedarás sin aliento). Los amores son reales, no vamos a discutir teorías sobre el amor, vamos a narrar historias de amor; vas a conocer la forma en que yo vivo la experiencia más importante para un ser humano, porque lo es ¿a quién queremos engañar? Serán historias sin mentiras pero sin vulgaridad, sin palabras desagradables pero sin ocultar ni omitir detalles. No leerás historias con mujeres porque me gustan los hombres, no habrá trucos porque no intento venderte nada, no habrá retórica porque no pretendo convencerte de nada. Sólo quiero saciar un deseo a partir de la lectura de El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami. El título del texto no es original, surgió de una conversación en Twitter con @jairogarciacol, él me recomendó el libro porque se imaginaba que así era mi relación con Andrés (uno de mis amores con fluidos). Usó la expresión amores sin fluidos y desde ese momento estoy obsesionada con la idea de escribir sobre mis amores desde esa perspectiva.

Amor número uno (con fluidos). “¡No me haga más brujería!”.

Yo tengo 18 y él 17, estudiamos juntos. Él no tiene novia y yo tengo un amor sin fluidos: él tiene 44 y yo estoy a punto de cumplir 19. El joven de 17 se entusiasmó con la idea de conocer mis tetas y hará todo lo posible por verlas, tocarlas, sentirlas. El señor de 44 es un hombre de ojos azules y pelo negro, al  estilo del personaje de Marguerite Duras. Nos reunimos cada semana para mirarnos los ojos, comer, beber, reír, oír música y recordar con dolor que lo nuestro es un amor imposible porque yo soy muy joven y muy culta y él es muy casado y muy comprometido. Ni siquiera nos tocamos las manos y yo me refiero a él como Don por respeto a su edad y a su experiencia. El joven de 17 es maravilloso como novio y como amante pero se enloquece de celos con mi amor sin fluidos porque los amores sin fluidos son más intensos que los amores con fluidos. Los tres protagonizamos una escena maravillosa: una cita con mi amor sin fluidos para decirle que mi amor con fluidos ve a lo lejos cómo le digo que lo cité para decirle que decidí enamorarme del chico de 17. Mis amores con fluidos son intensos y prolongados; fueron trece años de sexo, paseos, risas, caricaturas y al final se acabó. Él no se podía separar de mí ni yo de él, pero yo no quería casarme ni tener hijos y él quería ser un hombre feliz y realizado como adulto. Decía que yo le había dañado la vida, no podía vivir sin mí, no podía gozar con otras como gozaba conmigo. Una tarde en medio de su desesperación me gritó con furia: “¡No me haga más brujería!”. Ese día supe cuánto me quería, cuánto le gustaba, cómo sufría porque no podía vivir sin mí.  Después de mucho tiempo el joven se casó con una mujer venezolana que seguramente conoció en un chat, tienen una hija y no se ven felices en sus fotografías de Facebook.

Amor número dos (sin fluidos). Un hombre de ojos azules. Sus ojos se ven más azules si usa camisa azul y se ven verdes si usa camisa verde. Simplemente adorable.

El amor sin fluidos con el señor formal de 44 fue inolvidable durante mucho tiempo porque duró apenas un año. No tuvimos tiempo para hartarnos el uno del otro y como no había fluidos de por medio había muchos motivos para vernos y muchos  eventos para recordar -porque el amor sin sexo es más excitante que el amor con sexo- porque cuando un hombre y una mujer desean verse y se ven y sólo hablan, beben, sonríen, se repiten en cada encuentro cómo son de felices uno al lado del otro y no se tocan ni una mano, terminan más ansiosos cuando se despiden que cuando se encuentran, es una amistad enloquecida, una experiencia más  idealizada que el desenlace natural del deseo expresado a través del cuerpo. Mientras era la novia del joven de 17, 18, 19, 20… 30 recordaba cada día con tristeza al señor de 44 que abandoné para darle seguridad al niño de 17. Nos encontramos dos o tres veces más para verlo llorar, para oírlo decir que no se quería enamorar pero que era inevitable, ¡sí! como el amante chino de Marguerite Duras. Yo no decía nada pero sentía mucho. Todavía siento, mientras escribo recuerdo que varias veces he pensado que quizá haya muerto. Han pasado más de veinte años desde cuando nos vimos la última vez y quizá ha sido el amor sin fluidos más intenso que he vivido porque fue el primero o porque el niño celoso siempre se interpuso entre nosotros o porque era muy gracioso imaginar lo que la gente imaginaba cuando veía el mismo carro parqueado siempre en el mismo lugar con un hombre viejo y una mujer joven. En el carro oíamos música triste, música de gente vieja, claro.

Amor número tres (con fluidos) Una sola noche para desear muchas otras más.

La fantasía de hombres y mujeres es volver a su estado animal, asumir el comportamiento de las bestias para olvidar la miseria de la vida, para divertirse o para saciar el deseo. Mis amores con fluidos casi siempre han empezado así y me gusta porque no soporto las declaraciones de amor ni el trabajo que el hombre hace para cortejar a la dama. Cuando un hombre se muestra deseoso de conquistarme me enternece, nunca terminamos en nada, cuando un hombre me desea y sabe cómo hacérmelo saber sin misterios ni frases estúpidas normalmente se sorprende al observar cómo era más fácil de lo imaginado. Ha pasado tres veces y lo triste y lo bello de esas experiencias extrañas es que pasa una noche y nunca más porque la experiencia no fue tan agradable como para que empezara el amor. Cuando el sexo lleva al amor, cuando un hombre y una mujer  no se conocen o se conocen muy poco se contactan muy bien a través del sexo y puede ser el comienzo del amor, así ha ocurrido con mis dos grandes amores. Aunque me gustan los amores sin fluidos no me llevo bien con la abstinencia o con la sublimación del deseo a través del arte, la oración o la contemplación, prefiero que todo fluya de forma natural, sin forzar nada. El hombre de este pobre relato es un hombre que debe abundar en todos los tiempos, es el hombre que desea a las mujeres pero no desea nada más, sólo desea y ya. Así el sexo no vale la pena porque es vivir la vida en estado de bestialidad total y al placer no se llega a través del cuerpo sino del cerebro, la imaginación y la admiración que otro ser humano nos puede provocar a través del cuerpo. El cuerpo es el vehículo pero el cerebro es el que goza.

Amor número cuatro (sin fluidos). La pasión de hablar por teléfono.

Antes de que el teléfono se convirtiera en objeto de estatus me gustaba hablar a través de ese medio, hablaba durante horas cada noche y siempre con el mismo hombre. El recibo de pago se convertía en una especie de fetiche que daba cuenta de las horas diarias que transcurrían con tanta felicidad. Cuando tenía 19 –por medio de mi amor de 44- conocí a un hombre apasionadísimo con el que nos besamos dos veces, leíamos libros en los parques, bailábamos boleros en la sala de su casa y hablábamos de manera descarada por teléfono sobre lo que él soñaba que yo hacía con el señor respetuoso o con él. No podía entender tanta formalidad entre dos personas que se amaban. Ese hombre me enseñó el placer de hablar por teléfono y luego tuve tres amores sin fluidos con los que el teléfono fijo y la cita cada noche para hablar durante más de dos horas se constituyó en el centro de un sentimiento muy fuerte. El teléfono cumplía la función de los chats de ahora, pero era mucho más emocionante porque había una voz de por medio, había risas, lecturas, confesiones, preguntas atrevidas y palabras que no se pronuncian cara a cara. Este hombre era el término medio entre un amor con fluidos y otro sin fluidos. ¿Traicionaba a mi niño de 17 porque le di dos besos apasionados a este hombre de 27 o de 28? No, creo que no. ¿Traicionaba al señor de 44 porque hablaba por teléfono con un amigo suyo y nos burlábamos un poco de la relación tan formal y tan casta que teníamos él y yo? No,  creo que no.

Amor número cinco (sin fluidos) ¡Usted no me ha visto en bata!

Mis amores con fluidos están relacionados con sentimientos, mis amores sin fluidos están relacionados con libros, películas, frustraciones o timidez. Este amor sin fluidos es uno de los más intensos que he vivido: mi hermana admira a su profesor y me habla de sus clases con él. Yo estudiaré lo mismo que ella y su profesor puede ser también mi profesor. Desde el primer día de clase trato de adivinar quién es ese hombre apasionado con la lectura y  la literatura. Cuando lo identifico quiero ver todas las materias con él. Y es admirable. Quiero ser su monitora también y lo consigo. Voy una vez por semana a su apartamento, soy su asistente, hemos alargado el contrato y ahora no me paga la universidad sino él, ¿me paga porque hablemos una vez por semana? Hablamos de amor, de sus amores y de los míos, de sus experiencias y de las mías. Él me fascina, lo deseo porque no tengo novio, él tampoco tiene novia ni esposa, probablemente también me desea. Vive con sus hijos, que no son bebés, podrían ser mis hermanos. Yo podría ser su hija y seríamos felices hablando de libros todas las noches. Nuestro afecto y nuestras citas están mediadas por libros pero él siente algo muy fuerte y yo también. Él es muy tímido y yo también. Le gusta mirar mis zapatos, nada más, es un poeta. Pasamos dos o tres años en una amistad muy tensionante, no hablábamos por teléfono, cuando tenía que llamarlo era  muy seria y formal. Me gusta recordar a las personas por las frases que pronuncian y este poeta tímido y apasionado decía muchas frases que me fascinaban. La historia fue larguísima, llena de anécdotas, nunca nos tomamos una mano, nunca nos dijimos cómo nos emocionábamos ante la idea de que nos volveríamos a ver muy pronto. Una vez me dijo confundido: “¿Yo a usted qué le puedo dar?” y me dio dinero para que comprara libros. Otro día me dijo: “¡Usted sólo me quiere para que le preste libros!”. Y yo le dije: “Nosotros somos amigos, yo a usted lo he visto en bata”. Y era cierto, él es de esos hombres que esperan a sus amores sin fluidos en bata con la ilusión de que se distensione la situación o para crear más tensión. Ese día el gritó: “¡Usted no me ha visto en bata!”. Podría escribir una novela titulada Mi profesor, pero será en otra ocasión.

Amor número seis (sin fluidos) “No porque te enamoras”

Aquí tengo 32 años, ha pasado mucho tiempo. He teorizado sobre el amor y la melancolía, soy experta en Fernando Vallejo y tengo más admiradores que antes. Ahora no quieren mi cuerpo, quieren mi alma. El protagonista de esta triste historia es un actor, un experto en el cuerpo. Éramos amigos y como no tenía novio andaba un poco deseosa y dejé que las cosas pasaran. Las cosas no pasaron, nuestro experto en el cuerpo se tensionó mucho y no pudo darme lo que necesitaba, no pudimos saciar nuestro deseo porque su deseo fue traicionado por su cuerpo. Lo gracioso del asunto es que mientras estábamos en el acto preliminar él pronunció la frase del relato: “No porque te enamoras”. El actor completó diez años deseando consolidar nuestro deseo, se enamoró. Me llama con mayor o menor frecuencia para decirme que me desea, me piensa, me recuerda. No cree que tengo novio ahora devenido en esposo. Nos hemos visto tres o cuatro veces más. A veces es agresivo, otras vulgar, otras romántico, quiere que lo ame, cree que todavía sueño con una noche apasionada con él. No lo puede evitar, quiere demostrarme que es un hombre y no lo conseguirá porque cuando un hombre más se empeña en complacer a una mujer para demostrarse a sí mismo que es el mejor amante el cuerpo lo suele traicionar y la mujer se suele divertir. La última vez que nos vimos bebimos cerveza y me dijo “seamos amantes”. La última vez que llamó le hablé de tal forma que espero haya sido nuestra última llamada. Esta es la más triste historia de amor que he vivido. Nadie goza con el sufrimiento ajeno.

Amor número siete (sin fluidos) “¡Quédese a ver qué pasa!”.

Mi hermana ha sido determinante en mi vida. Por ella no soy autodidacta, por ella vivo con Andrés desde hace dos años y gracias a ella pude haber terminado en los brazos de un amor sin fluidos tímido como el más tímido de los hombres. A este contemporáneo mío lo conozco desde hace más de quince años pero los dos éramos distantes. Mi hermana se encargó de que nos acercáramos de la forma que llegamos a acercarnos. Hablábamos todas las noches por teléfono, nos veíamos en su apartamento dos o tres veces por semana y fumábamos y tomábamos café de manera compulsiva. Ninguno de los dos sabía quién era más inteligente y deslumbrante que el otro. Es un hombre de carácter muy fuerte, me ayudó a  terminar de manera definitiva con el niño de 17 y me motivaba para que consolidara un romance con un hombre diez años menor que yo. Él también me esperaba en bata, me gustaba mucho, lo deseaba a veces… Nos contamos tantas cosas, hablamos tan intensamente de nuestras pasiones, éramos tan fuertes, éramos tan tímidos, dejamos pasar tanto tiempo, el tiempo siempre está en contra del amor sin fluidos… Cuando estábamos en el momento más pleno de nuestro amor no declarado apareció Andrés y él, el hombre más fuerte que he conocido en la vida se esfumó de mi vida para siempre, hace todo lo posible para que no lo vuelva a ver, pero seguramente me recuerda. Se intimidaba con mis ensayos y  me decía que estaba un poco loca. A ese hombre le regalé los libros que marcaron mi vida para siempre. Espero que los haya leído.

Amor número ocho (con fluidos) “¿Y si algún día terminamos cansándonos?”

Quería que fueran diez historias en diez páginas pero el espacio dio sólo para ocho amores y el último amor narrado es el amor actual. El único que tiene nombre, un amor con fluidos con un hombre trece años menor que yo. ¿En dónde nos conocimos? Nos conocimos en una burda sala de chat hace ocho años. Yo tenía 34 y él  21. Con Andrés hemos navegado por chats, foros, comunidades y redes sociales en internet. Fue la primera persona con la que me vi cara a cara después de haber conversado desde un chat o con él único ser conocido en internet con el que me he lanzado a la aventura erótica. Él no es celoso y yo tampoco puedo serlo. Tolera bien a un amor son fluidos que se ha convertido en simple amigo porque nos conocemos desde hace once años y tolera también un nuevo amor son fluidos que conocí en Twitter y que me tiene fascinada. No hablo de ese amor porque para hablar de amor se necesita perspectiva y la perspectiva la da el paso del tiempo.

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Autor: Elsy Rosas Crespo

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