Contra la palabra interesante

La palabra interesante no es una palabra fea, pero se abusa de ella, especialmente en los supuestos círculos intelectuales, en las revistas culturales o universitarias, en la televisión, la radio, la prensa y en las universidades, especialmente en las universidades. Todo profesor universitario que se jacte de serlo, ha sido estudiante universitario, ha tenido el privilegio de conocer una variedad divertida de profesores y entre sus profesores el 50% usó en algún momento -con aire de persona inteligente, analítica y profunda- la palabra interesante para referirse a situaciones, personas, ideas, libros y preguntas. El estudiante veía con tan buenos ojos la pronunciación de la bella palabra en labios de sus profesores y ahora los imita, él también es un profesor al que casi todo lo que tiene que ver con su trabajo le parece muy interesante.

Cuando un intelectual usa la palabra interesante parece más interesante, más intelectual, más profundo; decir interesante no tiene el mismo sentido que decir me llamó la atención o me gustó mucho, no, nada de eso, es mejor decir interesante, esa simple palabra se basta a sí misma y no admite explicaciones. Una película es interesante, una clase es interesante, la letra de una canción es interesante, una mujer es interesante, una situación es interesante. Pero por qué es interesante, no sería preferible que en vez de decir interesante la eminencia nos explicara por qué es tan interesante.

Veamos el abuso de la palabra interesante en una novela colombiana. Vera, de Andrés Hoyos:

Se supone que Vera, la protagonista de la novela, es vista y narrada desde tres perspectivas: la del detective, la del columnista y la de ella misma. A pesar de que el escritor se esfuerza por hacerle creer al lector que se trata de tres voces diferentes los tres narradores desprecian lo mismo que desprecia Andrés Hoyos por diferentes razones: la izquierda, los profesores universitarios que seducen a las estudiantes bonitas y desaplicadas del curso, los sociólogos, los pobres, los feos… y los tres se hallan inmersos en situaciones muy interesantes. Veamos varios ejemplos en los que se usa la expresión que, de paso, sirven para plasmar la pobreza del estilo en la escritura del autor:

Examinando con mayor cuidado, noto que varias de las fotos más interesantes son tomadas en una discoteca que yo conozco. (Pág. 20)

Estas últimas, pese a que están hechas para mundos que no existen, no dejan de tener aquí y allá ideas interesantes. (Pág. 73)

Interesante, pero no para lo que nos ocupa. (Pág. 74)

¿No le interesarán a tu amiguito el grafómano ése para que malgaste en cosas más interesantes su mala prosa? (pág. 91)

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Me he tomado el atrevimiento de escribir una sencilla composición abusando de la palabra interesante para comprobar que el uso reiterado de esta bella expresión le concede a la “literatura” un aire renovador, poético, exquisito:

Un cuento metafísico: una experiencia interesante

Una mujer bebe café pensado en una película que acaba de ver sola en una sala casi vacía, una película interesante, sin duda, piensa la mujer mientras bebe. A los cinco minutos aparece un hombre que dice “hola” con mirada pensativa; él se acaba de librar de una situación compleja, extraña, interesante, y pretende compartirla con ella, pero sabe que ella piensa y la deja seguir en sus cavilaciones. A los cinco minutos entra una pareja de enamorados, sus sonrisas cómplices rompen el silencio circundante y con una mirada interesante logran fragmentar el silencio, quebrar la solemnidad del sitio, son jóvenes, no les importa nada. A los cinco minutos las gotas de lluvia rompen el cristal y un sonido interesante, indefinido, nublado, metálico, irrumpe en el salón y todos los comensales saben que esta situación – este instante- es interesante. Un perro entra al bar, contonea su cuerpo, es interesante verlo, es un perro esbelto, un perro hambriento, un perro callejero, qué interesante es ver a un perro callejero. La mujer, el hombre, los enamorados, el vidrio, el perro, el bar, todo en el ambiente le hace saber al lector que él es un lector de historias interesantes, está embebido, absorto, es interesante imaginar su asombro, esforzarse por unir los hilos que tejen esta anécdota.

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Autor: Elsy Rosas Crespo

Es más fácil si buscas mi nombre en Google.

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