El ateo que grita

¿Qué es Dios?

¿Un amigo imaginario, un fantasma, un meme, un aliciente o un cuento contado por nuestros padres antes de los cinco años con extrema seriedad y creído por nosotros con absoluta ingenuidad?

Puede ser todo esto o nada de esto o parte de esto, pero el hecho es que Dios, el Onmipotente, el Grande, el Sabio, el que todo lo sabe, el que todo lo ve, sigue ocupando un lugar privilegiado y en vez de gritar: “Dios no existe”, debemos preguntarnos por qué hay tanta gente que todavía sigue creyendo en Dios.

Dios, el grande, está hecho a la medida del hombre, un ser pequeño.

Dios, el sabio, está hecho a la medida del hombre, un ser ignorante.

Dios, el Salvador, está hecho a la medida del hombre, un ser perdido.

Dios, el onmipotente, está hecho a la medida del hombre, un ser débil y corto de miras.

Dios, el eterno, está hecho a la medida del hombre, un ser fugaz.

Dios, el silencioso, está hecho a la medida del hombre, un charlatán.

Dios, el casto, está hecho a la medida del hombre, un glotón.

Dios, el serio, está hecho a la medida del hombre, un gracioso y amigo de la diversión.

Podríamos continuar alargando la lista para llegar a la misma conclusión:

El hombre no fue hecho a imagen y semejanza de Dios, es sólo un invento útil del hombre para controlar el impulso de su deseo, para decir no cuando se quiere decir sí, para cometer errores y luego decir que lo hecho no fue hecho por él sino que fue obra del Diablo, del Demonio, del Maligno.

Hay dos tipos de ateos: el que grita y el que no grita.

¿El que grita por qué grita?

Grita porque el creyó, grita porque él se confeso, grita porque él se dio golpes de pecho, grita porque él hizo penitencia, grita porque cuando se masturbaba se sentía sucio, grita porque oraba en silencio con fe, grita porque en Semana Santa materializaba lo que venía planeando desde el Miércoles de Ceniza, grita porque sus padres y abuelos todavía rezan como le enseñaron y al verlos no siendo niño sino siendo un hombre, al recordar el lavado de cerebro del que fue víctima en la niñez no le queda otra alternativa que gritar. “Dios no existe, la religión es el opio del pueblo, Dios es para los ignorantes”.

Uno no se vuelve ateo en un fin de semana, en una borrachera, leyendo a Sartre o a Nietzsche,

es todo un proceso de disintoxicación que empieza con La Primera Comunión y la familia es de gran ayuda en el proceso, siempre y cuando ellos también sean bastante escépticos y le hayan dado al niño la religión sólo para que luego no fuera a quejarse de que él la necesitaba en sus momentos de soledad, desemparo, miedo, desesperación, convalescencias, viajes en avión, partidos de fútbol de la selección, entrevistas laborales, citas a ciegas, copulación con el propósito de concebir, exámenes de admisión a la Nacional, cirujías, funerales, sida, cáncer, gonorrea, sífilis, impotencia, eyaculación precoz…

 

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Autor: Elsy Rosas Crespo

Es más fácil si buscas mi nombre en Google.

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