El maestro Fabio Rubiano

El teatro en Colombia es un completo desastre si pensamos que el teatro es arte, arte excelso como la música, la danza y la pintura. Las obras las escriben los artistas y son representadas por los actores, que también son artistas. Los dramaturgos (Shakespeare, Ibsen, Brecht, Bernhard…) escriben las obras para ser representadas en un escenario  por los actores y -como pasa con la música, la danza y todo lo que implique la presencia de artistas en el escenario- el público debe ser un público cultivado, el público debe conocer la obra, amar el arte y presenciar cada representación con pleno conocimiento de lo que significa el teatro y la actuación en un contexto bien definido. El teatro no es la televisión, el cine ni la ópera, el teatro es el teatro, se rige a partir de unas reglas bien definidas, no es diversión ni entretenimiento, es arte y como arte debe ser escrito, representado y contemplado. En el teatro, como en la música, la danza y la pintura, no se vive de buenas intenciones sino de ejecución, de la puesta en escena segundo a segundo. Es como el deporte de alto nivel: no se valora el esfuerzo del artista ni el aplauso del público.

Cuando el teatro se convierte en un circo merece ser despreciado y en Colombia el teatro siempre ha sido un circo. Merece todo nuestro desprecio. Un libro sobre el teatro en Colombia merece un buen título: La náusea. Debemos imaginar que leemos ese libro y luego vomitamos y sacamos todos nuestros demonios internos, los que nos dicen que en Colombia todo es un fracaso y tiende a empeorar.

El principal drama del teatro en Colombia es que se trata como otra forma de rebusque, el teatro se maltrata más que la televisión y el cine porque para hacer teatro no se necesita nada y la prueba de eso es que cualquier persona en Colombia puede terminar convertida en actriz o en actor de teatro como quien se lanza a una pista de baile sin saber bailar. Son actores La gorda Fabiola, La gorda Mayer, La exgorda Azcárate y El flaco Solórzano. Las personas que actúan en Sábados Felices y en las telenovelas de Dago Producciones son las mismas que sin ningún tipo de pudor se presentan en una sala de teatro con el rótulo de actores; lo peor de todo es que esas personas y esas obras tienen público, el público compra las boletas, llena los espacios y aplaude de pie ante esos espectáculos que llaman El teatro en Colombia. Ese público que ama el teatro colombiano es el mismo que ama Sábados Felices, la telenovela de Diomedes y las películas de Dago. El panorama es aterrador.

La televisión colombiana tiende a empeorar pero el teatro tiende a ganar estatus gracias a Fabio Rubiano, un hombre con buenas intenciones que se para al lado de los grandes para hablar de arte y se atrevió a humillar y ofender a Héctor Abad Faciolince, le dio clases de erudición a uno de los escritores más eruditos y con mejor ortografía de Colombia. ¡No hay derecho!

El maestro Fabio Rubiano -así lo llaman ahora en los perfiles y las entrevistas- se presenta a sí mismo como un gran artista, pensador, filósofo y hombre comprometido, es una especie de Camus del siglo XXI en la tierra de Gabo. La figura del maestro da como para escribir una buena comedia titulada El hombre sin atributos:

Érase una vez un niño que nació en Fusagasugá pero no era de Fusagasugá sino de Bogotá, más rolo que Andrés Ospina, ala. Ese niño vivía en el barrio Restrepo pero luego se fue a vivir a Chapinero; fue mesero y arreglaba máquinas de escribir, inició más de cinco carreras y no terminó ninguna, tenía un bar y una noche se dijo “tengo que escoger entre el teatro o la noche”, escogió el teatro pero lo vimos en televisión actuando de él mismo -como casi todos los actores colombianos- en Vuelo Secreto (una de las series colombianas más vistas en la historia de la televisión colombiana -lo que no sabe el maestro Fabio es que los colombianos tienen muy mal gusto y por eso Sábados Felices es el programa más antiguo de la televisión colombiana). El maestro conoció a Marcela Valencia (su compañera de toda la vida) fundaron Petra y es ahí, en ese momento, cuando Fabio se sintió al lado de los grandes dramaturgos, se presenta como tal, asume la pose de pensador y erudito y todos los periodistas y el público no exigente le siguen el juego. Su última Gran Obra es Labio de libre y ante Labio de liebre todos salen estupefactos y el más estupefacto es él. Gracias a su genio se da el lujo de cambiar de esposa con cierta frecuencia y esas muchachas se sienten a su lado como ante la Idea hecha hombre, habría que ver cómo se desvivía en palabras hacia Fabio la recién reemplazada Carolina Cuervo, en fin.

maxresdefault

Anuncios

Autor: Elsy Rosas Crespo

Es más fácil si buscas mi nombre en Google.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s