La escritura y la vida

Soy un ser humano excepcional, el tipo de persona que se hace admirar por la calma, la dulzura, la bondad, la honestidad, la sonrisa franca y el trato amable. No soy amiga de muchas personas pero si decido ser amiga de alguien le ofrezco todo lo que soy sin cálculo ni premeditación y sin disimulo, sin dobles intenciones, sin intereses mezquinos ni juegos ocultos. Soy transparente como el agua. Esa entrega no se la he ofrecido a más de diez personas a lo largo de la vida porque soy persona de pocos amigos; casi nunca tengo más de dos en simultánea y una amistad empieza a serlo después de cuatro o cinco años de buen trato y absoluta confianza.

Las amistades forman parte de la vida y la escritura es otra cosa, es artificio. Esa separación no es fácil de entender y varias veces mis amigos me han dicho a gritos, llorando, temblando de ira y con las peores palabras que siendo la persona que soy no tendría por qué escribir lo que escribo, escribir sobre lo que escribo y usar las palabras que uso porque entonces no soy la que soy sino otra; se preguntan si represento un papel para ellos y si en realidad soy una especie de bruja resentida, sola y frustrada que detrás de un teclado y en la absoluta impunidad se otorga el derecho de insultar con las peores palabras a personas inocentes que exponen su vida en las redes sociales. Se preguntan si estoy enferma y necesito ayuda y me suplican que conozca gente de verdad, que no lea tantos libros y no escriba tantas estupideces y piense seriamente en un tratamiento con un especialista de la mente bien calificado porque mi problema es complejo y de difícil manejo. Yo oigo entre asombrada y confundida porque siempre se repite la misma historia y todavía no entiendo por qué, qué es lo que la desencadena. Hay algo en mí que desconcierta y descompone a la gente que me quiere y algunos han decidido prescindir de mí sin previo aviso y sin ninguna explicación ni reclamo final.

He perdido varios buenos amigos por algo que he escrito, he espantado a varias personas que se han maravillado con la dulzura de mi ser y cuando he compartido con ellas algún texto que me gusta mucho me preguntan por qué soy tan despiadada y huyen despavoridos como si se encontraran ante el mal hecho carne y entonces me pregunto si el poder de la palabra es más contundente que la dulzura de mi ser y termino concluyendo que sí: una simple palabra detrás de la otra es capaz de producir terror, es mucho más potente y poderosa que la persona de carne y hueso confiada y tranquila que jamás ha atentado contra la integridad de otro ser humano de otra forma que no sea dando una apreciación objetiva y desapasionada sobre lo que otra persona ha manifestado en público esperando el aplauso efusivo de la manada.

martes

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Porno vía WhatsApp

El amor y el sexo son bienes escasos en estos tiempos confusos en los que se impone la desconfianza y, sin embargo, la gente quiere sexo y busca amor. Hombres y mujeres comparten acaloradas conversaciones en las que se manifiestan sus más secretos deseos y en el momento menos pensado se deshacen de la ropa y envían fotos y videos que luego compartirán entre risas con sus contactos más queridos.

Aunque tengamos pornografía convencional gratuita el morbo de ver gente real exhibiéndose nunca es algo que se desprecie porque el ojo es insaciable y el cuerpo femenino será siempre el objeto del deseo, no sólo porque formamos parte de una sociedad heteropatriarcal y opresora sino porque el cuerpo de la mujer es mucho más atractivo que el cuerpo masculino, tiene muchos más matices y despierta más deseos.

Una mujer inteligente JAMÁS, bajo ninguna circunstancia, debe tomarse fotos y grabar videos para compartir con su novio, esposo, amante, mejor amigo o conquista ocasional por más enamorada o entusiasmada que esté por una sencilla razón: el amor y el entusiasmo pasan y en cambio las fotos y los videos se conservan intactos y se pueden compartir hasta el infinito.

Sola contra todos

Soy una guerrera invencible

Y nunca he tocado a nadie

Todas las guerras han sido verbales

Y todas las he ganado, claro.

Siempre hablo en tono suave porque el que grita pierde y el que escupe molesta a su interlocutor

Parece increíble pero la gran parte de mis cruentas batallas han sido contra cientos de imbéciles que atacan en manada y de forma sorpresiva, con trampas y mentiras que engañan al incauto, al bobo y al confiado.

Los he vencido siempre a todos moviendo los deditos sobre el teclado (risas grabadas).

La manada por manada no es fuerte porque la suma de imbéciles es una simple ilusión. La manada iracunda es suma de miedo concentrado y una simple mujer sentada en una silla, una señora que camina tranquila por ahí sin molestar a nadie y sin presumir de nada, puede inspirar más terror que un grupo de idiotas en una tertulia posando de intelectuales.

La primera batalla fue con padres y hermanos, quisieron imponer su autoridad y perdieron porque desde los 9 hago exactamente lo que me da la gana.

La segunda batalla fue con mis profesores y perdieron también puesto que yo escribo mejor que todos ellos juntos.

La tercera batalla fue con los vecinos, nunca los saludo porque no me da la gana.

La cuarta batalla fue con los colombianos, a pesar de sus amenazas de muerte, de ataque con ácido y de todas las bajezas que no quiero volver a enumerar aquí deben estar preparados para el ladrillazo que les va a caer en la cabeza hueca porque voy a escribir un libro portentoso divido en tres grandes partes:

  1. Censura en Colombia
  2. Las mujeres y el marketing
  3. Heteropatriarcado

En la tercera parte me ocuparé de este trío de payasos.

  1. Ricardo Silva Romero
  2. Andrés Hoyos
  3. Daniel Samper Ospina

¡Tiemblen!

yo

El feminismo de Javier Moreno

Javier Moreno (en Twitter @infrahumano) ha sido uno de los hombres más implacables conmigo de forma gratuita, ha usado los peores términos para referirse a mis cualidades físicas, psicológicas e intelectuales y ahora, cuando Carolina Sanín perdió la tutela en segunda instancia y parece haber quedado de forma definitiva sin derecho a seguir siendo profesora en la  Universidad de los Andes y probablemente en ninguna universidad colombiana, el ultramacho ha devenido en feminista y se ha solidarizado con las mujeres de forma majestuosa.

Lo más preocupante de estos arrebatos momentáneos de personas que parecen una cosa pero son otra completamente diferente es que muchas mujeres sometidas que posan de liberadas y autónomas celebran y aplauden las frases del Genio y a través de este gesto parecen convalidar su triste estado de sumisión. Están tan sometidas  las hermosas y frágiles damiselas que aplauden al tirano.

Estado de la situación: un grupo de mujeres tontas y dependientes de machos proveedores, concentradas en su valor como hembras, bien peinadas, maquilladas y de buenas maneras aplauden al ídolo disfrazado de la versión masculina de Virginia Woolf.

Para comenzar recordemos un insulto clásico del maestro del chiste en Twitter:

infrahumano

Rosa Elvira Cely fue violada, empalada y asesinada en Bogotá y el maestro del humor elegante quiso hacer un juego con mi nombre y de paso desearme un destino parecido. Mi nombre es Elsy Rosas Crespo.

Lo peor de todo es que estos “chistes” son celebrados y aplaudidos por mujeres que se llaman a sí mismas Feministas con F mayúscula.

Veamos el discurso feminista -muy propicio para el día de la mujer- sobre la injusticia que se cometió con Carolina Sanín. El propósito de Javier Moreno es quedar ante el público en general como un hombre justo, bueno, racional y amante de las mujeres aunque no sean sumisas.

Se trata de una cadena de tuits escritos en ese orden:

La universidad de Los Andes (en su afán de complacer clientes) terminó pegándole severa validada al matoneo machista contra Carolina Sanín.

Parte de la razón por la que eso pasó es esa tendencia de las universidades de tratar a sus estudiantes como niños caprichosos a complacer.

Eso viene, por supuesto, como ñapa del modelo de negocio que resuelven seguir: uno donde la educación es un producto que se adquiere.

En vez de hacer énfasis en el aprendizaje se promueve la adquisición de “títulos” como objetivo: meritocracia a la medida de los ricos.

Y ahí seguirán entregados al matoneo contra mujeres camuflados tras la excusa de un supuesto humor que la universidad se niega a confrontar.

Porque el cliente siempre tiene la razón. Y al cliente siempre hay que sonreírle, así diga las atrocidades más destempladas.

Y bueno, Sanín es un blanco fácil porque a la clase elegante educada (a la que pertenece) la ve como un animal rabioso, fuera de control.

¿La razón? Sanín salta varias de las cortesías imbéciles que esa clase se inventó para distinguirse (por diseño) de la plebe ignara.

Dice vainas que “no se pueden decir”. No se “comporta”. Decepciona como mujer: no se queda encerradita en la jaula que le corresponde.

“Es que es muy inapropiada”, dicen. Alguien de su clase y distinción no puede hablar/comportarse públicamente de ciertas formas.

Y de ahí saltan suavecito a un “bien merecido” que dicen en voz baja pero sin remordimiento alguno.

Lo que le cobran a Sanín es la “falta de modales”. Un hijueputa con modales nunca deja de ser alguien respetable. A veces incluso admirado.

Y bueno, con hombres la falta de modales se tolera ocasionalmente, cuando alcanzan cierta dignidad sacerdotal.

Porque de los hombres se espera cierta brutalidad verbal, claro. Para enfatizar la hombría.

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Ahí termina el discurso de hombre bueno y justo con las mujeres vulneradas y para rematar retuitea a dos mujeres sometidas conscientes de su minusvalía:

Hagamos algo, mujeres: numeremos las veces que en nuestra vida nos juzgaron por no cumplir con las expectativas de ser mujer. Las leo.

He recibido los mensajes más machistas por el Día de la Mujer. Agradezco el detalle pero no han entendido un culo. Agregó está payasada.

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Como se puede notar todo queda en la apariencia, en la superficie. Es casi seguro que el maestro @infrahumano fue uno de los centenares de internautas que matoneó sin ningún asomo de compasión a Carolina Sanín y ahora, cuando la ve perdida y burlada, vencida y humillada, se solidariza con ella.

Lo peor de este “feminismo” disfrazado, ejercido por los hombres más machistas  y celebrado por las mujeres más estúpidas, es que hombres y mujeres se abrazan unos a otros y se sienten moralmente superiores sin ver lo que se oculta detrás de esos discursos en los que se impone la apariencia; aquí la verdad y la justicia pierden todo el sentido. Lo importante no es ser sino parecer y recibir muchos favs y RTs