La fórmula de la amabilidad femenina

“La fórmula de la amabilidad femenina es una creencia implícita que penaliza a las mujeres a no ser que moderen su modo de actuar siendo amables”. A fin de ser aceptadas, las mujeres deben compensar su ambición y su fuerza con amabilidad. Los hombres no tienen la necesidad de ser ni la mitad de amables.

No creo que las  mujeres sean más amables por naturaleza que los hombres. Es posible que hayan aprendido que la amabilidad tiene sus recompensas y que la ambición cruda a menudo se castiga. Pueden congraciarse con ello porque dicho comportamiento se ve premiado, y una estrategia furtiva da mejores resultados que la franqueza. Pero aunque las mujeres sean abiertas y directas, no siempre se las ve y se las escucha.3997008

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Pensemos en el “humor” de Daniel Samper Ospina

Aquel más inepto es el que se granjea más admiradores, puesto que lo peor siempre es celebrado por la mayoría, dado que la máxima parte de los mortales, según hemos dicho, es esclava de la Estulticia. Por ende, si el más torpe es aquel más satisfecho de sí y el rodeado de mayor admiración, ¿quién preferiría la verdadera sabiduría, que cuesta tanto trabajo adquirir, que vuelve luego más vergonzoso y más tímido y que, en suma, complace a mucha menos gente?

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El trabajo diario y la inspiración

La orgía ya no es la hermana de la inspiración; hemos roto con este pariente adúltero. La exaltación rápida y la debilidad de algunas bellas naturalezas atestiguan contra este odioso prejuicio.

Una alimentación muy nutritiva y regular es la única cosa que necesitan los escritores fecundos. La inspiración es decididamente, la hermana del trabajo diario. Estos dos contrarios no se excluyen más que los restantes contrarios que constituyen la naturaleza. La inspiración obedece, como el hambre, como la digestión, como el sueño. En el espíritu hay, sin duda, una especie de mecánica celestre, de la cual no es necesario avergonzarse, sino sacar el provecho más glorioso, como los médicos de la mecánica del cuerpo. Si se quiere vivir en una contemplación obstinada de la mañana, el trabajo diario servirá para inspirarlo, como una escritura legible sirve para esclarecer el pensamiento, y como el pensamiento sereno y poderoso sirve para escribir legiblemente; el tiempo de las malas escrituras ha quedado atrás.

Charles Baudelaire

En defensa de la realidad real y la salud mental

Todos los días de mi vida alguien que me conoce bien me sugiere que no use más Twitter, que no le hable más a oídos sordos, que no pierda más mi tiempo en un espacio virtual tan lastimero donde abundan las personas solas, tristes y abandonadas; los que han fracasado en las relaciones humanas cara y cara y en el amor, los feos, los tímidos, los resentidos, los inseguros, los faltos de amor propio, de cariño en la infancia, de afecto no disimulado.

Los envidiosos y odiadores por convicción usan este medio para vomitar toda la ira y frustración que los carcome porque es su única forma de sentir que existen, de que tienen voz y viven con la ilusión de que la suma de muchas personas como ellos dan la impresión de gallardía y hasta de poder; gente que se solaza en su propia podredumbre, en su ignorancia altanera y atrevida, en su grosería sin límites asumida como cualidad y una contundente muestra de carácter y originalidad.

Twitter es la única salida posible que calma a estas pobres almas atormentadas y si no actúan de esa manera estallan, mueren de dolor o salen a hacerle daño a gente real en la realidad real. Twitter es su psicólogo, su muro de los lamentos, su forma de manifestar lo que ha hecho de su ser la suma de frustraciones consecutivas y fracasos contundentes.

¿Que hago yo en Twitter entonces si tengo vida, si me siento querida por la gente en el mundo real real, si me siento orgullosa de la historia de mi vida y si sé que estoy en el peor de los mundo?

Les respondo el 1 de enero de 2019.

 

El sabio absoluto

Por tanto, si les place, gocen de este sabio suyo, ámenle por encima de cualquier rival y convivan con él en la República de Platón o, si lo prefieren, en la región de las ideas, o en los jardines de Tántalo. ¿Habrá quien no huya o se horrorice de tal tipo de hombre, como de un monstruo o un espectro que se ha querido ensordecer a todas las sensaciones de la naturaleza, que carece de pasiones y no se conmueve por el amor ni por las misericordias más “que si duro pedernal fuese o de mármol marpesio”; de un hombre de quien nada escapa, que nunca yerra, sino que, como Linceo, todo lo descubre, que nada deja de juzgar escrupulosamente y nada ignora; que sólo está contento de sí mismo y se tiene por el único opulento, el único sano, el único rey, el único libre y, en suma, el único en todo, aunque ello no acontezca sino en su opinión; que no se entretiene con amigo alguno, porque no sabe lo que es un amigo; que no vacila en echar a rodar a los dioses, y que todo cuanto ve efectuarse en la vida lo condena o lo ríe como si fuese una locura? Tal  es la especie de animal considerado sabio absoluto.

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La calamidad de la oscuridad

He querido de esta manera imitar a algunos de los retóricos de nuestro tiempo que se tienen por unos dioses en cuanto lucen dos lenguas, como la sanguijuela, y creen ejecutar una acción preclara al intercalar en sus discursos latinos, a modo de mosaico, algunas palabritas griegas, aunque no vengan a cuento. Si les faltan palabras de lenguas extranjeras, arrancan de podridos pergaminos cuatro o cinco palabras anticuadas con las cuales derraman las tinieblas sobre el lector, de suerte que los que las entiendan se complazcan más con ellas, y los que no, se admiren tanto más cuanto menos se enteren. Efectivamente, mi gente se complace más en una cosa a medida que de más lejos viene. Y si en ella los hay que sean un poco más ambiciosos, ríanse, aplaudan y, según el ejemplo de los asnos, muevan las orejas a fin de que parezca a los demás que lo comprenden todo.

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