Las manos

Nunca me había fijado en unas manos porque no soy de andar mirando manos, lo que me gusta es hablar. Pero un día hablando las vi y pensé que eran las manos más bonitas que había visto en la vida. Le dije y me contó que varias mujeres se habían puesto igual de nerviosas ante esas manos y sentía las miradas de deseo. Uno las ve y se imagina las caricias, me imagino que a todas les pasa pero la mayoría se quedan con la curiosidad intacta. Después supe que las manos hacen juego con la boca, los besos y la pasión y es imposible saber cuál es la estrategia que hace que las mujeres desarrollen esas habilidades infalibles para descubrir un buen amante y les cueste tanto trabajo desintegrar el átomo.

Después me contó que lo suyo no es el amor de pareja sino el autoamor, la estimulación apasionada con él mismo a través de sus manos y yo me lo imagino solo con su soledad y  su corazón apasionado, su alma de poeta con los ojos cerrados entregado al placer solitario y siento que es tan sibarita como yo, aunque yo prefiero comer, dormir, caminar, descansar y ver sufrir al prójimo que complacerme con ese tipo de emociones; en ese terreno prefiero compartir con alegría.

A veces toca la guitarra y canta y me envía los audios y de nuevo me vuelvo a imaginar las manos en ejecución apasionada y alcanzo a sospechar cómo es la intensidad del placer que experimenta con la música y siento que disfruta de la soledad tanto o tal vez un poco más que yo porque es mucho más polifacético. Yo sólo sé digitar.

Esta semana supe que escribe cuentos o ideas fantásticas que se le pasan por la mente y cuando me dijo que escribía los textos a mano y luego los pasaba a la pantalla terminé de convencerme de que esas manos son mágicas y tanta belleza no es gratuita sino que se trata de unas manos que hablan más que los ojos y la boca.

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