Elsy está loca

A lo largo de la historia a las mujeres más brillantes las han tratado de locas, de brujas y de putas y muchas mujeres gigantes han terminado locas, enterradas en el consumo de alcohol o de drogas, en la depresión más lamentable o en la prostitución porque les han repetido tantas veces y de tantas formas que son locas, brujas o putas que ellas terminan creyéndolo y confirmándolo. Son las Fridas y las Virginias que han sufrido las peores presiones en vida y muertas se convierten en Ilustres Pensadoras y Artistas.

Las mujeres son reconocidas como locas cuando dicen algo coherente que debió haber  sido dicho por un hombre porque una mujer que dice algo coherente no puede ser una mujer, tiene que ser una loca.

Son reconocidas como brujas porque confunden a los hombres que se sienten atados y no pueden creer que una pobre mujer pueda ejercer tanto poder; brujas porque pueden llegar a conclusiones de forma muy rápida sin necesidad de pensar la respuesta durante mucho tiempo y como la inteligente es masculina y la intuición es femenina si una mujer se destaca por hacer cálculos sorprendentes o por llegar a conclusiones de forma rápida no puede ser una mujer porque las mujeres no son inteligentes ¡Tiene que ser una bruja!

Putas porque sus cuerpos perturbadores y toda la belleza femenina son la causa de que los pobres hombres caigan en semejante trampa y entonces no se celebra y se respeta la belleza femenina sino que se buscan todos los medios para disfrutar de tanta belleza y como la sexualidad femenina es mucho más compleja que la sexualidad masculina y los hombres saben poco de mujeres llegan a la conclusión de que son putas insaciables, animales que juegan con el deseo de los hombres y los llevan a pecar o a perder la cordura y el control de su mente.

Nunca me han dicho puta pero sí me han dicho bruja y loca, más loca que bruja.

Veamos dos ejemplos de Twitter Colombia, el sitio más nefasto para ver la profundidad de la crisis que vive este pobre país desde su existencia hasta el fin de los tiempos:localoca 2

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Antonio García Ángel posando de perdedor en ferias y fiestas

Mensajes de los lectores:

Aunque pueda ser que discutemos el tonito de su escrito, tiene mucha razón. Yo era devoto de Marío Mendoza en mi adolescencia y ese ídolo de barro se me cayó con “Relato de un Asesino”, que novela tan mal construida. Luego intenté con “Diario del Fin del Mundo” y casi me vomito. Es muy mal escritor. A.G.A. no lo conozco, (osea no lo he leído) pero tuve la oportunidad de asistir a una charla suya el pasado sábado, y no sé. Lo que vi es que tiene una actitud derrotista y una pose de elogio del fracaso que no me gustó. Escuché con especial atención su peripecia para que le publicaran su primera novela “Mi casa es su casa”. En cualquier caso no me dieron ganas de leerlo y no lo haré. Saludos.

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Las tetas de Elsy

En  Twitter los colombianos no se refieren a mí por el nombre propio sino a través de expresiones del tipo La innombrable, No la invoque, No la nombre, Esa señora, Ya tú sabes quién, La loca de los ensayos, La hijueputa esa, La demente y un larguísimo etcétera.

Para referirse a cinco o seis inocentes fotos en brasier como la que verán a continuación y que publiqué entre 2010 y 2016 dicen con énfasis y en todos los tonos de alarma, asco, desconcierto y zozobra como quien nunca hubiera visto en la vida un catálogo de ropa interior: ¡Las tetas de Elsy! Por unas inocentes fotos me vuelven a poner el nombre.

Esa reacción irracional de seres irracionales es un tema que se ha tratado durante los últimos ocho años y en varias ocasiones ha sido Trending Topic. Da para un estudio serio y profundo sobre psicología humana, sobre por qué escandalizan fotos de este tipo en tiempos de internet, de pornografía, desnudez y vulgaridad de todos los estilos y de la forma más escandalosa.

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El odio a la persona hace que se vea desnudez donde no la hay y machismo desbordado al mejor estilo colombiano. La mayoría de las veces los comentarios más violentos son expresado por mujeres, humoristas o por hombres homosexuales.

Veamos el ejemplo de una humorista colombiana:

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En tiempos de pornografía, modelos webcam y desnudez excesiva en todas las redes sociales  escandaliza algo que no debería escandalizar y podemos hacernos la misma pregunta que se hace este usuario:

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También sorprenden este tipo de reacciones:

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Comentarios divertidos:

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Y llamados a practicar la sensatez y el pensamiento racional:

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Cuando Adolfo Zableh predijo el futuro y acertó

Empecemos con Wikipedia:

“En la historia, Voldemort es el enemigo principal de Harry Potter, quien según una profecía, tiene el poder de vencerlo. La comunidad mágica teme tanto a Voldemort que prefiere referirse a él como «Quien-Tú-Sabes», «El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado» o el «Innombrable». Aunque en la primera guerra mágica era diferente (los mortífagos se tocaba la marca oscura) en el séptimo libro se explica que este miedo se debía a que en la época de mayor auge de Voldemort, los mortífagos podían saber al instante la ubicación de quien pronunciara el nombre «Voldemort»”.

En Colombia no me llaman sólo de la forma que llaman a este innombrable sino que también se refieren a mi como “No la invoque”, “No la nombre” “Esa señora”, “Ya tú sabes quién”, “La loca de los ensayos”, “La hijueputa esa”, “La demente”.

Veamos dos ejemplos:

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Ahora veamos La profecía:

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Margarita Rosa de Francisco y La innombrable

Me han acusado de ser profesora de la Universidad Nacional de Colombia, de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad de Stanford

Me han acusado de ofrecer el Premio Nobel de Literatura

Me han acusado de conocer todos los cafés de Chapinero

Me han convertido en personaje de novela

Me han compuesto canciones

Me han compuestos Cantos y Odas

Me han citado como epígrafe en un libro como si estuviera muerta

Me acaban de otorgar el título de Profesora de literatura

Me han terminado de convencer de que soy La Innombrable

De todos los intelectuales y artistas que he estudiado en este blog sólo Margarita Rosa de Francisco ha respondido; los demás guardan silencio cómplice cuando denuncio los plagios recurrentes de Catalina Ruiz-Navarro y los desatinos recurrentes de Carolina Sanín. Me he ocupado de escritoras con amigos y sin talento, roscas de artistas e intelectuales que posan de mamertos y denuncian la corrupción que carcome al país entero pero les gusta quedarse siempre con todo en ferias y fiestas de libro y de la cultura.

Ser La innombrable me gusta mucho, tanto como que se refieran a mí como Esa señora y ¡La Hijueputa Esa!

Con ustedes Margarita Rosa de Francisco reflexionando sobre la importancia de la verdad:

Hace ya casi un año leí una crítica feroz que me hizo una profesora de literatura, a través de Twitter, con respecto a mi rol como columnista. Ella es conocida en esa red por sus letras puntiagudas y capaces de destrozar en unos cuantos párrafos todo aquello que no le simpatiza.

El contenido de su diatriba me afectó bastante; sin embargo, una vez superada la parte que tuvo que ver con mi ego, me llamó la atención su estilo sencillo y preciso. Era uno de esos textos que se leen suavemente, sin más accidentes que el relieve natural de las palabras bien empleadas. Aunque no me gustó lo que decía, disfruté la forma de su discurso; en realidad, me encantó. Cuando se lo hice saber, se sorprendió y se refirió a su artículo como un acto de parresía o el arte de la injuria. Me cautivó aún más aquello de “el arte de la injuria”, no sé si porque el solo hecho de anteceder “el arte de” a cualquier actividad humana le concede a esta un rango de belleza.

Olvidé el asunto hasta que se me atravesó una transcripción de una conferencia sobre el tema dictada por Foucault.

La ‘parresía’ es un término griego que significa decir veraz, también se refiere al compromiso que tiene el sujeto con su decir. No tiene la parresía el que, porque sí, hiere a otro con sus palabras, sino quien ejerce también el arte de la ocasión para comunicarlas con total serenidad y franqueza. Más tarde, su significado empezó a asociarse con el insulto, tal vez porque en muchos casos decir lo que llanamente se piensa demanda valentía y asumir el riesgo de que la expresión sin filtros de ese pensamiento sea recibido como una ofensa. La profesora no me insultó, se limitó a escribir lo que opinaba con una crudeza que supo llevar a un apreciable nivel estético. 

Foucault analiza la parresía desde muchos ángulos, entre ellos su historia como instrumento de la política cuyo interés se concentra en “el alma del príncipe”. El gobernante precisaría de alguien confiable que, lejos de adularlo, le dijera al oído su verdad sin retórica ni contemplaciones (como hizo la profesora) y, a su vez, tener la correa para aguantarla como parte de una práctica ética.

El valor de lo bello en la parresía se jugaría entre dos interactuantes y radicaría en esa danza recíproca del decir libre y el escuchar, por qué no, con la misma audacia y coraje. Eso define el carácter parrésico; una posible y exótica virtud.

https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/margarita-rosa-de-francisco/parresia-el-arte-de-injuriar-267720