De 10 a 4

Ante la impotencia de la  página en blanco me acaban de dar dos consejos para que regrese la musa:

¡Oblígate a escribir!

Funciona masturbarse, una ducha y luego ¡Manos a la obra!

Mucho mejor si es de diez de la noche a cuatro de la mañana.

A mí me ha funcionado siempre

¡Ay! ¡No!

Ese no es mi método, dije yo un poco turbada

Me gusta escribir de forma natural, sin presiones, sin compromisos, sin que se trate de un encargo o de demostrarle al mundo que soy poeta, intelectual, pensadora, columnista, analista…

Escribir por escribir, eso es lo que me gusta

Que los dedos vuelen sin saber a dónde van,

Sin cálculo ni premeditación.

Las ideas aparecen caminando y sólo escribo de día aunque hoy hago una excepción porque apenas hace veinte minutos me dieron los consejos y van a ser la diez de la noche.

¡Sí puedo escribir de noche y no precisamente después de caminar, pero la idea de darme amor, tomar una ducha y luego saltar al teclado es una experiencia muy espectacular para alguien como yo!

Machismo colombiano y el odio a la mujer. El caso María Antonia García de la Torre

Martín Elías Díaz (hijo de Diomedes Díaz) murió el 15 de abril. Hoy es 20 de abril y continúan los insultos a @caidadelatorre porque publicó una serie de tuits que indignaron al país entero: a los admiradores del cantante, a los admiradores del padre del cantante,  a los cristianos, a los uribistas,  a la gente de la costa que valora de forma apasionada la música y la cultura vallenata, a tuiteros de todos los tipos sin distinción de clase, nivel intelectual, raza ni género, a millones de seres humanos que encontraron desde ese día a la persona perfecta para descargar toda su ira y frustración porque María Antonia no es humilde, porque es terca, porque bloquea, porque es arrogante, porque siendo bonita no es una mujer sencilla, porque presume con su formación académica, porque calladita se ve más bonita, porque no tiene que ser tan emocional, porque defiende a las víctimas, porque denuncia el paramilitarismo, porque no ve en Uribe al Salvador de Colombia, porque debe aprender a ser suave y a reconocer que se equivocó.

Cometió un error y a pesar de que lo admitió y  ofreció disculpas en Twitter y a través de entrevistas en Blu Radio y en W Radio, sigue siendo insultada y amenazada como si se tratara de la persona que ha cometido los peores delitos en la historia de Colombia.

Los tuits de María Antonia molestaron mucho porque la muerte del hijo -que nada tiene que ver con el comportamiento reprochable del padre- nos vino a recordar el maltrato a la mujer, el machismo, el feminicidio y la forma como un país entero -hombres y mujeres- le dan toda la relevancia a las cualidades artísticas de Diomedes Díaz y olvidan la forma en que fue asesinada y estigmatizada Doris Adriana Niño.

Llama la atención que ninguna de las feministas colombianas se haya solidarizado con @caidadelatorre; algunas la han atacado sin piedad y otras la han ignorado, pero todas ellas deben saber que a pesar de que no les resulte simpática o se hayan sentido despreciadas por ella (pienso especialmente en Carolina Sanín y en Catalina Ruiz-Navarro) el hecho nos debe llamar la atención porque el ataque incluye calumnias gravísimas, intimidación, matoneo excesivo y amenazas de muerte. Ninguna falta de cariño, ningún resentimiento, ninguna mala actitud de parte de ella da para que ignoren un hecho tan lamentable y para que sigan atacándola o ignorándola sin ningún tipo de consideración.

María Antonia escribió ayer el texto titulado “Un vallenato sobre la violencia machista en Colombia”, voy a citar las frases más impactantes y espero que los lectores reflexionen un poco sobre su propio comportamiento como hombres y como mujeres. Espero que se pregunten si la terquedad para no admitir a tiempo que los tuits fueron hirientes y desconsiderados son motivo suficiente para callarla de una vez por todas y para siempre, para seguir insultándola y amenazándola con un futuro negro:

Pasaron meses después del crimen antes de que, tras una exhumación, su hermano reconociera el cadáver descompuesto y la joven fuera trasladada a un cementerio en Soacha, zona pobre al sur de Bogotá donde vivía su familia.

En el caso de Niño, ha prevalecido la noción machista de que la muchacha se merecía su grotesca muerte, por fiestera, por beber, por no ser obediente, sometiéndola a una doble victimización.

Niño es un símbolo de los feminicidios que todos los años enlutan a las familias colombianas ante la indiferencia de los medios y la sociedad. Los colombianos debemos preguntarnos por qué permaneció intacta la reputación y fama de Diomedes Díaz —también conocido como el Cacique de la Junta— mientras el nombre de su víctima fue olvidado, y hasta qué punto nuestro silencio es cómplice.

La desaparición de la chica de la memoria colectiva no es una excepción. Los medios omiten de forma sistemática los feminicidios a pesar de que los casos se cuentan por cientos al año. Según la Universidad de la Sabana, en los dos últimos años más de 49.000 mujeres fueron víctimas de violencia doméstica y el año pasado se registraron 122 feminicidios, un 20 por ciento más que en 2015.

Durante su estadía en la cárcel eran comunes las manifestaciones de sus seguidores, quienes exigían su liberación a pesar de haberse comprobado su participación en el asesinato. Parecía un exabrupto aceptar una pena de cárcel por su comportamiento, algo no tan inexplicable. Seamos claros: no es una conducta inexplicable en el contexto de la atávica sociedad patriarcal del Caribe que permite prácticas como la poligamia y subyuga a la mujer a la voluntad del hombre so pena de recibir maltratos y, en casos como el de Niño, incluso de perder la vida.

Durante los últimos meses ha habido un tímido repunte en las denuncias periodísticas sobre la violencia de género proyectada en ataques de ácido y abuso sexual, entre otras situaciones, pero pierden relevancia muy pronto o quedan opacadas por la fama de sus victimarios. Esa falta de cobertura invisibiliza a las víctimas y aumenta su vulnerabilidad.

Los nuevos aires de paz que se respiran en el país son ideales para fortalecer la conciencia de la población sobre los feminicidios. La denuncia pública en los medios pone el debate sobre la mesa y genera una mayor fiscalización, no solo de los victimarios sino del mejoramiento e implementación de las leyes.

Estamos en el momento correcto para impulsar una revolución que mueva esos cimientos culturales anquilosados que tanto daño le hacen a la mujer. Se debe empezar a informar de forma completa a la opinión pública, presentando una imagen real de las personalidades que, mal que bien, son un modelo a seguir, como Diomedes Díaz.

También es clave endurecer la sanción social y judicial para los hombres —famosos o no— que agredan a su pareja. La transformación debe darse a través del diálogo y el respeto, para reducir de forma radical los feminicidios y la opresión de la mujer en todas sus formas.

https://www.nytimes.com/es/2017/04/19/un-vallenato-sobre-la-violencia-machista-en-colombia/?smid=tw-espanol&smtyp=cur

LF444YSY

La escritura y la vida

Soy un ser humano excepcional, el tipo de persona que se hace admirar por la calma, la dulzura, la bondad, la honestidad, la sonrisa franca y el trato amable. No soy amiga de muchas personas pero si decido ser amiga de alguien le ofrezco todo lo que soy sin cálculo ni premeditación y sin disimulo, sin dobles intenciones, sin intereses mezquinos ni juegos ocultos. Soy transparente como el agua. Esa entrega no se la he ofrecido a más de diez personas a lo largo de la vida porque soy persona de pocos amigos; casi nunca tengo más de dos en simultánea y una amistad empieza a serlo después de cuatro o cinco años de buen trato y absoluta confianza.

Las amistades forman parte de la vida y la escritura es otra cosa, es artificio. Esa separación no es fácil de entender y varias veces mis amigos me han dicho a gritos, llorando, temblando de ira y con las peores palabras que siendo la persona que soy no tendría por qué escribir lo que escribo, escribir sobre lo que escribo y usar las palabras que uso porque entonces no soy la que soy sino otra; se preguntan si represento un papel para ellos y si en realidad soy una especie de bruja resentida, sola y frustrada que detrás de un teclado y en la absoluta impunidad se otorga el derecho de insultar con las peores palabras a personas inocentes que exponen su vida en las redes sociales. Se preguntan si estoy enferma y necesito ayuda y me suplican que conozca gente de verdad, que no lea tantos libros y no escriba tantas estupideces y piense seriamente en un tratamiento con un especialista de la mente bien calificado porque mi problema es complejo y de difícil manejo. Yo oigo entre asombrada y confundida porque siempre se repite la misma historia y todavía no entiendo por qué, qué es lo que la desencadena. Hay algo en mí que desconcierta y descompone a la gente que me quiere y algunos han decidido prescindir de mí sin previo aviso y sin ninguna explicación ni reclamo final.

He perdido varios buenos amigos por algo que he escrito, he espantado a varias personas que se han maravillado con la dulzura de mi ser y cuando he compartido con ellas algún texto que me gusta mucho me preguntan por qué soy tan despiadada y huyen despavoridos como si se encontraran ante el mal hecho carne y entonces me pregunto si el poder de la palabra es más contundente que la dulzura de mi ser y termino concluyendo que sí: una simple palabra detrás de la otra es capaz de producir terror, es mucho más potente y poderosa que la persona de carne y hueso confiada y tranquila que jamás ha atentado contra la integridad de otro ser humano de otra forma que no sea dando una apreciación objetiva y desapasionada sobre lo que otra persona ha manifestado en público esperando el aplauso efusivo de la manada.

martes

Porno vía WhatsApp

El amor y el sexo son bienes escasos en estos tiempos confusos en los que se impone la desconfianza y, sin embargo, la gente quiere sexo y busca amor. Hombres y mujeres comparten acaloradas conversaciones en las que se manifiestan sus más secretos deseos y en el momento menos pensado se deshacen de la ropa y envían fotos y videos que luego compartirán entre risas con sus contactos más queridos.

Aunque tengamos pornografía convencional gratuita el morbo de ver gente real exhibiéndose nunca es algo que se desprecie porque el ojo es insaciable y el cuerpo femenino será siempre el objeto del deseo, no sólo porque formamos parte de una sociedad heteropatriarcal y opresora sino porque el cuerpo de la mujer es mucho más atractivo que el cuerpo masculino, tiene muchos más matices y despierta más deseos.

Una mujer inteligente JAMÁS, bajo ninguna circunstancia, debe tomarse fotos y grabar videos para compartir con su novio, esposo, amante, mejor amigo o conquista ocasional por más enamorada o entusiasmada que esté por una sencilla razón: el amor y el entusiasmo pasan y en cambio las fotos y los videos se conservan intactos y se pueden compartir hasta el infinito.

Sola contra todos

Soy una guerrera invencible

Y nunca he tocado a nadie

Todas las guerras han sido verbales

Y todas las he ganado, claro.

Siempre hablo en tono suave porque el que grita pierde y el que escupe molesta a su interlocutor

Parece increíble pero la gran parte de mis cruentas batallas han sido contra cientos de imbéciles que atacan en manada y de forma sorpresiva, con trampas y mentiras que engañan al incauto, al bobo y al confiado.

Los he vencido siempre a todos moviendo los deditos sobre el teclado (risas grabadas).

La manada por manada no es fuerte porque la suma de imbéciles es una simple ilusión. La manada iracunda es suma de miedo concentrado y una simple mujer sentada en una silla, una señora que camina tranquila por ahí sin molestar a nadie y sin presumir de nada, puede inspirar más terror que un grupo de idiotas en una tertulia posando de intelectuales.

La primera batalla fue con padres y hermanos, quisieron imponer su autoridad y perdieron porque desde los 9 hago exactamente lo que me da la gana.

La segunda batalla fue con mis profesores y perdieron también puesto que yo escribo mejor que todos ellos juntos.

La tercera batalla fue con los vecinos, nunca los saludo porque no me da la gana.

La cuarta batalla fue con los colombianos, a pesar de sus amenazas de muerte, de ataque con ácido y de todas las bajezas que no quiero volver a enumerar aquí deben estar preparados para el ladrillazo que les va a caer en la cabeza hueca porque voy a escribir un libro portentoso divido en tres grandes partes:

  1. Censura en Colombia
  2. Las mujeres y el marketing
  3. Heteropatriarcado

En la tercera parte me ocuparé de este trío de payasos.

  1. Ricardo Silva Romero
  2. Andrés Hoyos
  3. Daniel Samper Ospina

¡Tiemblen!

yo