Drama amoroso

Finalmente el rompecabezas se completó, me di cuenta de que él sufre porque no puede enfrentar el amor que siente por usted, por eso trata de destruirla.

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Fuerza y sensibilidad

A punto de llegar a la tercera edad pensaba que lo había experimentado todo en asuntos relacionados con artes amatorias y como somos los eternos inexpertos aunque creamos lo contrario me he visto sumergida en una linda experiencia que narraré a continuación y espero no caer en la vulgaridad, no quiero ser tomada por una lasciva poeta colombiana.

Se trata de un joven encantador (bien sabe usted que no puedo encontrar encanto alguno en hombres menores de 35 años), una mezcla explosiva de inteligencia, erudición, sensibilidad, gracia, excelente sentido del humor y buenos amigos.

Podemos pasar entre ocho y diez horas muertos de la risa y el beso de las buenas noches se convierte en un dulce abrazo que -como lo indica el título del post- es una mezcla de fuerza y sensibilidad.

Es una experiencia intensa a nivel corporal que me hace sentir como si estuviera de nuevo en el nivel amateur, me siento torpe e indecisa, no sé cómo proceder en algunos momentos límite (yo, que me tomaba por maestra).

Pero también es una especie de liturgia en la que la mezcla de  cariño compartido se convierte en energía cósmica y semejante experiencia hace que vuele como no me han hecho volar las hadas, los duendes, los árboles ni las monjas bilocadas.

Es una fiesta de la carne pero lo que se impone es el espíritu.

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Mendicidad amorosa

Uno de los rasgos más sorprendentes en la vida de los grandes poetas es la mendicidad amorosa, la necesidad de apasionarse de forma desmedida por otro ser humano que no tiene que ser necesariamente otro poeta o artista sino una persona común, hasta ponerla en la categoría de un dios, un ser inalcanzable y amado en demasía, un humano que causa sufrimiento porque no se deja atrapar o porque no ama con la misma intensidad que aquel que se siente tocado por la musa si es que la musa existió en algún momento.

El artista sufre porque su objeto amoroso es esquivo o parece que se escapa, porque se asusta ante una pasión tan desmedida y empieza a sospechar que ahí hay locura o simplemente porque no comprende la naturaleza de la intensidad del sentimiento que parece convertirse en centro y sentido de la vida del artista y que casi siempre termina convertido en obra o enriqueciendo la biografía de esas personas que nos causan tanta curiosidad, los artistas y los filósofos: van Gogh, Burroughs, Flaubert, Baudelaire, Beethoven, Stendhal, Nietzsche, Rousseau… para nombrar sólo los casos más representativos de mendicidad amorosa, una experiencia repelida por la gente común que sólo pasa por la vida para comer, dormir, ver televisión, reproducirse, trabajar y despilfarrar la vida en los centros comerciales tomados de la mano de un ser no más inteligente y original que ellos.

Entre más sufrimiento y humillación experimenta el poeta más admiración sentimos  porque lo vemos como un ser humano sensible y desinteresado que pierde el tiempo en algo que la naturaleza ha convertido en un simple pretexto para la reproducción. Los grandes mendigos del amor no tuvieron hijos porque no los desearon, no estaban enamorados de la especie sino de otro ser humano al que a veces le conceden la categoría de dios o semidiós.

El poeta no busca ser amado sino amar, eso es lo que le da vida a su vida y no se conforma con alguien que lo ame para compartir la felicidad en un castillo y ser felices para siempre sino que la felicidad parece estar hecha de sufrimiento, ausencia e incertidumbre. Es lo más parecido al amor místico y al amor cortés.

Algunos amores se aprecian desde la distancia. Es un hombre que contempla a una mujer casada, mayor o de otro rango social y en muchas ocasiones la señora ni siquiera se entera de que el poeta la ve, sufre, llora y se lamenta por ese amor imposible. El enamorado escribe poemas, novelas y canciones inspiradas en su dama. Dante es el poeta de ese tipo de amor pero Flaubert no se queda atrás y las páginas más bellas de sus libros y sus cartas parten de ahí, de la frustración ante el amor esquivo, que no era precisamente Louise Colet.

Podría escribir cien páginas sobre los hombres apasionados que se han humillado como perros por mujeres que no “valían la pena”, por prostitutas, mendigas, mulatas, suicidas, dementes… pero lo que me llama la atención es pensar cuando este sentimiento es vivido por una mujer. Los casos más emblemáticos son Emily Dickinson -enamorada de un profesor que la toma por loca- y Amy Winehouse, enamorada de un ladrón que está enamorado de otra, que la mete en el mundo de las drogas duras y que se ríe un poco de ella, de ese amor de santa que nadie podía entender cuando estaba viva y que es lo que la pone a cantar de esta manera.

Ese hombre insensible y burlón casi siempre está mezclado con el público -como en este video- o esperándola detrás del escenario. Y ella le canta, lo adora en público sin ningún tipo de vergüenza, sin pudor. Ese hombre insignificante saca lo mejor de esta mujer cuando se sienta a escribir, cuando hace las canciones y cuando se presenta en público. Ella no le canta a sus fans, ella le canta a Su amor sin ningún tipo de disimulo, con su pasión desnuda

El profesor tonto de literatura no entendió nunca a Emily Dickinson. Siempre la tomó por una loca y se burló de ella con su esposa.

A continuación algunos apartes de las cartas de la poeta más grande de Estados Unidos enviadas a un hombre al que apenas vio una o dos veces y con el que era tímida como una niña en presencia suya:

El Hoy hace que el Ayer signifique.

Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal. Deudores en nuestra conversación de la actitud y del acento, parece que hay un poder espectral en el pensamiento que camina solo – me gustaría agradecerle su gran amabilidad, pero nunca intenté levantar palabras que no puedo sostener.

Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.

Las mujeres hablan, los hombres callan; ésa es la razón por la que me dan pavor las mujeres.

Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Ésta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?

Cómo vive la mayoría de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven, cómo sacan fuerza para vestirse por las mañanas.

La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.

El éxtasis lo encuentro en el vivir, la mera sensación de estar vivo es suficiente gozo.

La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.

De la poeta dice el profesor:

Ella era un ser demasiado enigmático como para que yo lo resolviese en una entrevista de una hora; y el instinto me decía que el más mínimo intento de examen directo la haría replegarse a su concha; sólo podía estar quieto y observar, como hace uno en los bosques; tenía que identificar el pájaro sin usar la escopeta, como recomendaba Emerson.

¿Por qué le gusto a las mujeres?

Desde 1985 me han ofrecido drogas y he tenido pretendientes, casi siempre más mujeres que hombres y siempre le he dicho no a las drogas y  no a las mujeres.

El discurso sobre el consumo de drogas me interesa mucho, siempre he leído sobre drogas y casi todos mis amigos han sido exploradores de mundos y de sensaciones antes de ser amigos míos o durante nuestra amistad. He tenido varios amigos muy marihuaneros pero también he conocido gente muy experimentada con el basuco y con la heroína y no he conocido a nadie que este muy cerca de la cocaína, del opio fumado o del pegante; han probado esas drogas pero se quedan casi siempre con la marihuana o con el alcohol. La gente que ha tenido experiencias profundas con los hongos o con la ayahuasca parece haber vivido viajes reveladores pero no he sido gran amiga de un consumidor de ayahuasca. Esta semana me dijeron: los pensadores y los adictos llegan a las mismas conclusiones y esa es la razón por la cual tantas personas que consumen drogas se acercan a usted.

Sobre las mujeres el tema es un poco más perturbador porque la pregunta es simple: ¿Por qué le gusto a las mujeres y por qué me resulta más sexy el tema de las drogas que el tema de las mujeres si me han hecho mejores propuestas con mujeres que con drogas?

Las mujeres  siempre han sido encantadoras conmigo y a lo largo de mi vida he sido sorprendida con efusivas declaraciones de amor, besos robados que yo he perdonado siempre porque han sido en ambiente de fiesta, frases del tipo por qué pones ese muro que es imposible derribar y desde hace menos de una semana la mujer más sorprendente que haya podido imaginar a través de una relación virtual.

Ella me lee desde hace unos tres o cuatro años en Twitter y en el blog, le gusta como escribo, le gusta mi rigurosidad intelectual, le gustan mis chistes, mi forma de vivir y también me ve como una especie de monja; ella pensaba que la monja no tenía relaciones carnales con los hombres y cuando supo que sí la admiración se le convirtió en deseo y el deseo en amor. Hemos conversado en privado durante unas ocho horas en tres días y me sorprende la creatividad y la dulzura que tienen las mujeres para conquistar, todas las estrategias que existen para enamorar a una mujer. Ella no es lesbiana y yo tampoco pero dice que me ama y me desea y se imagina todo lo que podemos llegar a hacer las dos, me describe las formas de dar y recibir placer entre mujeres y entonces me acuerdo de otra amiga que también estaba enamorada y me decía: Elsy, cuando pruebas mujer no puedes volver atrás.

¿Tan bueno es?

No me ames, te lo ruego

Nunca antes en la vida había estado tan preocupada como lo estoy ahora porque lo que más amo por sobre todas las cosas y por lo que más he luchado a lo largo de mi vida es por algo que casi todos sueñan pero casi nadie tiene: libertad.

Para mí libertad es caminar tranquilamente sola y en silencio mirando flores, perros y gatos, árboles, edificios, gente que no conozco y que no aspiro a conocer porque nunca he estado interesada en conocer a mucha gente. Soy animal de compañía y no de tropa, nunca tengo más de dos amigos y mis amistades suelen ser larguísimas, empiezo a considerar que una persona es amiga mía después de cinco años de trato.

Estoy preocupada porque en los últimos tres días he recibido más elogios de los esperados, declaraciones de amor, deseo, admiración, personas que me dicen que se ponen nerviosas de sólo pensar que están hablando conmigo -por escrito-, mujeres que desean ser hombres para brindarme el placer que merezco, hombres confundidos porque sus novias sienten que están enamorados de mí y ellas en vez de sentir celos se sienten un poco orgullosas porque el novio tiene muy buen gusto, gente emotiva que me da ánimo -porque soy un referente- para que siga desenmascarando a gente como Catalina Ruiz-Navarro -adorada y defendida por los hipsters (ojalá yo supiera qué es ser hipster). Más de cinco declaraciones efusivas en menos de tres días.

Si estás leyendo este post y me admiras, me amas, crees que soy un referente y debo seguir escupiendo veneno aquí y en Twitter el mejor regalo que me puedes hacer para que siga siendo yo es no asfixiarme con tus halagos porque aunque me gustan y me hacen sentir bien también me hacen sentir en una especie de compromiso contigo y no estoy dispuesta a ser amiga de mis admiradores porque aunque escribo para que me amen más no quiero sentirme asediada nunca y esta semana me he sentido un poco así.

Una bella historia de amor

– ¿La vas a embolatá?

-Ajá mami, a veces hay que explicar los chistes, cada quien lee desde su capacidad cerebral y su contexto.

 

Susana y José se conocieron como se conoce casi toda la gente: por casualidad.

Se miraron a los ojos de forma distraída y en ese instante supieron de una vez y para siempre (especialmente Susana) que su amor sería como en las telenovelas de la tarde, que sólo la muerte podrá llegar a separarlos aunque vivan a más de mil kilómetros de distancia y ella diga todo el tiempo que odia a los humanos, es asexual y sólo quiere ser su amiga.

Susana es lo que llamamos en Colombia con desparpajo una completa calienta huevos. No le da ni siquiera un beso aunque duerma en la misma cama con él y le respire en la nuca. Vino en diciembre pasado y eso hizo la muy villana durante una semana y el pobre José recurrió a lo divino y lo humano para ser todo un caballero con esta extraña dama a la que no le gusta el sexo pero le gusta dormir con hombres en la misma cama y hacerles cosquillas con los dedos de los pies.

José superó la prueba para no parecer machista, desconsiderado, hijo del heteropatriarcado, hombre elemental, simio lujurioso… y cuando Susana decidió regresar a su tierra  -estando ya en el aeropuerto-  le dio un beso en la boca y se fue.

Y a José sólo le quedó decir:

“Ay, mi corazoncito, qué es lo que quiere esta mujer, por qué juega así conmigo!”.

Está lejos, no quiere novio y no vive con él pero todo el tiempo está ahí en WhatsApp y en Instagram diciendo tú eres mi mejor amigo, me gustaría vivir contigo, me gustaría parchar contigo, probablemente me vaya a vivir a Bogotá, me dejarías vivir en tu casa, pero como amigos, sin sexo, podemos dormir en la misma cama, te puedo soplar la nuca pero anda, no seas machista, aunque esté desnuda en la cama contigo y te haga cosquillas con los dedos de los pies el sexo no me interesa, no seas machista, no pienses lo que no es.

¡Odio a los humanos!

Ella tiene la sartén por el mango porque desde el comienzo ha representado a la perfección el papel de mujer desvalida, triste y solitaria, un poco artista, un poco ida, un poco como Remedios la bella.  Juan es un hombre de naturaleza buena, un hombre que sabe ser compasivo y dulce, un poco heroico con las mujeres (porque también es bastante machista, como Susana).

José y Susana, Susana y José, son como anillo al dedo, el matrimonio no consumado, la pareja ideal, el sentimiento hecho carne, el perfecto idilio de amor al mejor estilo de las telenovelas que no he visto pero en las que sospecho lloran bastante.

Ella necesita un buen hombre que la comprenda y la salve, que le aguante todos los caprichos y juegos tontos y él estará siempre ahí soportando los caprichos y juegos tontos planteados por la princesa.

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Nos separó la guisa

Andrés es un poco cruel.

Acaba de decir: a nosotros nos separó la risa y a ustedes los separó la guisa

¡Sí!

Todavía hablo con Andrés que en realidad es Juan Andrés

Con Juan -con el otro Juan- se acabó la bonita historia porque a la exnovia posesiva y asfixiante -que vive en otra ciudad desde hace varios años (pero nos tiene vigilados en Twitter y en Instagram desde cuando se enteró de mi triste existencia) le dio por encararme en público, me quiso armar bonche en Twitter, como diciendo Este hombre es mío.

Así no se puede

Decencia ante todo

Sentido de la estética

Eso es lo mínimo que nos debe caracterizar como seres humanos.

El amor pasa

Los buenos modales no se olvidan nunca.

¿Estamos?