El trabajo diario y la inspiración

La orgía ya no es la hermana de la inspiración; hemos roto con este pariente adúltero. La exaltación rápida y la debilidad de algunas bellas naturalezas atestiguan contra este odioso prejuicio.

Una alimentación muy nutritiva y regular es la única cosa que necesitan los escritores fecundos. La inspiración es decididamente, la hermana del trabajo diario. Estos dos contrarios no se excluyen más que los restantes contrarios que constituyen la naturaleza. La inspiración obedece, como el hambre, como la digestión, como el sueño. En el espíritu hay, sin duda, una especie de mecánica celestre, de la cual no es necesario avergonzarse, sino sacar el provecho más glorioso, como los médicos de la mecánica del cuerpo. Si se quiere vivir en una contemplación obstinada de la mañana, el trabajo diario servirá para inspirarlo, como una escritura legible sirve para esclarecer el pensamiento, y como el pensamiento sereno y poderoso sirve para escribir legiblemente; el tiempo de las malas escrituras ha quedado atrás.

Charles Baudelaire

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Mienten las mentiras

Me predijo, desde el inicio, uno de mis grandes amigos, gran poeta. Todos mis infortunios, en efecto, le han dado la razón hasta el presente. Sin embargo, poseo uno de esos felices caracteres que extraen placer del rencor y que se glorifican en el desprecio. Mi gusto apasionadamente diabólico por la estupidez, me ha hecho encontrar muy particulares placeres en los disfrutes de la calumnia. Casto como el papel, como el agua sobrio, volcado a la devoción como un comulgante, inofensivo tal víctima, no me disgustaría pasar por un libertino, un borracho, un impío o un asesino.

Charles Baudelaire, Proyecto de Prefacio para Las flores del mal

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Hay una amable filosofía

Hay una amable filosofía que consiste en encontrar consuelo aun en los objetos más indignos en apariencia. Del mismo modo que la virtud es superior a la inocencia, y que mayor mérito hay en sembrar en un desierto que en saquear indolentemente un vergel repleto de frutos, es verdaderamente digno de un alma selecta purificarse y purificar al otro por su contacto. Como no hay traición que no pueda perdonarse, ni existe tampoco pecado que no pueda absolverse, ni olvido imposible de conseguir; hay una ciencia del amor al prójimo y de hallarlo amable, como hay una forma de saber vivir. Cuanto más delicado es un espíritu, tanto más descubre bellezas originales; cuanto más tierno y abierto a la esperanza, más capacitado está para encontrar en el otro, por ruines que sean, motivos de amor; ésta es la obra de la caridad, y se ha visto a más de una viajera, desolada y extraviada en los áridos desiertos de la ilusión, reconquistar la fe y apasionarse más intensamente por lo que había perdido, con tanta más razón cuanto que posee ahora la ciencia de dirigir su pasión y la del ser amado.

Samuel Cramer, dirigiéndose a la señora Cosmelly, en La Fanfarlo, de Charles Baudelaire. Barcelona: Montesinos. 1989. página 33.

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Mi poema favorito de Charles Baudelaire

El Heotontimorumenos

Yo te golpearé sin cólera
Y sin odio, como un leñador,
¡Como Moisés la roca!
Y haré de tus párpados,

Para abrevar mi Sahara,
Brotar las aguas del sufrimiento.
Mi deseo preñado de esperanza
Sobre tus lágrimas saladas flotará

Como un navío que zarpa,
Y en mi corazón que embriagarán
¡Tus queridos sollozos resonarán
Como un tambor que bate a la carga!

¿No soy yo un falso acorde
En la divina sinfonía,
Gracias a la voraz Ironía
Que me sacude y me muerde?

¡Ella está en mi garganta, la grita!
¡Es toda mi sangre, este veneno negro!
¡Yo soy el siniestro espejo
Donde la furia se contempla!

¡Yo soy la herida y el cuchillo!
¡Yo soy la bofetada y la mejilla!
¡Yo soy los miembros y la rueda,
Y la víctima y el verdugo!

Yo soy de mi corazón el vampiro,
—Uno de esos grandes abandonados
A la risa eterna condenados,
¡Y que no pueden más sonreír!

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El vino del asesino

Mi primer contacto con el alcohol fue hace casi cuarenta años, de la forma más inocente, sin restricciones de ningún tipo y en plan familiar. En mi casa tenemos el gen del borracho y lo hemos administrado muy bien, no he asistido al grupo de Alcohólicos Anónimos y nunca se me ha pasado por la mente asistir porque desde que tengo uso de razón sé lo que es la templanza porque leí en la infancia a Plotino y a Milton y ellos son mis Maestros.

Aunque aspiro a la santidad todos sabemos que en las iglesias se bebe mucho vino. Bebo desde hace mucho tiempo pero no tengo problemas con el alcohol y la meta es no renunciar a este placer mientras tenga vida y el estómago me aguante.

Como me gustaba leer y me gustaba el sabor y la sensación que me producía el alcohol, leí este poema de Baudelaire hace mucho tiempo y quedé tan fascinada como cuando era niña, tenía gato y leía los poemas que este mismo maestro le componía a estas fieras en miniatura para compararlas con las mujeres.

De la colección de los poemas al vino este es mi favorito de todos los tiempos, me lo sé de memoria desde 1979.

Con ustedes: El vino del asesino.

 

¡Ya se murió, por fin, y quedé libre!

Ahora sí me pondré borracho en serio.

Qué manera de romperme los oídos

cada vez que yo volvía sin dinero.

 

Soy tan feliz como si fuera un rey;

el aire es puro, el cielo es admirable…

Y pensar que fue un verano semejante

aquel en que me enamoré de ella.

 

La horrible sed que me destroza,

para calmarla sería necesario

tanto vino como el que cupiera

en su sepulcro – lo cual no es decir poco.

 

Yo la arrojé al fondo de ese pozo,

yo mismo fui tirando sobre ella

todas las piedras que pude encontrar cerca.

Comienza el desafío de olvidarla.

 

En nombre de los tiernos juramentos,

de los que nada puede desligarnos,

y con la excusa de reconciliarnos,

y regresar a aquellos buenos tiempos

 

de la embriaguez primera, le pedí

que viniera a una cita por la noche.

Y ella vino, nomás, la pobre loca.

¡Todos estamos más o menos locos!

 

Ella aún conservaba su belleza

aunque ya un poco ajada. En cuanto a mí

la amaba demasiado: suficiente

razón para decirle: Has de morir.

 

No podrán comprenderme. ¿Ni siquiera

de entre tantos estúpidos borrachos

uno que sueñe en las noches mórbidas

con hacer del vino una mortaja?

 

Toda esa crápula que se cree invencible,

como si fueran máquinas de hierro,

ningún verano y ningún invierno

jamás supo en verdad qué es el amor,

 

con sus encantamientos de negrura,

con su cortejo de gritos de ultratumba,

con su veneno en frascos, con sus lágrimas,

con el chirriar de cadenas y osamentas.

 

Y aquí estoy pues, sin trabas, solitario.

Y por la noche me agarraré una tranca,

ya sin temor y sin remordimientos,

hasta caer en tierra sin remedio,

 

para dormir a pata ancha como un perro.

Y que las ruedas  pesadas de los carros,

cargados como están de piedra y barro

o un tren implacable, lo que sea,

 

revienten mi cabeza de culpable,

o me corten el cuerpo por el medio:

lo mismo me da reírme de ellos,

que de Dios, que del cielo, que del Diablo.

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