El marido de Catalina Ruiz-Navarro defendiendo a la niña

Parece increíble pero es cierto: apareció hasta el marido de Catalina Ruiz-Navarro y tampoco admite que su señora plagió consciente de que estaba incurriendo en un delito. Lo que llama la atención de esta defensa es que recurre a las falacias argumentativas como nadie antes lo había hecho y es gravísimo el hecho si tenemos en cuenta que ella se presenta como feminista latinoamericana, mujer libre, independiente y empoderada.

¿Alguien esperaba que llamara al marido para que intercediera por ella?

¡Yo no!

Estas son las falacias en las que incurre el defensor de la libertad de expresión y a continuación el texto (para que el lector -de forma desapasionada- saque sus propias conclusiones):

Petición de principio

Conclusión inatinente

Falsa relación causal

Falso dilema

Apelación a la piedad y las emociones

Apelación a la ignorancia

Conclusiones e inducciones precipitadas

Apelación al poder

El hombre de paja

Conozco de cerca los efectos que tiene la censura en sus diferentes formas. Desde hace poco más 10 años dedico mi trabajo a documentar los métodos y especialmente los efectos que tiene ese abuso de poder en la vida de periodistas y activistas alrededor del mundo. Así que escribo esto con la experiencia de mi trabajo acuestas pero también con el desasosiego de ver a la persona que amo y con quien comparto mi vida sumergida en una batalla campal en contra de quienes quieren silenciarla.

Desde hace casi un año, un sitio que se jacta de defender la honestidad académica y el pensamiento original, lanzó una campaña evidentemente difamatoria en contra de mi compañera, la periodista y activista feminista Catalina Ruiz-Navarro. Esto como producto de la defensa que hizo en su columna de otra de las víctimas de ese portal. Aunque Catalina ha escrito más de un millar de artículos de opinión (sí, son más de mil) publicados en varios medios, tuvieron que escarbar hasta su tesis de pregrado para que con base en errores de citación pidieran a  la universidad el retiro del título y a cada periódico en donde escribe que le cancelaran sus colaboraciones.

El pedido es absurdo por muchos motivos, entre ellos porque se está desconociendo la autoridad de la universidad que le dio el título y segundo porque se está juzgando su tesis como si la hubiera escrito hoy, bajo los parámetros actuales y sin la inexperiencia de su juventud. Pero es evidente que esto no se trata de su tesis, si fuese así bastaría con su reconocimiento de fallas de citación, algo que ha hecho varias veces de forma pública, y no estarían tratando de deslegitimar todo su trabajo de al menos 10 años como periodista y su activismo como feminista. Este intento por “demostrar” su falta de capacidades no solo es absurdo (porque es evidente que capacidades tiene de sobra), es misoginia pura y dura, esa a la que se enfrentan las mujeres que transgreden por hablar de lo público y por animar a otras mujeres a rebelarse contra el sistema.

Después de meses de acoso sistemático, la campaña logró sumar otras voces, tanto de quienes por una u otra razón comparten los deseos de venganza o porque no están de acuerdo con las opiniones de sus columnas o de plano porque simple y llanamente no les cae bien. Hubo quien con tal de desquitar calenturas añejas no correspondidas hizo suya la denuncia y sometió al medio en el que trabaja como editor a reproducir y magnificar la campaña difamatoria.

La campaña ha sido metódica, incesante y motivada por deseos de venganza. Estar cerca de Catalina me ha permitido también ser testigo de la fortaleza y valentía con la ella se ha conducido.

Cada día que ha pasado, he visto cómo el monstruo de odio enjaulado en el celular de Catalina creció al punto de cobrar vida fuera de este. Pedirle a Catalina que apague el celular a estas alturas resulta ingenuamente cruel. El acoso en línea es real y los efectos son concretos: El agotamiento físico y emocional que se traducen en insomnio y ansiedad desbordada. Son efectos físicos reales, quizás no tan evidentes como el golpe de un puño, pero posiblemente más graves y duraderos para su salud física y mental.

No dudo que entre las olas de odio y acoso existan críticas legítimas, pero estoy seguro de que esas no alcanzan a entender que sus voces se suman a las que pretenden silenciar.  Y es que en un época en donde la conectividad que ofrece internet, resulta inaceptable refugiarse en las concepciones (ultra)liberales e individualistas de la libertad de expresión.

No es la primera vez que Catalina es objeto de este tipo de acoso, seguramente no será la última. Ella continuará opinando, seguirá siendo la voz incómoda que al promover el debate de ideas, terminan fortaleciendo a la sociedad. Eso, al menos, es la esperanza de todos quienes la admiramos y queremos.

Como defensor de la libertad de expresión y la libertad de prensa creo que vale la pena detenernos y pensar para qué queremos la libre expresión o internet. ¿Para construir o para deshumanizar a quienes no comparten nuestras ideas? ¿Para que opinamos: para silenciar o para generar un debate franco y productivo? También es preocupante ver cuán efectiva y barata puede llegar a ser una campaña de desprestigio, especialmente porque son las mujeres y las feministas las que con más frecuencia se enfrentan a este tipo de persecuciones para sacarlas del debate público.

Catalina ha hecho su carrera a pulso, columna tras columna, troleo tras troleo y se ha ganado un espacio en la opinión pública colombiana y latinoamericana gracias a su disciplina y su talento. Por eso sé que ella a pesar de todo, sobrevivirá esta tormenta de crueldad y ridiculez.

Ricardo González

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Bogotá no es sólo caos. Mensaje de un bogotano desde el llano

  1. Bogotá es una ciudad llena de oportunidades, desordenada y todo, pero es la ciudad de los colombianos. Muchos la critican, pero es lo que nos representa y no por eso tiene que ser mala.
    Vivo en el Llano, un lugar muy hermoso. Pero, para todos aquí Bogotá es algo más que caos. Bogotá para los niños es un lugar mágico, su clima, su inmensidad, el trajín de la ciudad es algo muy curioso para aquellos infantes que están acostumbrados a la quietud de un pueblo o mejor aún el campo; para los jóvenes significa oportunidades, el lugar donde están todas las universidades, donde se cree que es el lugar idóneo para empezar tu vida sino se quiere ser más que un campesino reproductor y tomador; para los adultos y viejos la encuentran como un martirio porque ellos, generalmente, no es que gusten de ir pero es el centro de todo, donde se pueden conseguir desde repuestos en general a las atenciones médicas especializadas que sólo se encuentran allí.
    Soy bogotano y empecé a entender la importancia de esta ciudad cuando la dejé, aunque no es algo de extrañar. Todos estos sentimientos claramente son culpa del centralismo bogotano. Es inconcebible pensar que para casi cualquier cosa que se quiera hacer, toque ir hasta la dichosa ciudad. Es verdad, lo que dicen los comentarios “para muchos venir es un fastidio, o para otros es un sueño a alcanzar” pero hay verlo así: Es la misma situación en la que se ven muchos latinoamericanos cuando piensan en Europa. Muchos sentimientos a favor y en contra del viejo continente.
    Sin embargo, hay que admitir que Bogotá es una ciudad muy bella y eso nos hace orgullosos de ésta.

Feminismo dañino y distorsionado

La maestra del plagio Catalina Ruiz-Navarro en su última columna ahora sí tocó fondo en el arte de la estupidez, la superficialidad y el feminismo tonto: no invitaron a las malas escritoras colombianas a París y la niña rebelde que posa de feminista sin saber nada de feminismo llegó a unas conclusiones que harían llorar de vergüenza a un estudiante de literatura de segundo semestre de cualquier universidad del mundo. Con ustedes Cata la feminista hipster y boba a conciencia:

Sobre Remedios la Bella se podría escribir un largo ensayo sobre la mirada predadora masculina y el acoso. Tan machista era Gabo que en su verde vejez tuvo el nervio de escribir las Memorias de mis putas tristes, que además de ser un irrespeto simbólico a su fiel esposa, Mercedes, que literalmente lo mantuvo para que escribiera su gran obra, es una fan fiction de La casa de las bellas durmientes de Kawabata, que cuenta la historia de una suerte de prostíbulo a donde los viejos verdes impotentes van a restregársele a doncellas dormidas, es decir, es un libro sobre violaciones. Estos son los tropos de los escritores latinoamericanos, los del Boom son casi todos asquerosamente machistas, y hasta Neruda en sus memorias confiesa una violación “casual” que el escritor comete cuando ve a la empleada que le arregla el cuarto y “le dan ganas”. Pero el machismo en la literatura no lo vamos a notar hasta que leamos a las mujeres. No puede ser que toda nuestra imaginación esté sólo alimentada por las ficciones que escriben los machos.

Feminismo estúpido

En Colombia ha aumentado de forma desmesurada la cirugía estética. Somos  potencia mundial en convertir a las mujeres en dóciles muñecas de carne que sonríen con dulzura y son amables y sumisas. Una extranjera llega a Medellín y queda con la boca abierta al ver  la idea que tenemos del cuerpo de las mujeres en la tierra de Pablo Escobar. La muñeca de carne -por ser muñeca- no puede tener olores y entonces se educa a las mujeres desde los medios para que sean buenas muñecas sin olores y cuidadosamente decoradas para salir a conquistar el mundo. Toda la publicidad muestra a las mujeres como muñecas dóciles, alegres y apetecibles ante la mirada ajena, especialmente  la mirada de los  hombres, esa es la invitación de nuestros anunciantes.

En Colombia el reguetón se convirtió en el rey y las letras y los videos de los éxitos mundiales muestran a las mismas muñecas del párrafo anterior bailando y disfrutando de la fiesta con el derroche de energía típico de la juventud. La belleza, la docilidad y la pulcritud hacen juego con la sumisión que se espera de las mujeres con estas letras y ritmos pegajosos. Nadie lo puede evitar.

Una vertiente del feminismo colombiano dice que las mujeres nos podemos vestir como nos dé la puta gana y podemos ser autónomas, tomar decisiones sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas y por eso podemos ser prostitutas feministas. Mujeres que trabajan a conciencia en el mercado de la carne con su cuerpo de muñeca, su ropa de muñeca, su baile de muñeca, su limpieza de muñeca y su amor a la plata fácil obtenida en el contexto de la rumba. La prostitución en Colombia está tan disparada como la cirugía estética y el reguetón y el éxtasis adornado con feminismo hacen de la rumba colombiana un espectáculo del que quieren disfrutar propios y ajenos. En Colombia también se disparó el turismo y es bien sabido que se consiguen prostitutas muy baratas en todo el país porque la competencia es fuerte y la mayoría de las mujeres se nivelan a partir del salario mínimo colombiano, el peor en América Latina después del de Perú. Ellas se esmeran por ser hermosas muñecas pero no son conscientes de lo bellas que quedan y no cobran lo que vale la mercancía sino que van muy por debajo del precio justo y todos felices, especialmente los turistas.

En Colombia se disparó la violencia contra la mujer, el embarazo adolescente, el número de violaciones y desapariciones de mujeres. Podríamos desarrollar estos temas también pero no vale la pena porque lo que quiero tratar es el feminismo estúpido, el del acoso sexual que se concentra en hacer ver a las mujeres como inocentes cuando salen con sus cuerpos de muñecas y esperan de los hombres respeto y reverencia como si se hallaran ante una santa de los últimos días y ni una sola palabra sobre sus grandes atributos. La fabricación en serie de mujeres con rasgos de muñeca no es un invento del hombre común sino del marketing y la mujer conoce bien el juego que juega cuando recurre a la cirugía estética y se esfuerza por vaciar el cerebro y rellenar el cuerpo para luego forrarlo con ropa diseñada para muñecas de carne. Es un despropósito total que estas respetables damas pretendan jugar el juego de la provocación y esperen de los hombres respuesta de muñeco de caucho. Vacío de deseo y sin sentimientos.

Nunca como antes en la historia del feminismo se había distorsionado de manera tan vergonzosa un asunto tan serio. Demos gracias a Dios que están muertas Virginia Woolf y Simone de Beauvoir y  sintamos vergüenza cada día de nuestra triste existencia por haber nacido en Colombia: el país de las putas, los traquetos, la violencia, la corrupción, la impunidad, el plagio, la injusticia, el feminismo del puterío y la tontería que tanto dañó le hace y le seguirá haciendo a las mujeres más tontas de esta tierra triste abandonada por Dios. Si Dios existe no debe saber que Colombia existe y ojalá que nunca se entere porque qué vergüenza el dizque feminismo que les dio por practicar aquí.

E4D

Feminismo pop

Gracias al nuevo plagio de Catalina Ruiz-Navarro regresó a mi vida Virginia Mayer para insultar y amenazar sin medida ni decoro. Primero desde Twitter, después desde Publimetro y ahora aparecieron las dos amigas en actitud desafiante en Blu Radio hablando de feminismo pop. No hablaron más de cinco minutos y las conclusiones fueron contundentes: Catalina cree que el feminismo es chévere y Virginia dijo que es chévere ser perra, aunque no ejerza.

Llevaba más de seis meses sin oír radio y aunque me escandalizó el bajo nivel del discurso de las mejores amigas me causó más desazón el programa en general, el nivel tan bajo en que ha caído la radio colombiana. Crecí oyendo radio, era mi gran pasión, la radio colombiana era digna y elegante. Ahora, igual que con el periodismo impreso, parece que está en las peores manos y a pesar de que haya renunciado a oír las voces más desagradables revelando las mentes más obtusas no deja de ser triste que esté muriendo de la peor forma, en las peores manos y con los peores invitados.

Las feministas no hablaron de feminismo y nada dijeron del pop, sospecho que estas imágenes deben encarnar el feminismo pop a la colombiana:

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Carta abierta a Virginia Mayer

Desde hace aproximadamente dos meses salió al descubierto el plagio de su amiga Catalina Ruiz-Navarro en su trabajo de grado en la Universidad Javeriana para ejercer como Filósofa. Un plagio de cuarenta páginas que se puede comprobar en menos de una hora. El descubrimiento no fue mío sino de una persona o personas que no conozco y hasta donde tengo entendido tienen como propósito denunciar la deshonestidad y la mentira en intelectuales colombianos de toda pelambre; tengamos en cuenta que no es la primera vez que la descubren cometiendo este delito tan grave y es de toda la importancia el asunto, más si tenemos en cuenta que es feminista, periodista, mujer empoderada y abanderada de la denuncia y la justicia. Es muy grave que ella sea la maestra del plagio y todo siga igual, como si nada. Ni El Espectador, ni la Javeriana ni ella han pronunciado una sola palabra al respecto.

El interés de esas personas que denunciaron el plagio coincide con mis intereses y la única persona que ha opinado sobre este nuevo descubrimiento es usted; lo que llama la atención es que no le ha respondido a los administradores de la página que denuncia los plagios sino que me ha respondido a mí con agresiones de todo tipo. Primero me insultó con las peores palabras desde su cuenta de Twitter y ahora intenta intimidarme desde su espacio en https://www.publimetro.co/.

Entiendo que usted ame y admire a Catalina Ruiz-Navarro a pesar de que la han descubierto ya en dos plagios comprobados. Usted confunde el aprecio y la amistad hacia ella con el odio, el insulto y el deseo del peor sufrimiento para mí, como si una cosa tuviera que ver con la otra. En vez de pedirle explicaciones a su amiga sobre el delito cometido me convierte a mí en culpable y para acusarme no recurre a lo que escribo en este blog que usted tanto desprecia sino que rebaja usted la injuria, la calumnia, la amenaza a niveles de panfleto de grupo paramilitar. Yo creo que es muy preocupante lo que usted está haciendo en contra mía y aunque diga que no me está amenazando creo que no es una broma ni un juego literario lo que usted está haciendo a costa de mi nombre y exponiéndome a que si no lo hace usted anime a otras personas a agredirme físicamente, a hacerme daño de todas las formas posibles.

Ya sabe usted que mi bandera es la justicia y la honestidad intelectual, desenmascarar a los farsantes, a los grupos de amigos que se aplauden sus pésimas obras, a los que se toman por librepensadores, almas libres, amantes de la libertad de expresión cuando en realidad son algo completamente diferente, gente que representa un papel para parecer seres humanos admirables. ¿Usted ha pensado en las consecuencias que su ejercicio en contra mía arroja en un país como Colombia?: la muerte en la mayoría de los casos. Usted no acusa a Catalina Ruiz-Navarro porque es su amiga, como es amiga de los medios y los intelectuales que la protegen, pero el silencio de esos amigos poderosos no es tan peligroso como sus palabras y sus amenazas.

El director de https://www.publimetro.co/, el influyente y poderoso Alejandro Pino Calad, le abre un espacio en su medio y la felicita por la intimidación, le pregunto por qué le concede tantos privilegios a usted para atacar desde un medio a una sola persona y como era de esperarse él dice que no me conoce, no sabe quién soy yo y no entiende cuál es el problema, se aplica la ley del silencio como si se tratara de una película de la mafia y eso es muy preocupante porque no estamos hablando de coca ni de traquetos sino de periodismo, plagio, feminismo, decencia, honestidad intelectual…

¿No le parece que ese ejercicio que usted y sus amigos están ejecutando en contra mía es la materialización perfecta del abuso de poder en contra mía, una persona que apenas tiene este medio para expresarse, una pobre señora que anda a pie, no tiene escolta y no cree en los procesos judiciales en Colombia porque si no hemos podido comprobar que Alvaro Uribe Vélez está relacionado, por ejemplo, con falsos positivos, no creo que sea fácil llegar a la conclusión de que usted está cometiendo varios delitos en contra mía aunque no mencione mi nombre y aclare después de amenazarme de la forma más intimidante y violenta que no se trata de una amenaza. ¿Cree que por no escribir mi nombre y por afirmar y luego negar queda eximida de los delitos que está cometiendo?