Burlas y chabacanería propias de ese moridero colombiano. Mensajes desde Montreal

Buenas tardes mi amada ensayista. No crea que me he olvidado de usted, he tenido muchísimo trabajo y sentí que era inoportuna contactándola en estos días de tanta turbulencia. No le voy a negar que sentí mucha rabia con usted cuando peleó nuevamente con su amigo. Si las conversaciones habían estado tan amenas en los últimos dos almuerzos qué necesidad había de romper la concordia.

En esos días me ocupé mucho y decidí cerrar mi cuenta a modo de protesta. Luego leí el post de su amigo Juan, lo leí varias veces sin apasionamientos, lo conozco a él por el relato del mono lujurioso y efectivamente él actúa desde la sinceridad y el emputamiento entonces no llegó a ofenderme, debo confesar que me provocó bastante morbo lo de esas 10 noches desenfrenadas de alcohol y mariguana y como usted sabe que la deseo sentí envidia por aquel hombre afortunado que gozó enormemente con usted y pudo maravillarse con los caudales inagotables de placer que usted emana; recordaba nuestras conversaciones del hastío de la verga y los pensamientos lujuriosos me invadieron. Efectivamente, sabía que sufría, pero confiaba plenamente en esa fuerza interna suya y superó como nadie todas las críticas, cuestionamientos, burlas y chabacanería propias de ese moridero colombiano.

Creo que escribió algo de que decir la verdad era la violencia más pura, bueno en ese momento estaba ocupada, me preocupé mucho, quise abrir la cuenta para conversar con usted, quería apoyarla. Pero sabía que no lo necesitaba, usted en ese momento estaba pasando una dura prueba, necesaria para llegar a la santidad. Me levanto un día y leo ese hermosísimo post de la mendicidad en el amor y lloro y me conmuevo; mis ojos no podían creer tanta hermosura, recordaba que en mi vida he sido juzgada por ser apasionada, intensa, por mostrar el hambre y no tener dignidad y encuentro el post más bello de una mujer que da sin límites.

Mi amada ensayista, mi amor por usted supera todas las mareas, tsunamis, disgustos y embates del destino, creo que me conecté con su sensibilidad más profunda y ese hilo es indestructible. Cómo no recordar ese horrible invierno encerrada en mi apartamento y que usted como un ángel recomendara en su blog Una habitacion propia de Virginia Woolf, o ese enamoramiento desmedido y contagioso que usted tiene por Flaubert y Baudelaire y recomienda sin cansancio.

Qué gran generosidad de su alma, veía en su instagram tan bella con su nuevo corte, con su baño lleno de perfumes, su sonrisa tranquila. Tengo que agradecerle tanto, no se lo puede imaginar.

Pasando a otros temas, me encantó que fuera tendencia en Twitter por su buen par de tetas, me gustaría que nos tomáramos un vino, pero en París, ese pueblo ignorante y mezquino no la merece. ¿Cómo van los estudios de su sobrino? Que tenga una hermosa tarde Mi amada santa.

Sor-Maria-Jesus-de-Agreda

Mendicidad amorosa

Uno de los rasgos más sorprendentes en la vida de los grandes poetas es la mendicidad amorosa, la necesidad de apasionarse de forma desmedida por otro ser humano que no tiene que ser necesariamente otro poeta o artista sino una persona común, hasta ponerla en la categoría de un dios, un ser inalcanzable y amado en demasía, un humano que causa sufrimiento porque no se deja atrapar o porque no ama con la misma intensidad que aquel que se siente tocado por la musa si es que la musa existió en algún momento.

El artista sufre porque su objeto amoroso es esquivo o parece que se escapa, porque se asusta ante una pasión tan desmedida y empieza a sospechar que ahí hay locura o simplemente porque no comprende la naturaleza de la intensidad del sentimiento que parece convertirse en centro y sentido de la vida del artista y que casi siempre termina convertido en obra o enriqueciendo la biografía de esas personas que nos causan tanta curiosidad, los artistas y los filósofos: van Gogh, Burroughs, Flaubert, Baudelaire, Beethoven, Stendhal, Nietzsche, Rousseau… para nombrar sólo los casos más representativos de mendicidad amorosa, una experiencia repelida por la gente común que sólo pasa por la vida para comer, dormir, ver televisión, reproducirse, trabajar y despilfarrar la vida en los centros comerciales tomados de la mano de un ser no más inteligente y original que ellos.

Entre más sufrimiento y humillación experimenta el poeta más admiración sentimos  porque lo vemos como un ser humano sensible y desinteresado que pierde el tiempo en algo que la naturaleza ha convertido en un simple pretexto para la reproducción. Los grandes mendigos del amor no tuvieron hijos porque no los desearon, no estaban enamorados de la especie sino de otro ser humano al que a veces le conceden la categoría de dios o semidiós.

El poeta no busca ser amado sino amar, eso es lo que le da vida a su vida y no se conforma con alguien que lo ame para compartir la felicidad en un castillo y ser felices para siempre sino que la felicidad parece estar hecha de sufrimiento, ausencia e incertidumbre. Es lo más parecido al amor místico y al amor cortés.

Algunos amores se aprecian desde la distancia. Es un hombre que contempla a una mujer casada, mayor o de otro rango social y en muchas ocasiones la señora ni siquiera se entera de que el poeta la ve, sufre, llora y se lamenta por ese amor imposible. El enamorado escribe poemas, novelas y canciones inspiradas en su dama. Dante es el poeta de ese tipo de amor pero Flaubert no se queda atrás y las páginas más bellas de sus libros y sus cartas parten de ahí, de la frustración ante el amor esquivo, que no era precisamente Louise Colet.

Podría escribir cien páginas sobre los hombres apasionados que se han humillado como perros por mujeres que no “valían la pena”, por prostitutas, mendigas, mulatas, suicidas, dementes… pero lo que me llama la atención es pensar cuando este sentimiento es vivido por una mujer. Los casos más emblemáticos son Emily Dickinson -enamorada de un profesor que la toma por loca- y Amy Winehouse, enamorada de un ladrón que está enamorado de otra, que la mete en el mundo de las drogas duras y que se ríe un poco de ella, de ese amor de santa que nadie podía entender cuando estaba viva y que es lo que la pone a cantar de esta manera.

Ese hombre insensible y burlón casi siempre está mezclado con el público -como en este video- o esperándola detrás del escenario. Y ella le canta, lo adora en público sin ningún tipo de vergüenza, sin pudor. Ese hombre insignificante saca lo mejor de esta mujer cuando se sienta a escribir, cuando hace las canciones y cuando se presenta en público. Ella no le canta a sus fans, ella le canta a Su amor sin ningún tipo de disimulo, con su pasión desnuda

El profesor tonto de literatura no entendió nunca a Emily Dickinson. Siempre la tomó por una loca y se burló de ella con su esposa.

A continuación algunos apartes de las cartas de la poeta más grande de Estados Unidos enviadas a un hombre al que apenas vio una o dos veces y con el que era tímida como una niña en presencia suya:

El Hoy hace que el Ayer signifique.

Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal. Deudores en nuestra conversación de la actitud y del acento, parece que hay un poder espectral en el pensamiento que camina solo – me gustaría agradecerle su gran amabilidad, pero nunca intenté levantar palabras que no puedo sostener.

Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.

Las mujeres hablan, los hombres callan; ésa es la razón por la que me dan pavor las mujeres.

Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Ésta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?

Cómo vive la mayoría de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven, cómo sacan fuerza para vestirse por las mañanas.

La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.

El éxtasis lo encuentro en el vivir, la mera sensación de estar vivo es suficiente gozo.

La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.

De la poeta dice el profesor:

Ella era un ser demasiado enigmático como para que yo lo resolviese en una entrevista de una hora; y el instinto me decía que el más mínimo intento de examen directo la haría replegarse a su concha; sólo podía estar quieto y observar, como hace uno en los bosques; tenía que identificar el pájaro sin usar la escopeta, como recomendaba Emerson.

Qué embarrada la ortografía. Mensajes desde Montreal

Qué embarrada la ortografía. Pero esto está configurado en francés y es una mamera, aunque de las cosas tristes de inmigrar es abandonar el propio idioma, tener que ser versátil en inglés y francés. Mi exnovio, el papá de los adolescentes, veía mucho programa de humor de acá, y yo no me reía, cómo sería de triste que hasta prefería ver a Don Jediondo. El francés de esta región es el francés antiguo, es muy mal hablado, muy diferente Al francés normal, francés que hablaban en Francia en 1800. Acá hubo un rompimiento con la religión y todas las palabras sagradas son las vulgaridades, es bien interesante, pero no deja de ser agotador

 

Gomelos folclóricos. Mensajes desde Montreal

Cuando vivía en Ginebra me junté con un parche de ricos sencillos y les dio por volverse gaiteros y hacer cumbia, y rolos pero hablaban costeño porque “Toca volver a las raíces, Marika”, y armaron su grupo de cumbia y haciendo colecta para financiar el disco, y ahí me enfurecí. Ni que fueran desplazados de la violencia, ni que esa fuera su herencia cultural, yo les dije: a mí no me pidan plata pa esos gomelos folclóricos.

 

Una bella historia de amor

– ¿La vas a embolatá?

-Ajá mami, a veces hay que explicar los chistes, cada quien lee desde su capacidad cerebral y su contexto.

 

Susana y José se conocieron como se conoce casi toda la gente: por casualidad.

Se miraron a los ojos de forma distraída y en ese instante supieron de una vez y para siempre (especialmente Susana) que su amor sería como en las telenovelas de la tarde, que sólo la muerte podrá llegar a separarlos aunque vivan a más de mil kilómetros de distancia y ella diga todo el tiempo que odia a los humanos, es asexual y sólo quiere ser su amiga.

Susana es lo que llamamos en Colombia con desparpajo una completa calienta huevos. No le da ni siquiera un beso aunque duerma en la misma cama con él y le respire en la nuca. Vino en diciembre pasado y eso hizo la muy villana durante una semana y el pobre José recurrió a lo divino y lo humano para ser todo un caballero con esta extraña dama a la que no le gusta el sexo pero le gusta dormir con hombres en la misma cama y hacerles cosquillas con los dedos de los pies.

José superó la prueba para no parecer machista, desconsiderado, hijo del heteropatriarcado, hombre elemental, simio lujurioso… y cuando Susana decidió regresar a su tierra  -estando ya en el aeropuerto-  le dio un beso en la boca y se fue.

Y a José sólo le quedó decir:

“Ay, mi corazoncito, qué es lo que quiere esta mujer, por qué juega así conmigo!”.

Está lejos, no quiere novio y no vive con él pero todo el tiempo está ahí en WhatsApp y en Instagram diciendo tú eres mi mejor amigo, me gustaría vivir contigo, me gustaría parchar contigo, probablemente me vaya a vivir a Bogotá, me dejarías vivir en tu casa, pero como amigos, sin sexo, podemos dormir en la misma cama, te puedo soplar la nuca pero anda, no seas machista, aunque esté desnuda en la cama contigo y te haga cosquillas con los dedos de los pies el sexo no me interesa, no seas machista, no pienses lo que no es.

¡Odio a los humanos!

Ella tiene la sartén por el mango porque desde el comienzo ha representado a la perfección el papel de mujer desvalida, triste y solitaria, un poco artista, un poco ida, un poco como Remedios la bella.  Juan es un hombre de naturaleza buena, un hombre que sabe ser compasivo y dulce, un poco heroico con las mujeres (porque también es bastante machista, como Susana).

José y Susana, Susana y José, son como anillo al dedo, el matrimonio no consumado, la pareja ideal, el sentimiento hecho carne, el perfecto idilio de amor al mejor estilo de las telenovelas que no he visto pero en las que sospecho lloran bastante.

Ella necesita un buen hombre que la comprenda y la salve, que le aguante todos los caprichos y juegos tontos y él estará siempre ahí soportando los caprichos y juegos tontos planteados por la princesa.

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Orientalismo rebajado

Yoga

Visualizar

Budismo zen

Budismo tibetano

El poder del ahora

Colorear mandalas

Buscar la iluminación

Perdonar y perdonarse

Ser consciente de la propia respiración

Meditar durante horas sentado ante una pared blanca

Cada quien escoge su camino, la forma de llegar a la sanación del cuerpo y del alma a través de métodos presentados en oriente por las mentes más brillantes, por los magos y los sabios que al parecer están más cerca de la verdad que los amantes de la materia y la realidad real, del mundo tangible representado en casas, carros, centros comerciales, helados, ropa, tarjetas de crédito… objetos para que los demás sepan de nuestra propia valía, los juguetes favoritos de los niños del mundo, los eternos hermanos menores, los hijos arrogantes que deben producir la risa de Dios porque creen que lo tienen todo cuando en realidad no saben nada y creen que meditando y respirando van a mejorar de empleo o van a atraer la prosperidad (económica).

La mayor parte de la gente en Colombia no lee libros. Aman los noticieros, los partidos de fútbol, las cirugías estéticas y la plata fácil sin necesidad de trabajar, no conocen la historia de oriente ni de occidente, no han leído filosofía ni literatura, pero a través del voz a voz sienten que se apropian de las ideas fundamentales, de lo que a lo largo del tiempo occidente ha tomado de oriente y sienten que viven la Gran Transformación porque han asistido a la conferencia o al curso del embaucador de moda que puede ser un humorista, un cantante, un futbolista, una prostituta o una ex Señorita Colombia y actual presentadora de farándula del noticiero de la noche, un hombre o mujer que se lucra a costa de la ignorancia, la confusión o la desesperanza ajena para robarles lo poco que todavía tienen, sea su esperanza o las pocas monedas que quedaban en el fondo de la mochila.

Todos respiran, todos meditan, se sienten iluminados y ayudan a otros a llegar a la iluminación, todos se sienten el pequeño Buda que da ejemplo con su propia iluminación y quieren instaurarse como maestros, como modelos dignos de ser imitados.

La Búsqueda puede parecer auténtica en el reino de la confusión, el desempleo, el abandono del Estado y desmoronamiento de la familia, la escuela, la iglesia y todo lo que parecía un territorio seguro para sentir que hay un motivo para levantarse de nuevo cada mañana y ponerse los zapatos con entusiasmo, para vivir con la ilusión de que todavía tenemos algo que nos anime a continuar.

Educación en Colombia

En nuestra pobre patria se le da demasiada importancia a lo que nos define como gente respetable: ¿Qué estudiamos? ¿Dónde estudiamos? ¿Dónde vivimos? ¿Cuánto ganamos? ¿Viajamos? ¿Cómo viajamos? ¿A dónde viajamos?

No importa lo que somos sino lo que tenemos y lo que representamos y lo gracioso del asunto es que la mayoría de los colombianos sobreviven con menos de dos salarios mínimos. Muy triste, pero eso somos: gente que vive de la apariencia aunque no tenga mucho para mostrar.

Para ser respetados por otros colombianos hacemos lo que no nos gusta hacer. Estudiar, por ejemplo.

Yo no quería estudiar porque me aburría mucho en salones compartidos con personas a las que no me interesaba conocer y con profesores que me inspiraban una mezcla de risa y pesar porque eran muy ignorantes, muy temperamentales o muy convencidos de su triste papel. Si me hubieran dejado tomar mi decisión consciente seguramente no hubiera termina ni siquiera la Básica Primaria porque desde niña sentía que todo lo podía encontrar en los libros. Sin profesores, tareas, guías ni repeticiones absurdas.

Pero estudié para ser complaciente con el público, para que se sintieran satisfechos cuando les dijera que soy profesional con maestría aunque tantas veces haya sentido que la universidad colombiana es retrógrada, conservadora y poco dispuesta a oír las opiniones de los estudiantes. Mi paso por la universidad fue una especie de tortura porque tuve que contenerme durante seis años para no decirle a mis profesores lo que pensaba de ellos y porque tuve que aceptar que me impusieran unas ideas y me hicieran creer muchas mentiras que algunas veces he repetido.

Ahora que ha pasado tanto tiempo me pregunto cómo será una verdadera universidad, un espacio académico con investigadores comprometidos, con estudiantes convencidos de que quieren hacer un aporte en artes o en ciencias, no simples seres humanos que ven la universidad como un espacio social en el que se encuentran con gente parecida a ellos porque pagaron determinada cantidad de dinero para ingresar a la prestigiosa institución.

Mi sospecha es que la mayoría de los estudiantes de educación superior en Colombia no llegaron a las aulas pensando en ser lo mejores, en llevar al país hacia el desarrollo, en aprender con entusiasmo y con amor, en consolidarse como seres humanos éticos y comprometidos sino que estudian para complacer a la familia, para hacer sentir mal a los compañeros de bachillerato que no tuvieron plata para estudiar en universidad privada o no pasaron el examen de admisión en la pública.

En Colombia los jóvenes deberían rebelarse, estudiar sólo si de verdad lo desean, no deberían ser tan complacientes con la familia y no deberían ser tan sumisos ante las exigencias sociales. Un país de pobres presumiendo porque pagan millones en una universidad privada para saber que siempre ganan los mismos: los dueños de las universidades y los banqueros.