La dama de los bosques

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Sola contra todos

Soy una guerrera invencible

Y nunca he tocado a nadie

Todas las guerras han sido verbales

Y todas las he ganado, claro.

Siempre hablo en tono suave porque el que grita pierde y el que escupe molesta a su interlocutor

Parece increíble pero la gran parte de mis cruentas batallas han sido contra cientos de imbéciles que atacan en manada y de forma sorpresiva, con trampas y mentiras que engañan al incauto, al bobo y al confiado.

Los he vencido siempre a todos moviendo los deditos sobre el teclado (risas grabadas).

La manada por manada no es fuerte porque la suma de imbéciles es una simple ilusión. La manada iracunda es suma de miedo concentrado y una simple mujer sentada en una silla, una señora que camina tranquila por ahí sin molestar a nadie y sin presumir de nada, puede inspirar más terror que un grupo de idiotas en una tertulia posando de intelectuales.

La primera batalla fue con padres y hermanos, quisieron imponer su autoridad y perdieron porque desde los 9 hago exactamente lo que me da la gana.

La segunda batalla fue con mis profesores y perdieron también puesto que yo escribo mejor que todos ellos juntos.

La tercera batalla fue con los vecinos, nunca los saludo porque no me da la gana.

La cuarta batalla fue con los colombianos, a pesar de sus amenazas de muerte, de ataque con ácido y de todas las bajezas que no quiero volver a enumerar aquí deben estar preparados para el ladrillazo que les va a caer en la cabeza hueca porque voy a escribir un libro portentoso divido en tres grandes partes:

  1. Censura en Colombia
  2. Las mujeres y el marketing
  3. Heteropatriarcado

En la tercera parte me ocuparé de este trío de payasos.

  1. Ricardo Silva Romero
  2. Andrés Hoyos
  3. Daniel Samper Ospina

¡Tiemblen!

yo

No sé qué va a pasar conmigo

Completé diez años escribiendo en tiempo real. Más de quinientas entradas en un blog y más de mil páginas en ese mismo blog.

¿Tengo algo más que decir?

¡No!

Pero tampoco puedo dejar de escribir y esa es una triste condena. Si el opio es una cadena de ocho vueltas la escritura es una trampa de la que no se puede salir tan fácilmente, una condena elegante. Lo más triste de todo es que la sociedad entera celebra semejante tortura y me felicita por estar enferma, por depender de la escritura para no sentirme un poco loca. Si no escribo siento que pierdo el centro.

Así luzco si no escribo:

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Así luzco si decido escribir de nuevo:

yo

He intentado más de cinco veces escribir como en los viejos tiempos, como hace quince años, como una gran intelectual, una teórica de la literatura o una crítica despiadada; quería escribir en Word, despacito, meditado, puliendo el estilo, sopesando cada frase…  y cuando voy en la quinta página descubro siempre que no soy yo sino una engreída que se hace pasar por mí. Esa escritura está superada porque me volví exhibicionista, me excito cuando escribo en tiempo real, es un placer morboso, como una especie de droga; me libero escribiendo de forma frenética, sin pensar mucho en el ritmo de las frases ni en las estructura de los párrafos y tiemblo de emoción cuando sé que dentro de pocos minutos más de cien personas leerán eso que acabo de escribir porque me acostumbré al halago inmediato, a deslumbrar con la escritura frenética, es la única que me libera. La que me produce el place morboso.

Voy a empezar de nuevo aquí, no quiero molestar a nadie, no quiero criticar de forma despiadada ningún comportamiento porque me hastié de hacerlo, dejó de divertirme, voy a hacer una absoluta exhibición personal porque eso es lo que me produce placer.