Como en el punk

“Muy buena labor la que hace y me emputa que la gente no se lo reconozca, aunque debe tener muchos lectores explícitos y callados, claro. Usted tiene que seguir firme en la independencia, la autogestión, y escribir más en el blog, cada vez escribirá mejor y luego recopila en libros. Y para la Luis Ángel Arango. Usted es punk sin saberlo”.

Ahora la transcripción de un audio de mi manager, asesor de imagen y guía espiritual.

Con ustedes Juan Sebastián Lozano:

“Hoy estaba, ah, bueno, anoche me puse a, a mirar, a leer su blog y hay cosas muy buenas, yo no sé por qué los últimos yo no los había leído y estaba leyendo todo eso que usted puso de las conversaciones que teníamos  nosotros, del simio lujurioso y otras. Muy bonito, todo eso le quedó muy bien. No sólo eso sino que leí alguna crítica por ahí a Catalina y a Virginia Mayer y a mí me pareció muy coherente a pesar de que algunas cositas ahí que no estoy de acuerdo pero, en general me pareció coherente y están muy bien escritas y muy buenos. Estaba pensando que por qué la gente no reconoce eso, la gente es muy mezquina ¿No? Esos posts que usted tiene ahí son muy buenos, incluso hay uno de, de las cartas, que usted nombra de los Arcanos, que yo soy Marte y que nací el 9 de julio y no sé qué, que me encantó. Eso puedo ser un cuento. Incluso parece, es mejor que, parece un cuento de esos de Bolaño, de Las putas asesinas, pero muy chévere, muy buenos, y me emputa que la gente no reconozca eso, claro, porque de pronto por escribirlo gratuito y eso ¿No? Si estuvieran en un libro o algo así sería distinto. Pero también pienso que el medio es el mensaje y que el espacio para eso es el blog, para eso que usted hace. Pero me parecieron muy buenos y entonces retiro mi, la leí y la admiro más, en serio, retiro mis cosas cuando le decía que a veces no me convencía lo que escribía. Esto, esto que leí anoche me convenció mucho, las cartas sí me dio un poco  pereza leerlas, la verdad, pero esto que escribió, que ha escrito últimamente, muy bueno. Me ha gustado mucho y la felicito.

De 10 a 4

Ante la impotencia de la  página en blanco me acaban de dar dos consejos para que regrese la musa:

¡Oblígate a escribir!

Funciona masturbarse, una ducha y luego ¡Manos a la obra!

Mucho mejor si es de diez de la noche a cuatro de la mañana.

A mí me ha funcionado siempre

¡Ay! ¡No!

Ese no es mi método, dije yo un poco turbada

Me gusta escribir de forma natural, sin presiones, sin compromisos, sin que se trate de un encargo o de demostrarle al mundo que soy poeta, intelectual, pensadora, columnista, analista…

Escribir por escribir, eso es lo que me gusta

Que los dedos vuelen sin saber a dónde van,

Sin cálculo ni premeditación.

Las ideas aparecen caminando y sólo escribo de día aunque hoy hago una excepción porque apenas hace veinte minutos me dieron los consejos y van a ser la diez de la noche.

¡Sí puedo escribir de noche y no precisamente después de caminar, pero la idea de darme amor, tomar una ducha y luego saltar al teclado es una experiencia muy espectacular para alguien como yo!

Biología animal

Hay dos alternativas en literatura: hablar de sexo y dinero o no hablar de sexo y dinero.

Si el autor habla de sexo y dinero debe ser para burlarse del sexo y despreciar el dinero. Y esta será la literatura realista de crítica social. Para que la obra sea auténtica el autor debe ser sincero, debe burlarse del sexo y despreciar el dinero. Si va a despreciar el engaño, la adulación, la mentira, el fraude, la murmuración, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificación ante los demás y ante uno mismo… Si va despreciar todos esos sentimientos y prácticas viles tan frecuentes en los seres humanos debe ser sincero también. Que no sea una pose para quedar bien, para parecer profundo y sensible, para parecer lo que no es, para vender muchos libros, ganar muchos premios y encontrar buenos amigos y mejores amantes. No debe actuar de esa forma porque un lector inteligente y sensible lo descubrirá cuando lo vea en público (aunque es extraño encontrar personas inteligentes y sensibles en eventos públicos relacionados con literatura).  Si en tu libro quieres parecer Nietzsche no aparezcas con la cara de Ricardo Silva, Héctor Abad, Andrés Hoyos o cualquier otro escritor colombiano de renombre. Trata de ser tú mismo en la  vida y en la obra.

Si el autor no habla de sexo y dinero es porque se burla del sexo y desprecia el dinero, más todavía que el autor de literatura realista. Este es el autor de literatura fantástica. Aquí los seres humanos no se igualan con los conejos y los perros, no se rebajan a su condición más primaria, la de juntar las partes para darle vida a un nuevo ser o para resoplar como cerdos durante diez minutos de  locura; al autor sólo le importa ocuparse de las dotes intelectuales de sus personajes, su capacidad de análisis y síntesis. Le interesa lo más noble de su triste condición. Por eso se burla del sexo y desprecia el dinero y el recurso más efectivo para constatarlo tiene que ver con el hecho de que en sus composiciones los personajes no caen en prácticas sexuales y tampoco hay intercambios de dinero. No se habla de la condición sexual ni económica de los personajes.

Hay literatura fantástica en la que se involucra el sexo y el dinero, pero para que sea fantástica el sexo no debe estar relacionado con biología animal sino con violencia, crímenes y todo tipo de excesos. El lector debe terminar asqueado del sexo o muerto de la risa.

Los mejores representantes de estos géneros son Bukowski, Sade y Lovecraft. Sus libros están llenos de verdades que la gente no está dispuesta a oír, leer ni imaginar.

Felipe Restrepo Pombo: celebridad del “nuevo periodismo”

Tuve el placer de leer a Felipe Restrepo Pombo sin saber quién era, encontré por casualidad una biografía de Francis Bacon (el pintor) y sin pensarlo mucho compré el bendito libro. La vida de Bacon es alucinante y quería saber cómo abordaría un biógrafo contratado por Panamericana a este personaje tan particular.

Me encantó el estilo del biógrafo y la forma en que aborda la vida del artista, sentía plena identificación entre el objeto de estudio y el observador. Me emocioné al saber que se trataba de un periodista  bogotano y Felipe es muy bogotano, nada que  ver con  Fernando Molano, el homosexual pobre y feo que murió de sida poco tiempo después de su “compañero” Diego y que ahora, gracias a Héctor Abad Faciolince y a David Jiménez Panesso, va directo al Olimpo de las Letras Colombianas que compartirá con Andrés Caicedo, no precisamente por su estilo o la originalidad de los temas tratados en las obras sino gracias a su “muerte prematura”. En la biblioteca Luis Angel Arango le montaron un altar a Fernando -el bogotano pobre que aprendió a amar la literatura en las salas de esta  biblioteca- con el propósito de exaltar su Grandeza nacida de la pobreza y la fealdad.

Felipe Restrepo Pombo no tiene nada que ver con el muchacho pobre  y feo que soñaba con conocer el mar y correr desnudo por la playa tomado de la mano de su Diego, introducirse lentamente y amarse todavía más lentamente bajo aguas recién descubiertas… No, nuestro periodista estrella es mucho más cosmopolita: ha recorrido dos veces el mundo en busca de celebridades para entrevistar y luego perfilar en revistas tipo  SoHo, el espacio donde concurre la “nueva camada” de los Nuevos Cronistas de Indias, la fábrica de premios para “el mejor cronista colombiano”: Alberto Salcedo Ramos.

El título del libro es vendible: “Nunca es fácil ser una celebridad” y Felipe, como toda una celebridad del periodismo colombiano, ha aceptado entrevistas para casi todos los medios. Nos explica por qué es tan emocionante entrevistar celebridades y luego escribir sobre esos hombres y mujeres que él quiere presentar como simples seres de carne y hueso, como tú o como yo, pero que no puede dejar de exaltar en sus perfiles que saben a libro viejo porque no son textos pensados  para un libro sino que son encargos publicados en varias revistas durante los últimos quince años y que algún editor intuitivo de Planeta vio con buenos ojos para vender muchos ejemplares.

Felipe se prestó para el juego, pudo haber escrito otra biografía tan buena como la de Francis Bacon, algo uniforme y calculado, pero prefirió ceder a los requerimientos del mercado y al placer de ser la celebridad del momento gracias al lanzamiento de su  nuevo libro.

Lo más ofensivo de este tipo de perfiles, tan de moda en todas las revistas culturales y de farándula en Colombia, tiene que ver con el hecho de que estos periodistas consideran que por el simple hecho de observar el contexto en el que la celebridad se mueve, porque “estudian” cada uno de sus movimiento de manos y de ojos, porque revisan una y otra vez sus respuestas y sus titubeos, porque se ponen en contacto con amigos y enemigos de la víctima, porque recorren cada uno de los pasos que ha andado la estrella del momento, se ponen por encima del protagonista de la historia y se sienten con el derecho para interpretarlo, juzgarlo y ponerlo en ridículo ante sus ávidos lectores necesitados de morbo. La víctima puede ser Hugo Chávez o el último eliminado en el reality de Caracol.

Felipe se da el lujo de exaltar a Juanes y de burlarse de Houellebecq; nos presenta la imagen desgastada que todos conocemos de Ingrid Betancourt y de Antanas Mockus, nos recuerda que Ruven Afanador es grande gracias a una copia vil de la información que se encuentra de este fotógrafo de celebridades en Wikipedia. Una de dos: o nuestro Felipe fusila “biografías” de Wikipedia o es colaborador de esta nueva enciclopedia. ¡Increíble e inadmisible!

No-es-facil-ser-una-celebridad

¿Por qué no podría ser columnista?

Este año me invitaron a ser columnista y acepté, me preguntaron si quería publicar mi columna cada ocho días o cada quince y yo respondí sin dudar: “cada ocho días”. Quería escribir -claro- sobre procesos de escritura en las redes sociales, tenía mucho que decir y lo diría y empecé a escribir mi columna semanal. Cuando había escrito cuatro o cinco profundas reflexiones sobre Twitter, twitteros y tweets sentí que a medida que publicaba se agotaban las ideas y que no podía fallarme a mí misma, no podía olvidar que me había prometido muy joven -a los nueve años- no repetir lo mismo cien veces por plata, prestigio, orgullo u obligación y que sería una tontería ceder a los cuarenta.

Después de haber publicado menos de diez textos le escribí a quien me había invitado a ser columnista: “Pensé que tenía mucho que decir pero no era cierto y no quiero escribir sin deseo, no quiero escribir por escribir, no quiero posar de intelectual, inteligente, crítica, contestataria, informada o actualizada, no quiero parecer forzada como casi todos los columnistas en algún momento de su triste carrera”.

A veces pienso en los columnistas por contrato y siento escalofrio, una semana se pasa muy rápido y no cambia mucho el panorama como para que todos los pensadores tengan algo que decir, algo tan bien pensado que ponga en actitud reflexiva a sus lectores. También pienso en María Isabel Rueda: todos los días en W Radio Colombia anuncian a la “pensadora” con un “Y mientras tanto, ¿qué se estará preguntando María Isabel?”. María Isabel Rueda no me parece precisamente la gran pensadora colombiana pero ella se obliga a hacerse dos o tres preguntas trascendentales cada mañana. Yo no podría vivir así, el mejor tiempo es el que transcurre tranquilamente y creo que las grandes ideas, las grandes preguntas, los grandes pensamientos, aparecen en el momento menos pensado, sin que lo planeemos, sin que nos paguen por pensar.

¿Por qué no podría ser escritora profesional?

Un escritor profesional es una persona -hombre o mujer- que escribe mínimo un libro al año y vive de la literatura. Yo tengo un amigo escritor profesional, él era un compositor compulsivo de cuentos y novelas y con todas sus composiciones participaba en concursos literarios nacionales e internacionales. Al comienzo no le iba bien y no se quejaba, al contrario, se sentía muy bien, estaba seguro de que él escribía para la posteridad, como Joyce, sabía que era un adelantado, un visionario, un hombre incomprendido como todos los grandes Maestros. Un día ganó un concurso nacional y todo cambió, ahora creía que él escribía libros sencillos porque quería gozar el aquí y el ahora, como Umberto Eco, su nuevo maestro, admirador ferviente de James Joyce, en todo caso.

Cuando mi amigo ganó el premio nacional de novela me llamó para compartir su dicha y para que yo fuera al lanzamiento oficial de la memorable obra, ese acontecimiento se repitió varias veces pero yo sólo asistí a dos y vi a mi amigo convertido en un escritor profesional. Un escritor profesional trabaja para un editorial y firma un contrato en el que se compromete a escribir cierta cantidad de libros durante determinado tiempo, cuando el libro se publica el autor tiene que asistir al lanzamiento, conversar con otro artista sobre el proceso creador, debe leer un fragmento de su creación en público, responder preguntas repetidas en el lanzamiento y en algunos medios como la televisión y la radio y debe autografiar los libros con dedicatoria o sonrisa encantadora. Vi haciendo todo eso a Fernando Vallejo cuando vino a Bogotá al lanzamiento de su última novela: El don de la vida, lo hizo como todos aunque yo no pienso en Fernando Vallejo como en un escritor profesional.

Conozco a otro escritor profesional, él no es amigo mío pero le fue mucho mejor, ganó un premio internacional después de haber intentado durante mucho tiempo sin éxito. Era un hombre triste, viejo, resignado y muy crítico con los escritores profesionales, se jactaba de no ir a cocteles, de no formar parte de grupúsculos de amigotes que pasan su vida premiándose en un ritual obsceno de elogio mutuo, él era un artista honesto y con eso le bastaba, era un lector que escribía porque no le quedaba más alternativa, porque para él escribir era como orinar, un acto fisiológico: lo hacía o explotaba. Ese mismo señor ahora es uno de los escritores colombianos más internacionalizados, cambió su forma de vestir, su actitud, su forma de cruzar la pierna y ahora bebe y sonríe como los demás, acepta entrevistas, viaja por todo el mundo para hablar de literatura y es feliz. Yo lo prefería antes, cuando se jactaba de no ser un escritor profesional.

El estilo de los textos escritos en los blogs

Es imposible saber cuántos blogs hay, lo que sí es posible saber es que la mayoría han sido creados por personas que no saben leer ni escribir y, lo peor de todo, ni siquiera se plantean este hecho en el momento de publicar un texto para ponerlo a consideración del público. Vale la pena aclarar que saber escribir implica procesos de pensamiento que van más allá de la simple alfabetización, es necesario conocer las palabras y saber usar los signos de puntuación, el estilo debe ser pulido y cuidado, la escritura no es una prolongación ni una transcripción de la oralidad, es estable y aspira a ser eterna, no se esfuma, no puede ser trivial como las conversaciones entre amigos que se cruzan por la calle.

Ante la imposibilidad de escribir algo propio muchos bloggers se dedican a copiar y pegar textos de otras páginas, en muchas ocasiones distorsionan las ideas presentadas en el texto original, las mutilan o malintrepretan cuando pretenden explicar algo que ellos mismos no alcanzan a comprender. Como consecuencia, si antes de los blogs la información encontrada en internet era poco confiable, ahora lo es menos debido a la proliferación de páginas administradas por personas irresponsables e ignorantes. Es probable que muchos bloggers cometan errores o atropeyos simplemente porque no saben cuáles son las características de las escritura y las reglas a partir de las cuales se rigen quienes publican textos escritos; de la misma forma en que hay derechos de autor, formas de citar, de hacer bibiliografías e índices -cuando se trata del textos presentados en soportes materiales- deberían tenerse en cuenta unas reglas mínimas para escribir textos en blogs. Si el blogger no sabe escribir debería concentrarse en los videos, la música, las imágenes, las recetas de cocina o la simple transcripción de hechos triviales, como si de una conversación telefónica se tratara, de esta forma no se expone al ridículo, no confunde ni engaña a los lectores.

Para escribir y reflexionar sobre la escritura hay que partir de la reflexión y la realización de la oralidad, para escribir y reflexionar sobre la escritura a través de medios virtuales es necesario pasar antes por la reflexión sobre la escritura de textos a través de medios tipográficos; la oralidad y la escritura pueden interrelacionarse en los chats y en el msn (en las conversaciones en tiempo real) en los blogs no tienen por qué aparecer indicios de oralidad puesto que se trata de textos sobre los que es posible volver una y otra vez, se pueden editar y borrar, son escritura en todo el sentido de la palabra con la particularidad de que están controlados por el autor no por un editor.

Ahora las reglas:

1. Los textos deben ser breves, de máximo dos cuartillas. A través de hipervínculos el lector irá armando su propio texto de acuerdo con las necesidades y la disposición de tiempo. Los hipervínculos no deben ser anotados al azar, deben estar regidos por una lógica predeterminada.

2. Los textos deben tener buen estilo, el buen estilo es sencillo, si es sencillo además es preciso, conciso y claro, si un texto está escrito con buen estilo es porque el autor conoce el tema; la claridad en la escritura revela la claridad del pensamiento.

3. Se deben evitar las falacias argumentativas y las estrategias persuasivas, en pocas palabras, se debe hacer más alusión a acciones o ideas que a personas, cuando los bloggers hacen de la virtualidad una experiencia emocional echan a