Cuando posas de feminista pero eres absolutamente machista

En Colombia se puso de moda ser feminista como en otro tiempo estuvo de moda disfrazarse de universitario para ir a fumar marihuana en las gradas de la Javeriana o en el campus de la Nacional.

En este momento está de moda tener gato y decirle hijo, darle beso con lengua y contarle todos los pormenores del día en el trabajo, transportarse en bicicleta (ser biciusuaria), comprar ropa vieja y de mal gusto en Chapinero, decir todos, todas y todes, usar copa menstrual y gritar a los cuatro vientos !SOY FEMINISTA!, aunque seas más machista que veinte hombres juntos.

Veamos un ejemplo:

Estas tres mujeres ¿feministas? no pueden creer que quien escribe es una mujer (yo), pero en las redes sociales posan de feministas empoderadas dueñas de su cuerpo y putamente libres:

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Crítica a individuos como proceso pedagógico

Una amable lectora dejó un comentario en el que me pide que salve a Colombia y deje de hablar de gente porque no es didáctico.

Voy a copiar el comentario y a continuación explicaré por qué me ocupo de individuos, una especie de Respuesta para ver si por fin entienden a qué estoy jugando:

Elsy, tú que has detectado la falsedad y la hipocresía del feminismo colombiano, que sabes que mujeres del feminismo pop representan muy mal el movimiento por la igualdad de género, que has reconocido las actitudes machistas socialmente aceptadas de los hombres y las mujeres en Colombia, y que has sido víctima del machismo en las redes ¿Por qué no te conviertes en nuestra salvadora del movimiento? ¿En una filósofa o escritora o pensadora colombiana verdaderamente feminista? ¿En alguien que salga en los medios a decir verdades? ¿En alguien que publique un libro demoledor sobre la machismo y el falso feminismo? ¿En la fundadora de la cuarta ola colombiana? En vez de ser antifeminista, o en que todo se quede en una crítica a individuos, ayudaría mucho.

***

El feminismo colombiano es un desastre gracias a que sabemos quiénes se hacen llamar feministas: Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín. Este par de mamarrachos tienen voz y audiencia porque los medios y el público vil les siguen la cuerda. Puedo escribir cien posts más explicando por qué estas dos mujeres no son feministas, puedo escribir un libro de dos mil páginas explicando qué es feminismo y ese par de mamarrachos seguirán siendo vistas como feministas en este país de burros ignorantes, ciegos y sordos.

Me ocupo de personas porque esas personas se ocupan de temas, porque aparecen en los medios representando un papel con nombre propio y haciéndose cargo de unas ideas y unos actos, son figuras públicas que toman partido y yo como público tengo derecho a tomar partido sobre la actitud de esas personas. No conozco a esas personas, no tengo nada en contra de esas personas, y esas personas son tan torpes que me sirven siempre como ejemplo para ilustrar mejor por qué Colombia es un desastre por donde se le mire.

La idea de salir en los medios a decir verdades es un error porque los medios colombianos no son medios, son espacios para promocionar mentiras y falsedad y no pasa solamente con las falsas feministas sino también con los falsos artistas y los falsos amantes del conocimiento, la honestidad y la cultura. Toda la gente que sale en los medios es digna de esos medios y estar ahí con ellos me convertiría en una colombiana más y eso es algo que no me interesa.

El feminismo no llegó a Colombia y se está derrumbando en el mundo civilizado, no creo que haya cuarta ola porque vamos hacia una verdadera gran transformación que dentro de cincuenta años nos puede llevar a un Mundo Nuevo que por ahora sólo se vislumbra como desastre y como crisis. Si los países desarrollados viven el peor feminismo que se pueda imaginar una feminista de verdad no debe sorprendernos que en Colombia llamen a semejante circo feminismo y que esté representado para ese par de payasas, ellas están acordes con el país que tenemos.

En Colombia no hay escritoras

Carolina Sanín no tiene talento, sentido del humor ni gracia pero se empeña en ser reconocida como una de las grandes escritoras colombianas del Nuevo Milenio. Posa de feminista irreverente, sueña con que es la fusión entre Quevedo y Fernando Vallejo, se toma por la mejor copia de las humoristas norteamericanas a las que tanto imita con logros bastante lamentables -porque Carolina no nació con la vis comica– y aunque quiera renegar de su clase se siente cómoda en su condición privilegiada. Con esos antecedentes es imposible hacer arte, feminismo, humor o cualquier objetivo que se proponga en la vida.

Cada cierto tiempo Carolina arma un escándalo y logra su objetivo: trascender Facebook y crear alboroto a partir de una tontería y esas actitudes de niña mimada siempre arrastran a seres inocentes bien sea porque atenta contra instituciones prestigiosas o porque al querer hacer el bien termina haciendo el mal y cae la máscara de algún impostor. Con la última travesura intelectual de Carolina Sanín fueron varias las damnificadas, todas mujeres, claro, y no precisamente porque el heteropatriarcado haya querido prescindir de mujeres en un tonto evento en París (ese fue el origen de todos los males) sino porque gracias al show de más de cincuenta mujeres que no saben escribir -incluida Carolina- descubrimos que en Colombia no hay escritoras consagradas como Gabriel García Márquez o Fernando Vallejo y que estamos muy mal de crítica literaria y de aproximaciones feministas a apuestas estéticas cuando son abordadas por mujeres. No hay escritoras, no hay críticas y el feminismo está en manos de Carolina Sanín y Catalina Ruiz-Navarro. El panorama no puede ser más desolador.

Carolina no quiere ni respeta a Catalina pero Catalina cometió la torpeza de seguirle el juego a Carolina y escribió una columna “demoledora” contra García Márquez que ha sido objeto de análisis por parte varios críticos hombres, ninguna mujer. ¿Dónde están las críticas colombianas?

El mandato de Carolina Sanín fue  contundente: si hay diez hombres en París el Ministerio está obligado a encontrar a las mujeres, a las escritoras colombianas. Y entonces las mujeres empoderadas empezaron a buscarlas y terminaron encontrando a las modelos SoHo que ya pasaron de moda por viejas y gastadas, porque ya fueron a todas las ferias y fiestas del cuerpo y están agotadas. Encontraron a las escritoras consagradas que no alcanzan el nivel de los hombres y siguieron buscando para hacer una gran lista de mujeres que escriben y las listas no son muy extensas, son listas cortas y son tan escasas nuestras maestras de las letras que terminó colada en los listados hasta Estefanía Uribe Wolff. El panorama no puede ser más desolador.

De lista en lista y de Manifiesto en Manifiesto hasta los señoritos Ricardo Silva Romero y Juan Esteban Constaín trataron de alzar un poco la voz y parecer un poco indignados y acompañaron a las exmodelos y a otras mujeres a decir en tono de reproche: ¡En Colombia sí hay escritoras!

De este lamentable circo llamado Cultura Colombiana hay algo que podemos rescatar: por fin los lectores expertos y el público en general están empezando a notar que Catalina Ruiz-Navarro pasó por la universidad pero no fue tocada por el mundo académico y su feminismo y empoderamiento son tan frágiles que se pueden desbaratar en dos columnas. Esa es la noticia positiva.

Feminismo dañino y distorsionado

La maestra del plagio Catalina Ruiz-Navarro en su última columna ahora sí tocó fondo en el arte de la estupidez, la superficialidad y el feminismo tonto: no invitaron a las malas escritoras colombianas a París y la niña rebelde que posa de feminista sin saber nada de feminismo llegó a unas conclusiones que harían llorar de vergüenza a un estudiante de literatura de segundo semestre de cualquier universidad del mundo. Con ustedes Cata la feminista hipster y boba a conciencia:

Sobre Remedios la Bella se podría escribir un largo ensayo sobre la mirada predadora masculina y el acoso. Tan machista era Gabo que en su verde vejez tuvo el nervio de escribir las Memorias de mis putas tristes, que además de ser un irrespeto simbólico a su fiel esposa, Mercedes, que literalmente lo mantuvo para que escribiera su gran obra, es una fan fiction de La casa de las bellas durmientes de Kawabata, que cuenta la historia de una suerte de prostíbulo a donde los viejos verdes impotentes van a restregársele a doncellas dormidas, es decir, es un libro sobre violaciones. Estos son los tropos de los escritores latinoamericanos, los del Boom son casi todos asquerosamente machistas, y hasta Neruda en sus memorias confiesa una violación “casual” que el escritor comete cuando ve a la empleada que le arregla el cuarto y “le dan ganas”. Pero el machismo en la literatura no lo vamos a notar hasta que leamos a las mujeres. No puede ser que toda nuestra imaginación esté sólo alimentada por las ficciones que escriben los machos.

Feminismo pop

Gracias al nuevo plagio de Catalina Ruiz-Navarro regresó a mi vida Virginia Mayer para insultar y amenazar sin medida ni decoro. Primero desde Twitter, después desde Publimetro y ahora aparecieron las dos amigas en actitud desafiante en Blu Radio hablando de feminismo pop. No hablaron más de cinco minutos y las conclusiones fueron contundentes: Catalina cree que el feminismo es chévere y Virginia dijo que es chévere ser perra, aunque no ejerza.

Llevaba más de seis meses sin oír radio y aunque me escandalizó el bajo nivel del discurso de las mejores amigas me causó más desazón el programa en general, el nivel tan bajo en que ha caído la radio colombiana. Crecí oyendo radio, era mi gran pasión, la radio colombiana era digna y elegante. Ahora, igual que con el periodismo impreso, parece que está en las peores manos y a pesar de que haya renunciado a oír las voces más desagradables revelando las mentes más obtusas no deja de ser triste que esté muriendo de la peor forma, en las peores manos y con los peores invitados.

Las feministas no hablaron de feminismo y nada dijeron del pop, sospecho que estas imágenes deben encarnar el feminismo pop a la colombiana:

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