El marido de Catalina Ruiz-Navarro defendiendo a la niña

Parece increíble pero es cierto: apareció hasta el marido de Catalina Ruiz-Navarro y tampoco admite que su señora plagió consciente de que estaba incurriendo en un delito. Lo que llama la atención de esta defensa es que recurre a las falacias argumentativas como nadie antes lo había hecho y es gravísimo el hecho si tenemos en cuenta que ella se presenta como feminista latinoamericana, mujer libre, independiente y empoderada.

¿Alguien esperaba que llamara al marido para que intercediera por ella?

¡Yo no!

Estas son las falacias en las que incurre el defensor de la libertad de expresión y a continuación el texto (para que el lector -de forma desapasionada- saque sus propias conclusiones):

Petición de principio

Conclusión inatinente

Falsa relación causal

Falso dilema

Apelación a la piedad y las emociones

Apelación a la ignorancia

Conclusiones e inducciones precipitadas

Apelación al poder

El hombre de paja

Conozco de cerca los efectos que tiene la censura en sus diferentes formas. Desde hace poco más 10 años dedico mi trabajo a documentar los métodos y especialmente los efectos que tiene ese abuso de poder en la vida de periodistas y activistas alrededor del mundo. Así que escribo esto con la experiencia de mi trabajo acuestas pero también con el desasosiego de ver a la persona que amo y con quien comparto mi vida sumergida en una batalla campal en contra de quienes quieren silenciarla.

Desde hace casi un año, un sitio que se jacta de defender la honestidad académica y el pensamiento original, lanzó una campaña evidentemente difamatoria en contra de mi compañera, la periodista y activista feminista Catalina Ruiz-Navarro. Esto como producto de la defensa que hizo en su columna de otra de las víctimas de ese portal. Aunque Catalina ha escrito más de un millar de artículos de opinión (sí, son más de mil) publicados en varios medios, tuvieron que escarbar hasta su tesis de pregrado para que con base en errores de citación pidieran a  la universidad el retiro del título y a cada periódico en donde escribe que le cancelaran sus colaboraciones.

El pedido es absurdo por muchos motivos, entre ellos porque se está desconociendo la autoridad de la universidad que le dio el título y segundo porque se está juzgando su tesis como si la hubiera escrito hoy, bajo los parámetros actuales y sin la inexperiencia de su juventud. Pero es evidente que esto no se trata de su tesis, si fuese así bastaría con su reconocimiento de fallas de citación, algo que ha hecho varias veces de forma pública, y no estarían tratando de deslegitimar todo su trabajo de al menos 10 años como periodista y su activismo como feminista. Este intento por “demostrar” su falta de capacidades no solo es absurdo (porque es evidente que capacidades tiene de sobra), es misoginia pura y dura, esa a la que se enfrentan las mujeres que transgreden por hablar de lo público y por animar a otras mujeres a rebelarse contra el sistema.

Después de meses de acoso sistemático, la campaña logró sumar otras voces, tanto de quienes por una u otra razón comparten los deseos de venganza o porque no están de acuerdo con las opiniones de sus columnas o de plano porque simple y llanamente no les cae bien. Hubo quien con tal de desquitar calenturas añejas no correspondidas hizo suya la denuncia y sometió al medio en el que trabaja como editor a reproducir y magnificar la campaña difamatoria.

La campaña ha sido metódica, incesante y motivada por deseos de venganza. Estar cerca de Catalina me ha permitido también ser testigo de la fortaleza y valentía con la ella se ha conducido.

Cada día que ha pasado, he visto cómo el monstruo de odio enjaulado en el celular de Catalina creció al punto de cobrar vida fuera de este. Pedirle a Catalina que apague el celular a estas alturas resulta ingenuamente cruel. El acoso en línea es real y los efectos son concretos: El agotamiento físico y emocional que se traducen en insomnio y ansiedad desbordada. Son efectos físicos reales, quizás no tan evidentes como el golpe de un puño, pero posiblemente más graves y duraderos para su salud física y mental.

No dudo que entre las olas de odio y acoso existan críticas legítimas, pero estoy seguro de que esas no alcanzan a entender que sus voces se suman a las que pretenden silenciar.  Y es que en un época en donde la conectividad que ofrece internet, resulta inaceptable refugiarse en las concepciones (ultra)liberales e individualistas de la libertad de expresión.

No es la primera vez que Catalina es objeto de este tipo de acoso, seguramente no será la última. Ella continuará opinando, seguirá siendo la voz incómoda que al promover el debate de ideas, terminan fortaleciendo a la sociedad. Eso, al menos, es la esperanza de todos quienes la admiramos y queremos.

Como defensor de la libertad de expresión y la libertad de prensa creo que vale la pena detenernos y pensar para qué queremos la libre expresión o internet. ¿Para construir o para deshumanizar a quienes no comparten nuestras ideas? ¿Para que opinamos: para silenciar o para generar un debate franco y productivo? También es preocupante ver cuán efectiva y barata puede llegar a ser una campaña de desprestigio, especialmente porque son las mujeres y las feministas las que con más frecuencia se enfrentan a este tipo de persecuciones para sacarlas del debate público.

Catalina ha hecho su carrera a pulso, columna tras columna, troleo tras troleo y se ha ganado un espacio en la opinión pública colombiana y latinoamericana gracias a su disciplina y su talento. Por eso sé que ella a pesar de todo, sobrevivirá esta tormenta de crueldad y ridiculez.

Ricardo González

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Las dificultades expresivas de Fidel Cano Correa

Isis Giraldo es bloguera como yo pero ella es una académica del feminismo, una mujer empoderada de las que practican la sororidad. En algunas ocasiones Isis no encuentra las palabras adecuadas en el diccionario de la lengua española para expresar situaciones complejas y entonces recurre a palabras del tipo affaire. Nada que ver conmigo, yo no soy feminista, no soy académica, no hablo de mis estudiantes en las redes sociales, no tengo problemas de autoestima y el español me alcanza para expresar ideas de forma clara, concreta y precisa.

Desde hace siete años me vengo ocupando de la impostora intelectual y falsa feminista llamada Catalina Ruiz-Navarro, la he venido deconstruyendo de post en post ante la mirada incrédula del público colombiano que me llama envidiosa, resentida y negra candela de Twitter por desenmascarar impostores (especialmente falsos mamertos) de todos los colores, siendo yo apenas una pobre señora que no vino al mundo a buscar amigos influyentes ni muchos favs en Twitter sino a escribir por el simple placer de imaginar el rostro de admiradores y detractores mientras sus ojos incrédulos se mueven de un lado al otro de la pantalla.

La última travesura intelectual que se le descubrió a Catalina Ruiz-Navarro fue un plagio de cuarenta páginas en su trabajo de grado en la Universidad Javeriana para ejercer como Filósofa. Se está hablando del asunto desde hace más de cuatro meses y ahora la Doctora Isis resumió en su blog mis cavilaciones filosóficas de los últimos años sobre el falso feminismo de Catalina Ruiz-Navarro y para sorpresa mía -y la de mis fans- la horda de colombianos, los mismos que me llaman envidiosa y resentida la aplauden a ella -a la Doctora Isis Giraldo- por decir lo mismo que he venido diciendo yo desde hace ya bastante tiempo como si ella estuviera haciendo un gran descubrimiento cuando sólo está presentando un resumen de la suma de mis posts sobre feminismo en general y el  deplorable remedo de  feminismo practicado por Catalina Ruiz-Navarro en particular.

Como si fuera poco se ha unido al descubrimiento de la Nueva Genio del Feminismo Colombiano  Fidel Cano Correa, nada menos ni nada más que el director de El Espectador y defensor incondicional de Catalina Ruiz-Navarro. El Maestro dejó un comentario en el blog de Isis y lo más sorprendente de todo no es que no sepa escribir y asuma que tiene dificultades para comunicarse sino que como buen colombiano le haya ofrecido una columna a la feminista empoderada para callarla -ofrecimiento de dádivas que llaman en los libros de argumentación escrita.

Con ustedes, el comentario, celebración, chiste y ofrecimiento de Don Fidel a Isis Giraldo y su refrito:

Muy interesante aporte a la reflexión, muy distinto a la reacción general llena de insultos y malinterpretaciones. Usted también tiene algunas, comenzando por unificar mi explicación con la defensa y actitud de Catalina frente a las acusaciones (yo solamente quería explicar a los lectores por qué, ante los pedidos, no íbamos a cortarle el espacio a Catalina, no hacer una defensa de su caso. Pero no le escribo para discutir (sé que la mayoría de las interpretaciones sobre lo que dije están alimentadas por mis dificultades expresivas), sino por el comentario final para decirle que si quisiera hacer una columna sobre este tema, o sobre otro, el espacio está abierto. O si quiere recomendarnos otras voces que le parezca que pueden aportar desde otras perspectivas, bienvenido que lo haga. Una columna anda por los 3.000 caracteres con espacios, por si acaso. No pienso que haya que reemplazar la voz de Catalina, que guste o no sí considero muy valiosa, pero siempre abrirles espacio a más voces ayudará a enriquecer los debates. Saludos, Fidel

¿Para qué sirve la crítica literaria?

Apareció una nueva defensora ilustre de Catalina Ruiz-Navarro: Adriana Cooper. Escribió una columna sentimental en la revista Arcadia sobre el valor de lo pequeño y lo que de verdad importa. Nada dijo sobre los 53 pares de comillas que faltan en cuarenta páginas del trabajo de grado que Catalina presentó en la universidad Javeriana para ejercer como Filósofa y en vez de pedirle explicaciones a ella termina dando a entender que Mario Jursich es una mala persona porque le explica a Catalina Ruiz-Navarro en dos ocasiones que no sabe leer literatura y que debe dar explicaciones sobre su monumental plagio.

Ante la imposibilidad de defender lo indefendible la nueva amiga de Catalina Ruiz-Navarro apeló a las emociones, a la bondad, a que vinimos al mundo a darle besos, abrazos y palmaditas en la espalda a nuestro prójimo y que la crítica literaria no sirve para nada porque todos tenemos defectos y si necesitamos manifestar un sentimiento negativo acerca de otro ser humano debemos hacerlo con palabras dulces y en privado para no herir las fibras más sensibles del otro y para que nosotros ascendamos un paso  en nuestro Camino hacia el Cielo. Pura palabrería estúpida de libro de autosuperación para evadir lo que de verdad importa: el plagio de cuarenta páginas y la deshonestidad intelectual de Catalina Ruiz-Navarro.

Busqué información en internet sobre esta erudita y descubrí que es tan polifacética como Catalina Ruiz-Navarro: publica en seis o siete medios y posa de crítica. Ante intelectuales tan poco rigurosas como ella y tan feministas en el peor sentido de la palabra -entendiendo como feminismo defender a las mujeres por su condición de mujeres aunque no tengan talento para nada (la famosa sororidad)-, ante posturas tan lamentables ante la crítica sería preferible que no existiera porque duele mucho saber que personas con supuesta formación académica tengan una idea tan fuera de lo académico, de lo que es el arte y cuál es la función de la crítica y los críticos.

Adriana Cooper asume las obras como cositas lindas y parece no imaginar que si Catalina Ruiz-Navarro se presenta como crítica literaria y maestra en artes visuales uno como lector esperaría que supiera apropiarse de estas obras pensando en las famosas reglas del arte, en la historia y la tradición; uno esperaría de parte de ella interpretaciones pertinentes de las obras que aborda y nos encontramos siempre con su falta de inteligencia, su nula capacidad de análisis, su incipiente formación en teoría y crítica. Catalina y Adriana deberían entender de una vez por todas y para siempre que si quieren acabar con el machismo y con el heteropatriarcado lo primero que deben hacer es empezar a estudiar en serio, repetir las carreras profesionales que hicieron y dejar de creer que los sentimientos y las intenciones están por encima de los hechos, la racionalidad, la teoría y el análisis riguroso de las obras de arte teniendo en cuenta el contexto. Esas son lecciones que se aprenden antes de terminar el cuarto semestre en una carrera de literatura o de artes visuales.

A continuación la parte final del texto de Adriana Cooper, la primera no me interesa mucho. Lea, amable lector, y saque sus propias conclusiones:

“Después de leerlo surgen preguntas: ¿Son necesarios tantos adjetivos y además negativos, para referirse al intelecto de una persona? ¿El hecho de que alguien se equivoque invalida todo su aporte intelectual previo? ¿Juzgamos a la gente con fuerza en el ámbito académico para validar un prejuicio inconsciente que tenemos, quitarnos una incomodidad hacia una situación que nos refleja esa persona, cobrarle algo, o simplemente para sentirnos superiores? ¿Se justifica la vergüenza pública producida por un texto, o hubiera sido más efectivo hablar con esa persona en privado para entender mejor su punto de vista o manifestarle una sugerencia o desacuerdo? ¿Necesita García Márquez que lo respaldemos con tanto ahínco cuando su talento ya hizo que sus obras se defiendan hasta la eternidad? ¿Las respuestas están afuera o dentro de nosotros mismos?

Algunos escritores experimentados suelen recomendar esto a sus alumnos cuando empiezan a escribir cuentos, y algunos autores sin mentor lo hicieron por instinto: “No juzgue al personaje con adjetivos ni incluya reflexiones críticas con el fin de orientar al lector hacia esos juicios para que los ratifique, porque el lector por sí mismo hará su propia interpretación”. Lo mismo podría aplicar a otras situaciones de la vida”.

http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/adriana-cooper-sobre-catalina-ruiz-navarro-y-mario-jursich/67237

Deleuze y Olímpica Estéreo -a propósito del humor involuntario de Catalina Ruiz-Navarro

Han pasado más de cuatro meses después de que se comprobó el plagio de Catalina Ruiz-Navarro en su trabajo de grado en la Universidad Javeriana para pontificar como filósofa y a medida que pasa el tiempo se vuelve más divertida la historia porque se han agregado nuevos ingredientes que han hecho devenir a Cata en cómica, el sueño frustrado de Carolina Sanín.

El pronunciamiento de Mario Jursich en Facebook dinamizó la historia porque muchas personas consideraron que si alguien como él se pronuncia sobre los 53 pares de comillas que faltan a lo largo de cuarenta páginas entonces debemos empezar a hablar en serio del asunto porque dejó de ser la intriga de una señora chismosa y envidiosa, es decir yo, y se convirtió en un asunto que a todos nos debe indignar y debemos tratar de forma seria, con altura.

Llevamos dos semanas de indignación y creo que sirvió de algo porque se pronunciaron dos grandes personalidades de los medios que minimizaron el plagio de Catalina y exaltaron sus cualidades humanas, su simpatía, su actitud de mujer moderna y su espíritu frentero. Fidel Cano Correa (director de El Espectador) considera que un plagio viejo -de hace diez años- es una especie de travesura de Cata, que debemos olvidar y perdonar porque era joven e inexperta. Eso es lo que da a entender y remata diciendo que aunque no es una intelectual rigurosa a él le gusta su estilo y no la va a castigar.

Luego Matador (caricaturista de El Tiempo), la defendió con estas palabras: Apoyo a escribe bien y tiene criterio. Acusarla de plagio desde un portal web, es una celada rastrera.

Fidel Cano y Matador no ven el plagio como delito, deshonestidad intelectual y falta de ética sino como una tontería sin importancia y la pregunta que nos hacemos quienes observamos desde la barrera es por qué los hombres poderosos del periodismo protegen y defienden a Catalina Ruiz-Navarro de forma condescendiente, como en actitud de hermanos mayores y si esa actitud no entra en contradicción con el hecho de que ella se presente como feminista empoderada, autónoma e independiente.

También apareció un psiquiatra no tan reconocido y considera que quienes le piden explicaciones a Catalina Ruiz-Navarro tienen un problema de narcisismo, están enfermos y la atacan por su condición de mujer.

De la revista Arcadia le enviaron una entrevista a Catalina Ruiz-Navarro y @jmalaparte tuvo la gentileza de sintetizarla para nosotros y nuestra risa involuntaria:

Le preguntamos a Catalina por el plagio.

–¿Usted no plagió, verdad?

–No.

–¿Nunca se le ocurriría eso?

–No.

–¿No poner comillas ni citar no es plagio?

–No.

–¿Fue un descuido?

–Si.

–¿La atacan por feminista?

–Sí.

–Gracias por aclarar las cosas.

–Gracias por aclarar las cosas.

Y otro tuitero descubrió un nuevo talento en la feminista de moda: Qué ternura: modifica su acento en función de su público. Antier era chilanga, ayer gomela bogotana, hoy costeña. Por fin entendí el concepto del feminismo pop.

Hoy Catalina publicó su columna de El Espectador y descubrimos que le fascina oír Olímpica Estéreo y entonces nos imaginamos a Deleuze saltando de su tumba no precisamente para perrear con la feminista sino ante el asombro de lo que terminaron haciendo con sus libros.

 

En Colombia no hay escritoras

Carolina Sanín no tiene talento, sentido del humor ni gracia pero se empeña en ser reconocida como una de las grandes escritoras colombianas del Nuevo Milenio. Posa de feminista irreverente, sueña con que es la fusión entre Quevedo y Fernando Vallejo, se toma por la mejor copia de las humoristas norteamericanas a las que tanto imita con logros bastante lamentables -porque Carolina no nació con la vis comica– y aunque quiera renegar de su clase se siente cómoda en su condición privilegiada. Con esos antecedentes es imposible hacer arte, feminismo, humor o cualquier objetivo que se proponga en la vida.

Cada cierto tiempo Carolina arma un escándalo y logra su objetivo: trascender Facebook y crear alboroto a partir de una tontería y esas actitudes de niña mimada siempre arrastran a seres inocentes bien sea porque atenta contra instituciones prestigiosas o porque al querer hacer el bien termina haciendo el mal y cae la máscara de algún impostor. Con la última travesura intelectual de Carolina Sanín fueron varias las damnificadas, todas mujeres, claro, y no precisamente porque el heteropatriarcado haya querido prescindir de mujeres en un tonto evento en París (ese fue el origen de todos los males) sino porque gracias al show de más de cincuenta mujeres que no saben escribir -incluida Carolina- descubrimos que en Colombia no hay escritoras consagradas como Gabriel García Márquez o Fernando Vallejo y que estamos muy mal de crítica literaria y de aproximaciones feministas a apuestas estéticas cuando son abordadas por mujeres. No hay escritoras, no hay críticas y el feminismo está en manos de Carolina Sanín y Catalina Ruiz-Navarro. El panorama no puede ser más desolador.

Carolina no quiere ni respeta a Catalina pero Catalina cometió la torpeza de seguirle el juego a Carolina y escribió una columna “demoledora” contra García Márquez que ha sido objeto de análisis por parte varios críticos hombres, ninguna mujer. ¿Dónde están las críticas colombianas?

El mandato de Carolina Sanín fue  contundente: si hay diez hombres en París el Ministerio está obligado a encontrar a las mujeres, a las escritoras colombianas. Y entonces las mujeres empoderadas empezaron a buscarlas y terminaron encontrando a las modelos SoHo que ya pasaron de moda por viejas y gastadas, porque ya fueron a todas las ferias y fiestas del cuerpo y están agotadas. Encontraron a las escritoras consagradas que no alcanzan el nivel de los hombres y siguieron buscando para hacer una gran lista de mujeres que escriben y las listas no son muy extensas, son listas cortas y son tan escasas nuestras maestras de las letras que terminó colada en los listados hasta Estefanía Uribe Wolff. El panorama no puede ser más desolador.

De lista en lista y de Manifiesto en Manifiesto hasta los señoritos Ricardo Silva Romero y Juan Esteban Constaín trataron de alzar un poco la voz y parecer un poco indignados y acompañaron a las exmodelos y a otras mujeres a decir en tono de reproche: ¡En Colombia sí hay escritoras!

De este lamentable circo llamado Cultura Colombiana hay algo que podemos rescatar: por fin los lectores expertos y el público en general están empezando a notar que Catalina Ruiz-Navarro pasó por la universidad pero no fue tocada por el mundo académico y su feminismo y empoderamiento son tan frágiles que se pueden desbaratar en dos columnas. Esa es la noticia positiva.

Feminismo dañino y distorsionado

La maestra del plagio Catalina Ruiz-Navarro en su última columna ahora sí tocó fondo en el arte de la estupidez, la superficialidad y el feminismo tonto: no invitaron a las malas escritoras colombianas a París y la niña rebelde que posa de feminista sin saber nada de feminismo llegó a unas conclusiones que harían llorar de vergüenza a un estudiante de literatura de segundo semestre de cualquier universidad del mundo. Con ustedes Cata la feminista hipster y boba a conciencia:

Sobre Remedios la Bella se podría escribir un largo ensayo sobre la mirada predadora masculina y el acoso. Tan machista era Gabo que en su verde vejez tuvo el nervio de escribir las Memorias de mis putas tristes, que además de ser un irrespeto simbólico a su fiel esposa, Mercedes, que literalmente lo mantuvo para que escribiera su gran obra, es una fan fiction de La casa de las bellas durmientes de Kawabata, que cuenta la historia de una suerte de prostíbulo a donde los viejos verdes impotentes van a restregársele a doncellas dormidas, es decir, es un libro sobre violaciones. Estos son los tropos de los escritores latinoamericanos, los del Boom son casi todos asquerosamente machistas, y hasta Neruda en sus memorias confiesa una violación “casual” que el escritor comete cuando ve a la empleada que le arregla el cuarto y “le dan ganas”. Pero el machismo en la literatura no lo vamos a notar hasta que leamos a las mujeres. No puede ser que toda nuestra imaginación esté sólo alimentada por las ficciones que escriben los machos.

Feminismo estúpido

En Colombia ha aumentado de forma desmesurada la cirugía estética. Somos  potencia mundial en convertir a las mujeres en dóciles muñecas de carne que sonríen con dulzura y son amables y sumisas. Una extranjera llega a Medellín y queda con la boca abierta al ver  la idea que tenemos del cuerpo de las mujeres en la tierra de Pablo Escobar. La muñeca de carne -por ser muñeca- no puede tener olores y entonces se educa a las mujeres desde los medios para que sean buenas muñecas sin olores y cuidadosamente decoradas para salir a conquistar el mundo. Toda la publicidad muestra a las mujeres como muñecas dóciles, alegres y apetecibles ante la mirada ajena, especialmente  la mirada de los  hombres, esa es la invitación de nuestros anunciantes.

En Colombia el reguetón se convirtió en el rey y las letras y los videos de los éxitos mundiales muestran a las mismas muñecas del párrafo anterior bailando y disfrutando de la fiesta con el derroche de energía típico de la juventud. La belleza, la docilidad y la pulcritud hacen juego con la sumisión que se espera de las mujeres con estas letras y ritmos pegajosos. Nadie lo puede evitar.

Una vertiente del feminismo colombiano dice que las mujeres nos podemos vestir como nos dé la puta gana y podemos ser autónomas, tomar decisiones sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas y por eso podemos ser prostitutas feministas. Mujeres que trabajan a conciencia en el mercado de la carne con su cuerpo de muñeca, su ropa de muñeca, su baile de muñeca, su limpieza de muñeca y su amor a la plata fácil obtenida en el contexto de la rumba. La prostitución en Colombia está tan disparada como la cirugía estética y el reguetón y el éxtasis adornado con feminismo hacen de la rumba colombiana un espectáculo del que quieren disfrutar propios y ajenos. En Colombia también se disparó el turismo y es bien sabido que se consiguen prostitutas muy baratas en todo el país porque la competencia es fuerte y la mayoría de las mujeres se nivelan a partir del salario mínimo colombiano, el peor en América Latina después del de Perú. Ellas se esmeran por ser hermosas muñecas pero no son conscientes de lo bellas que quedan y no cobran lo que vale la mercancía sino que van muy por debajo del precio justo y todos felices, especialmente los turistas.

En Colombia se disparó la violencia contra la mujer, el embarazo adolescente, el número de violaciones y desapariciones de mujeres. Podríamos desarrollar estos temas también pero no vale la pena porque lo que quiero tratar es el feminismo estúpido, el del acoso sexual que se concentra en hacer ver a las mujeres como inocentes cuando salen con sus cuerpos de muñecas y esperan de los hombres respeto y reverencia como si se hallaran ante una santa de los últimos días y ni una sola palabra sobre sus grandes atributos. La fabricación en serie de mujeres con rasgos de muñeca no es un invento del hombre común sino del marketing y la mujer conoce bien el juego que juega cuando recurre a la cirugía estética y se esfuerza por vaciar el cerebro y rellenar el cuerpo para luego forrarlo con ropa diseñada para muñecas de carne. Es un despropósito total que estas respetables damas pretendan jugar el juego de la provocación y esperen de los hombres respuesta de muñeco de caucho. Vacío de deseo y sin sentimientos.

Nunca como antes en la historia del feminismo se había distorsionado de manera tan vergonzosa un asunto tan serio. Demos gracias a Dios que están muertas Virginia Woolf y Simone de Beauvoir y  sintamos vergüenza cada día de nuestra triste existencia por haber nacido en Colombia: el país de las putas, los traquetos, la violencia, la corrupción, la impunidad, el plagio, la injusticia, el feminismo del puterío y la tontería que tanto dañó le hace y le seguirá haciendo a las mujeres más tontas de esta tierra triste abandonada por Dios. Si Dios existe no debe saber que Colombia existe y ojalá que nunca se entere porque qué vergüenza el dizque feminismo que les dio por practicar aquí.

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