Nos separó la guisa

Andrés es un poco cruel.

Acaba de decir: a nosotros nos separó la risa y a ustedes los separó la guisa

¡Sí!

Todavía hablo con Andrés que en realidad es Juan Andrés

Con Juan -con el otro Juan- se acabó la bonita historia porque a la exnovia posesiva y asfixiante -que vive en otra ciudad desde hace varios años (pero nos tiene vigilados en Twitter y en Instagram desde cuando se enteró de mi triste existencia) le dio por encararme en público, me quiso armar bonche en Twitter, como diciendo Este hombre es mío.

Así no se puede

Decencia ante todo

Sentido de la estética

Eso es lo mínimo que nos debe caracterizar como seres humanos.

El amor pasa

Los buenos modales no se olvidan nunca.

¿Estamos?

Porno vía WhatsApp

El amor y el sexo son bienes escasos en estos tiempos confusos en los que se impone la desconfianza y, sin embargo, la gente quiere sexo y busca amor. Hombres y mujeres comparten acaloradas conversaciones en las que se manifiestan sus más secretos deseos y en el momento menos pensado se deshacen de la ropa y envían fotos y videos que luego compartirán entre risas con sus contactos más queridos.

Aunque tengamos pornografía convencional gratuita el morbo de ver gente real exhibiéndose nunca es algo que se desprecie porque el ojo es insaciable y el cuerpo femenino será siempre el objeto del deseo, no sólo porque formamos parte de una sociedad heteropatriarcal y opresora sino porque el cuerpo de la mujer es mucho más atractivo que el cuerpo masculino, tiene muchos más matices y despierta más deseos.

Una mujer inteligente JAMÁS, bajo ninguna circunstancia, debe tomarse fotos y grabar videos para compartir con su novio, esposo, amante, mejor amigo o conquista ocasional por más enamorada o entusiasmada que esté por una sencilla razón: el amor y el entusiasmo pasan y en cambio las fotos y los videos se conservan intactos y se pueden compartir hasta el infinito.

El feminismo de Javier Moreno

Javier Moreno (en Twitter @infrahumano) ha sido uno de los hombres más implacables conmigo de forma gratuita, ha usado los peores términos para referirse a mis cualidades físicas, psicológicas e intelectuales y ahora, cuando Carolina Sanín perdió la tutela en segunda instancia y parece haber quedado de forma definitiva sin derecho a seguir siendo profesora en la  Universidad de los Andes y probablemente en ninguna universidad colombiana, el ultramacho ha devenido en feminista y se ha solidarizado con las mujeres de forma majestuosa.

Lo más preocupante de estos arrebatos momentáneos de personas que parecen una cosa pero son otra completamente diferente es que muchas mujeres sometidas que posan de liberadas y autónomas celebran y aplauden las frases del Genio y a través de este gesto parecen convalidar su triste estado de sumisión. Están tan sometidas  las hermosas y frágiles damiselas que aplauden al tirano.

Estado de la situación: un grupo de mujeres tontas y dependientes de machos proveedores, concentradas en su valor como hembras, bien peinadas, maquilladas y de buenas maneras aplauden al ídolo disfrazado de la versión masculina de Virginia Woolf.

Para comenzar recordemos un insulto clásico del maestro del chiste en Twitter:

infrahumano

Rosa Elvira Cely fue violada, empalada y asesinada en Bogotá y el maestro del humor elegante quiso hacer un juego con mi nombre y de paso desearme un destino parecido. Mi nombre es Elsy Rosas Crespo.

Lo peor de todo es que estos “chistes” son celebrados y aplaudidos por mujeres que se llaman a sí mismas Feministas con F mayúscula.

Veamos el discurso feminista -muy propicio para el día de la mujer- sobre la injusticia que se cometió con Carolina Sanín. El propósito de Javier Moreno es quedar ante el público en general como un hombre justo, bueno, racional y amante de las mujeres aunque no sean sumisas.

Se trata de una cadena de tuits escritos en ese orden:

La universidad de Los Andes (en su afán de complacer clientes) terminó pegándole severa validada al matoneo machista contra Carolina Sanín.

Parte de la razón por la que eso pasó es esa tendencia de las universidades de tratar a sus estudiantes como niños caprichosos a complacer.

Eso viene, por supuesto, como ñapa del modelo de negocio que resuelven seguir: uno donde la educación es un producto que se adquiere.

En vez de hacer énfasis en el aprendizaje se promueve la adquisición de “títulos” como objetivo: meritocracia a la medida de los ricos.

Y ahí seguirán entregados al matoneo contra mujeres camuflados tras la excusa de un supuesto humor que la universidad se niega a confrontar.

Porque el cliente siempre tiene la razón. Y al cliente siempre hay que sonreírle, así diga las atrocidades más destempladas.

Y bueno, Sanín es un blanco fácil porque a la clase elegante educada (a la que pertenece) la ve como un animal rabioso, fuera de control.

¿La razón? Sanín salta varias de las cortesías imbéciles que esa clase se inventó para distinguirse (por diseño) de la plebe ignara.

Dice vainas que “no se pueden decir”. No se “comporta”. Decepciona como mujer: no se queda encerradita en la jaula que le corresponde.

“Es que es muy inapropiada”, dicen. Alguien de su clase y distinción no puede hablar/comportarse públicamente de ciertas formas.

Y de ahí saltan suavecito a un “bien merecido” que dicen en voz baja pero sin remordimiento alguno.

Lo que le cobran a Sanín es la “falta de modales”. Un hijueputa con modales nunca deja de ser alguien respetable. A veces incluso admirado.

Y bueno, con hombres la falta de modales se tolera ocasionalmente, cuando alcanzan cierta dignidad sacerdotal.

Porque de los hombres se espera cierta brutalidad verbal, claro. Para enfatizar la hombría.

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Ahí termina el discurso de hombre bueno y justo con las mujeres vulneradas y para rematar retuitea a dos mujeres sometidas conscientes de su minusvalía:

Hagamos algo, mujeres: numeremos las veces que en nuestra vida nos juzgaron por no cumplir con las expectativas de ser mujer. Las leo.

He recibido los mensajes más machistas por el Día de la Mujer. Agradezco el detalle pero no han entendido un culo. Agregó está payasada.

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Como se puede notar todo queda en la apariencia, en la superficie. Es casi seguro que el maestro @infrahumano fue uno de los centenares de internautas que matoneó sin ningún asomo de compasión a Carolina Sanín y ahora, cuando la ve perdida y burlada, vencida y humillada, se solidariza con ella.

Lo peor de este “feminismo” disfrazado, ejercido por los hombres más machistas  y celebrado por las mujeres más estúpidas, es que hombres y mujeres se abrazan unos a otros y se sienten moralmente superiores sin ver lo que se oculta detrás de esos discursos en los que se impone la apariencia; aquí la verdad y la justicia pierden todo el sentido. Lo importante no es ser sino parecer y recibir muchos favs y RTs

Feminismo y pornografía

Gracias a Alejandra Omaña (@AmarantaHank), supe de la existencia de Marina (@AmarnaMiller). AmarantaHank (colombiana, cucuteña, acuerpada, mujer de frontera y comprometida con el periodismo) parecía muy original, rebelde, con carácter, inteligente y hasta feminista y la admiración terminó cuando supimos que es una copia total de Amarna. Basta ver la carrera y las opiniones de Marina para imaginar en lo que se convertirá nuestra querida Alejandra.

Amarna tiene 26 años y Amaranta 24, mujeres jóvenes, vitales, llenas de deseo y dispuestas a satisfacerlo, una cualidad que no se sale de la generalidad de la mujer normal. Lo anormal sería que las niñas de esta edad pasaran el día entero cavilando sobre la evolución de la marsopa de cristal, la velocidad de los neutrinos, la naturaleza del tiempo y el espacio; la mayoría de las mujeres de su edad pasan casi todo el día pensando en sexo porque la naturaleza es cruel y Dios (si existe) se ríe de nosotros.

Amarna y Amaranta (discípulas de Henry Miller y de Charles Bukowski, según ellas) son claras en que están ávidas de sexo y quieren saciar todas sus fantasías. Ellas están en todo su derecho pero la pregunta es por qué lo tienen que hacer público y lo quieren mezclar con periodismo, arte, literatura y feminismo cuando todos sabemos que son campos completamente diferentes. A las dos les parece divertido hacer lo que más les gusta, que les paguen por hacerlo y que nosotros disfrutemos viéndolas trabajar pero qué sentido tiene aparecer como artistas o feministas cuando el 99% de sus espectadores están pensando en sexo y sólo en sexo cuando las oyen; las ven como actrices porno que se salen un poco de su libreto y se presentan como mujeres emancipadas y esa es la gran novedad, el gancho que ellas usan para vender más y para no parecer simples muñecas de carne.

No, Amarna y Amaranta no son simples objetos carnales, son  mujeres con ideas claras y talentos bien identificados. Esa es la novedad, son actrices porno con discurso.

Cuando la gente ve pornografía no se interesa casi nunca en la trayectoria intelectual de la actriz, en sus gustos estéticos, de qué lado de la cama duerme cuando está sola o cuál es su serie favorita porque ante la escena pornográfica el ser se anula y el ojo se concentra sólo en el cuerpo y en lo que quien está detrás de la escena quiere que pase con ese cuerpo a través de otros cuerpos, es una sucesión de miradas sin participación de la palabra, todo se concentra en el ojo, en ese momento crucial sobran los discursos y la ideología porque no tienen sentido en este contexto, no cabe la racionalidad, sólo existen el deseo quien observa, carne deseosa observando actos carnales de seres anónimos a través de la pantalla. No hay un cuerpo, hay cientos de cuerpos disponibles en la web y de esos centenares de cuerpos los espectadores saben el nombre de dos o tres mujeres no precisamente porque quisieran saber cómo son fuera de cámaras, cómo piensan, sino porque corresponden exactamente a su fetiche.

Hay cientos de mujeres trabajando en la pornografía, como hay cientos de mujeres ejerciendo la prostitución y a estas dos mujeres les pareció muy inteligente y original (más a Marina que a Alejandra) decir que son feministas y entre más lo pienso más me convenzo de que no hay ninguna relación entre feminismo y pornografía por una razón muy simple: la naturaleza del cuerpo de la mujer, sus particularidades. El cuerpo femenino es mucho más complejo que el masculino, todo en el cuerpo de la mujer está hecho para ser contemplado, tocado, disfrutado y por eso la pornografía se concentra en la mujer y manipula esos cuerpos hasta el límite. Mirarlas ya es un placer, ver cómo se visten y luego caen las prendas, ver los rostros, las formas de caminar, las curvas y luego ver esa belleza en movimiento convertida en muñeca de carne realizando actos acrobáticos hechos a la medida de la imaginación de quien está detrás de la actriz, de quien la dirige. Mujeres tratadas como muñecas de carne para saciar la imaginación y el deseo del espectador. Eso no tiene nada que ver con feminismo, tiene que ver con machismo, con el hecho de ver hasta dónde llega la imaginación masculina, sus fantasías hechas realidad a través del cuerpo de mujeres reales exhibidas para millones de ojos que contemplan gratis este triste espectáculo.

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Matrimonio y presión social

Hasta los 42 años viví sola y el hecho de vivir sola formaba parte de mi plan de vida: era una mujer emancipada, había leído todos los tratados de la feminista elegante, sabía lo que hacía y me sentía bien pensando en el pasado y en el futuro. Estaba orgullosa de mi inteligencia y de mi carácter para tomar decisiones de tal envergadura en una asquerosa sociedad en la que todavía se considera que la mejor carrera para una mujer sigue siendo el matrimonio y la maternidad.

Antes de los treinta la presión más fuerte de parte de mi prójimo consistía en convencerme de que tuviera un hijo, aunque sea un hijo en vista de que no desea un hombre. Una mujer sola parece no valer nada ante la mirada de mucha gente.

En vista de que me negaba a ser una devota esposa, podría darme el lujo de tener un hijo, de realizarme como mujer, de ser una madre ejemplar, una hermosa madre cabeza de hogar que sacrificó su vida y su juventud por amor, por sacar a su hijo adelante, sola. ¡Pobrecita!

Voy a cumplir dos años durmiendo todas las noches con un hombre al lado, no permanecemos como siameses porque él tiene su vida y yo tengo la mía, no me cuida ni me protege porque no necesito que me cuiden ni me protejan puesto que no tengo problemas de déficit cognitivo, porque trabajo y tengo definido el rumbo de mi vida desde hace mucho tiempo.

¡Pero qué peso tan grande me quité de encima sólo por dormir todas las noches con un hombre al lado!

Mi familia ha dejado de llamarme por teléfono y ahora son más escasas las invitaciones para divertir a la tía. Si la tía no iba a algún festejo lo tomaban como que la tía es un poco amargada; si la tía se divertía más de la cuenta debe ser porque su vida es tan miserable que se pasa de divertida cuando se reúnen con ella.

Los vecinos también me tratan con más respeto ahora, las señoras casadas han dejado de mirarme con recelo y los señores han dejado de mirarme con mirada pícara de soltera sin compromiso. De mujer necesitada de macho para que la caliente en estas noches tan frías.

Pero lo más cómodo de mi nuevo estado es la reacción de los lectores en Twitter. Hace dos años casi todo lo que escribía, el tono en que lo escribía se debía a que vivía sola, así interpretaban mi supuesta agresividad. Lo del novio es irrelevante: una mujer de 42 años no debe tener novio sino esposo o “compañero sentimental”, novio no, si tiene novio sigue siendo solterona. Por tener 42 años y vivir sola se daba por hecho que era depresiva, amargada, loca, sola, sin vida sexual, con dos o más gatos y muchas matas para consentir… Nada de eso es cierto, mi vida es más o menos igual a la de hace dos años, la gran diferencia consiste en que jugamos a la casita con Andrés y ha sido muy divertido, no es nada serio porque aquí no hay niños que le puedan poner seriedad, no somos una familia feliz.

Andrés y yo hemos sigo testigos de los dos tipos de trato durante nueve años. El ha estado ahí viendo cómo él es neutro, él no existe, él sólo es un hombre y su condición no cambia si está solo, si tiene novio, si vive con una mujer y si tiene gato. Pero una mujer de 42 años sin marido es un asunto muy particular.

Dos años de convivencia con un hombre me han puesto a pensar en la presión social tan fuerte que tienen las mujeres, en el sentimiento de valía que recae sobre ellas a partir de su estado civil. No importa si una mujer se siente bien estando casada o si se siente bien compartiendo su vida con un hombre, lo que importa es que viva con un hombre. Parece que no importara nada más.

Andrés es un hombre bueno, dulce y noble. No es celoso, agresivo, infiel, alcohólico ni depresivo. No afecta mi vida personal ni intelectual de ninguna manera y eso es maravilloso. Pero pienso en todas las mujeres que soportan hombres desagradables y malos, agresivos y machistas, hombres que saben que viven con mujeres que soportan todo tipo de malos tratos y saben que las mujeres soportarán hasta el último momento porque es más respetable una mujer con un hombre que una mujer sola, aunque la mujer sola viva en las mejores condiciones, aunque se sienta muy bien viviendo sola y no tenga necesidad de justificarlo.

¿Por qué es así de triste la vida?

Zonas húmedas: ir al fondo de las cosas hasta vomitar

Helen es una joven de 18 años que se llama a sí misma Helen en su discurso autoreflexivo mientras se prepara y se recupera de una operación de culo: “Estoy horrorizada con el ojo de mi culo, mejor dicho, con lo que ha quedado de él. Es más ojo que culo” (Roche. 2009: 47). Es observadora, analítica y está obsesionada con la verdad, la verdad relacionada con el cuerpo, la sexualidad femenina y los “desechos”; le acaban de extirpar un trozo de carne que colgada de su culo, y ella necesita ver qué es, en qué se ha convertido esa parte que era suya:

Las cosas siempre salen de manera distinta a como te imaginas. Por lo menos me imagino algo y me figuro ese algo hasta el mínimo detalle; pregunto para contrastar con la realidad y saber más que antes. Así lo he aprendido de papá. Ir al fondo de las cosas hasta vomitar. O casi. Estoy contenta de haber visto lo que fue mío antes de que termine en la incineradora de los residuos hospitalarios (Roche. 2009: 77).

Su madre, una señora pulcra, no le ayuda mucho a resolver sus dudas, al contrario, ha hecho de la niña un ser tímido y avergonzado con su propio cuerpo que lucha sin tregua para erradicar sus prejuicios relacionados con la corrección y la higiene femenina. Helen está obsesionada con la “naturaleza”:

Todos somos animales deseosos de copular. Y preferiblemente con seres que huelen a coño – El olor a chocho, polla, sudor, nos pone cachondos a todos- La mayoría de la gente está desnaturalizada y piensa que lo natural apesta y que lo artificial huele a gloria (Roche. 2009: 22).

El origen de la enfermedad de Helen tiene que ver con la educación recibida de su madre:

Que en los asuntos del coño sea tan sana y en los del ano tan estrecha, se debe a que mi madre me adoctrinó en una cagafobia inmensa. Cuando era pequeña me decía muchas veces que ella nunca hacía aguas mayores. Y que tampoco tenía necesidad de tirarse pedos. Que se le guardaba todo adentro hasta que se disolvía. Lógico, pues, que yo esté como estoy (Roche. 2009: 73).

Helen disfruta comiendo, saboreando los “residuos” las costras, los fluidos de su cuerpo y los de otros:

Y así me bebí por primera vez en mi vida los vómitos de otra persona, y a litros. Mezclados con los míos. A grandes tragos y alternando. Hasta que el cubo quedó vacío (Roche. 2009: 63).

Sus placeres favoritos son el sexo con hombres y con mujeres, el goce con su propio mal olor, masturbarse y masturbar, cultivar aguacates y frecuentar el puticlub para resolver dudas, para ver, preguntar y practicar, siempre con mujeres, preferiblemente de raza negra:

Hace poco, en una de mis excitantes visitas al puticlub, aprendí algo más sobre hemorragias y tampones. Resulta que ahora frecuento a menudo esos sitios para explorar el cuerpo femenino. Porque difícilmente puedo preguntarles a mi madre o mis amigas si están dispuestas a abrirme un rato sus vaginas para que pueda satisfacer mi lúbrica sed de conocimientos. No me atrevo (Roche. 2009: 109).

Helen no quiere ser una mujer cuidada, las desprecia:

Las mujeres cuidadas se hacen las uñas, las manos, la cara, los labios, el pelo, la piel, los pies, se pintan, se depilan, se tiñen, se rizan, se esmaltan, se exfolian y se untan con crema.

Se sienten tiesas como una estatua rococó porque cuánto trabajo han invertido y quieren que les dure el mayor tiempo posible.

¡Quién se va a atrever a sobar y follar a esas tías!

Todo lo que se considera sexy, el pelo revuelto, los tirantes cayéndose de los hombros, el brillo de sudor en la cara, de una imagen de desorden, sí, pero llama al toqueteo (Roche: 209: 101).

A Helen le gusta el olor de su propia sangre:

Cuando follo con un chico al que le guste que esté sangrando, dejamos la cama hecha una marranada a lo gore. También me encanta que me lo chupen. De hecho, es una especie de prueba de fuego para él. Después de terminar, levanta la cabeza y me mira con la boca pringada, y yo le doy un beso para que los dos parezcamos un par de lobos que acaban de cepillarse un venado (Roche. 2009: 104-105).

La madre de Helen, como la mujer ejemplar que es, espera que su hija sea madre y abuela. Helen se ríe de ella mientras la oye hacer sus planes:

Al llegar a los dieciocho mi vida ha mejorado mucho, pero también es más cara. Primero, la esterilización. Novecientos euros con anestesia incluida (Roche. 2009: 109).

Helen es una mujer autónoma, decide sobre su cuerpo y decide con quién sí y con quién no, es truculenta, una habilidad no precisamente “femenina”:

Cuando he quedado con un chico para follar después, uso un truco genial como prueba. Como prueba de que soy yo la autora intelectual del polvo y que éste no es producto del azar. De hecho, esas salidas empiezan sin ninguna garantía, no se sabe (Roche. 2009: 97).

Esta novela, es y será una novela que generará polémica. Harod Bloom no sabrá qué hacer con ella, a críticos como él no les interesa mucho ir al fondo de las cosas hasta vomitar si no hay suficiente poesía y en este libro no hay mucha poesía, hay mucha verdad dicha de forma ofensiva, asquerosa, nada que ver con Emily Dickinson ni con Virgina Woolf. Está más cerca de la prosa de Marguerite Duras en El amante, especialmente si se observa desde la inversión de los valores: la mujer escoge, la mujer narra, la mujer goza, la mujer decide, la mujer abandona. A las feministas radicales este libro les debe parecer toda una revelación, pueden encontrar citas abundantes para argumentar sobre la emancipación femenina; si son feministas radicales de las que odian a los hombres y, por esa razón, considerarán que la mejor feminista es también lesbiana concluirán fácilmente que en esta novela lo que hay es un bello canto al lesbianismo. En fin, una novela que vale la pena leer y que se basta a sí misma, se explica y se justifica con su propio estilo.

Roche, Charlotte. Zonas húmedas. Barcelona: Anagrama. 2009. 206 páginas.

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