De la pantalla al papel

La mayoría de la gente no sabe por qué usa redes sociales

La mayoría de la gente no sabe para qué sirve crear y nutrir un blog

La mayoría de la gente no sabe quién es, qué quiere, que le gusta, de dónde viene ni para dónde va.

En tiempos de redes sociales y de telefonía móvil todos parecemos nivelados por lo bajo, parecemos parte de la masa y nos confundimos con la masa para poder analizar a la masa de primera mano, sin intermediarios ni intérpretes. Puro trabajo de campo permanente y en pie de lucha no precisamente para adoctrinar sino para educar, educación con látigo hasta que todos entiendan la lección.

Hay quien cree que los lectores, los profesores y los intelectuales no deben estar aquí porque son gente seria y distinguida que no se junta con la masa infame y que sigue investigando a la usanza antigua, como en pleno siglo XX.

¡Ellos son los que se pierden la experiencia!

Desde 1999 publico en internet porque quería saber qué significa ir contra la corriente, no del papel a la pantalla sino de la pantalla al papel.

El papel es del siglo XX y la pantalla es del siglo XXI pero en todo proceso de transición pesa más lo antiguo, que se resiste a morir y a desaparecer como desaparece todo en la vida.

Como lectora de libros en papel que alcanzó a publicar en papel y luego se pasó a la pantalla puedo contarles que pasar de la pantalla al papel es mucho más revelador cuando se trata de seleccionar lo más bochornoso de un blog que lo más selecto de una serie de ensayos eruditos escritos por la intelectual seria y rigurosa que era yo entre 2000 y 2002.

La pantalla cambia los hábitos de lectura y el estilo en la escritura, que no es necesariamente trivial.

Leer en papel los textos que provocaron la ira de la horda produce risa y asombro porque en medio del cinismo hay momentos sublimes llenos de emoción no fingida, humor tan bueno que me hace reír a mí misma porque había olvidado algunos fragmentos sublimes y ahora la Apuesta consiste en pasar de nuevo a la pantalla aquello que pasó por el papel luego de haber pasado por la pantalla.

No voy a escribir cien libros para demostrar que tengo talento porque estoy segura de lo que soy, de lo que tengo y de lo que valgo. Van a ser sólo cinco libros que se devorarán unos a otros.

De Amando a Elsy odiando a Ensayista serán dos volúmenes y van tres con el libro de ensayos que escribí para enseñarme a vivir a mí misma. No me interesa volver a leer ese libro porque aprendí bien, casi de memoria, esas lecciones de vida y de sabiduría que me di a mí misma. Escribí esos textos para enseñarme a vivir y creo que valió la pena.

Los dos libros que faltan espero escribirlos durante los próximos veintidós años. Es un proyecto ambicioso y lograré la meta si empiezo a vivir mucho más despacio a partir del 9 de junio de 2020. Ese es el propósito inicial.

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Amando a Elsy odiando a Ensayista

Por sugerencia de mi sobrino decidimos recoger “mi obra” digital en volúmenes impresos para que no se roben mis bellas composiciones, para que los lectores del futuro sepan que esos textos fueron escritos por lo que Barthes, Ricoeur y Foucault llaman un Autor.

El primer libro recoge los ensayos publicados en revistas digitales entre 2000 y 2005, el segundo es la selección de los posts más poéticos, eruditos, memorables, graciosos, crueles, erótico-pornográficos, esotéricos, polémicos, los que casi me cuestan la vida, la honra, la dignidad y el trabajo desde 2006 hasta 2012.

Todavía no tengo un volumen en las manos pero se ve muy prometedor y el plan consiste en seguir recogiendo en libros lo más meritorio de aquí hasta el futuro.

Para que quede más claro el asunto vamos a compartir la Idea de mi sobrino de nuevo:

En 1996 -cuando yo tenía 26 años- nació un lindo bebé. Ese niño tiene ahora veinte años y es una de las personas más asombradas ante las dotes de la tía, me admira con locura desde que nació, lo nuestro fue amor a primera vista. Ha tenido el privilegio de compartir su vida entera conmigo aunque nunca hayamos vivido en la misma casa y ha sido testigo de mis procesos y mis cambios. Me lee con la emoción de la gente inteligente y se sorprende ante mi talento innato y mi versatilidad.

Nunca nos hemos dicho cuánto nos amamos porque no somos cursis, pero los dos temblamos de emoción cuando nos vemos y yo le cuento lo que hago, lo que leo, lo que escribo; le hablo de mis amigos y de los que se toman por mis enemigos, le doy consejos sabios, le regalo libros y le resumo con lujo de detalles mis libros favoritos, mis películas favoritas y después le cuento por qué es tan importante aprender a vivir y la forma en que debe ser usado el conocimiento: la ciencia, el arte y la filosofía. Siempre ha confiado en mí porque es una persona inteligente, es mucho más inteligente que yo, mucho más adelantado que yo y seguramente ve mucho más allá de lo que puedo ver yo y porque es un niño prodigio está un poco preocupado.

Está preocupado porque cree que soy muy despreocupada, porque llevo al límite el hecho de no darle importancia a nada, cree que algunos de los textos que he escrito aquí son tan buenos que podrían ser usurpados cuando muera y no es justo que eso pase. Cree que hay que tomar medidas al respecto.

Cuando me entero de estos hechos me siento como Van Gogh ante Teo, como Virginia ante Leonard, como kafka ante Max y debo reconocer que es muy emocionante. Mi sobrino podría llegar a ser mi Quentin Bell y eso sería maravilloso.

La madre de ese niño, es decir, mi hermana, me conoce desde hace mucho más tiempo, desde hace cuarenta y cinco años, para ser precisos; ella sí que conoce la historia de mi vida y es mi más ferviente admiradora, hemos estado juntas siempre aunque hayamos vivido muy poco tiempo en la misma casa y ella también sueña con ver esto que escribo mucho más allá de la pantalla. Durante años me ha pedido que publique un libro porque quiere verlo en su biblioteca, quiere ver mi nombre en el papel.

Le doy todas las razones para no hacerlo y ella siempre termina dándome la razón, pero al ver que el tiempo pasa, el material es mucho más abundante, aparecen más admiradores y algunos crueles detractores que sueñan con verme muerta, loca o perturbada, está decidida a hacer algo: si no lo hago yo lo hará ella, dice. Esta dispuesta a interceder por mí para convertirme en la autora que, según ella, merezco ser.

Mientras pienso en esas preocupaciones y propuestas -que no han sido manifestadas sólo por mi hermana y mi sobrino sino por quince o veinte personas más- pienso también en la gente insensible y descorazonada que me lee no con admiración sino con odio, pienso en esos seres perversos y malvados que sueñan con un final infeliz para mi vida y me ponen todo tipo de trampas y trabas para hacerme desfallecer. Trato de ponerme en su situación y creo entender la naturaleza de sus sentimientos, debe ser extraño encontrarse ante tantos contrastes, sé que algunos textos tienen la fuerza y la furia de la página escrita por un borracho o por un pobre hombre perdido en las drogas; otros son escritos con la claridad y contundencia de un gran erudito, no de una pobre y simple mujer; otros tienen la elegancia y la erudición digna de una dama de alcurnia y no de una simple ama de casa y otros -los más perturbadores- están cargados de un erotismo desbordante y malsano que no parecen hacer juego con el humor que se despliega en otras composiciones. Sospecho que el origen tiene que ver con la confusión, con vivir con la sensación permanente de que nada queda del todo claro y ante la incomprensión la salida más fácil es el odio, el sentimiento más vil y despreciable.

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Si los sueños de mi hermana y mi sobrino se ven truncados deben saber lo siguiente, queridos amigos y enemigos, admiradores y detractores:

Me basta con saber que estos textos han sido leídos con atención por millones de ojos de todos los tipos y colores durante los últimos diez años y han generado todo tipo de reacciones: desde peticiones de matrimonio hasta amenazas de muerte.

Me basta con saber que tengo la libertad absoluta para escribir lo que escribo sin preocuparme porque mis problemas con el alcohol o con las drogas son las que me llevan a escribir como escribo. Quien escribe no es una vieja borracha ni una marihuanera o heroinómana al borde del suicidio, no, lo que me domina siempre es la lucidez.

Me basta con saber que no estoy enferma, que esta “obra” es escrita desde la salud, la plenitud y la vitalidad, no desde la miseria de la vida.

Me basta con saber que mi salud mental es plena, lo que leen no son textos de una persona perturbada por la depresión, la locura y cualquier otra enfermedad de moda en nuestro tiempo.

Me basta con saber que no escribo desde una prisión, que mis gritos no tienen nada que ver con la impotencia ante la crueldad y el abandono al que me tienen sometida mis verdugos.

Me basta con saber que no escribo desde la pobreza, desde la miseria ni desde la ambición. No necesito que me paguen por escribir y tampoco espero enriquecerme a costa de la escritura.

Me basta con saber que soy una persona común que se da el lujo de caminar por cualquier calle, comer cualquier cosa y hablar con cualquier persona porque no tengo la marca del artista ni del intelectual.

Me basta con saber que estoy más cerca de los santos que de los sabios y de los humildes que de los arrogantes y que eso lo saben bien las personas que me conocen, especialmente mi hermana y mi sobrino.

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Si llegara a morir hoy o mañana o pasado mañana, sepa usted querido lector y querido usurpador, que esta obra ya tiene dueño. Hay dos personas que se quieren hacer cargo de ella: mi hermana y mi sobrino. Mi hermana es una mujer con una fuerza y una arrogancia mucho más fuerte que la mía, una mujer admirable y capaz de hacer todo lo que se propone y mi sobrino no es de este mundo, es un joven que todavía no sé cómo describir porque suelo desfallecer ante su simple presencia.

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La Apuesta

En 2006 inicié una cruzada contra la estupidez universal y me sentí satisfecha con los resultados.

En 2010 inicié una cruzada contra un tipo de estupidez particular: la colombiana.

Fue una lucha a muerte en la que hordas insumisas de masas anónimas se hicieron bastante visibles precisamente porque se trataba de una gigantesca masa sin forma definida que asumía tener una especie de poder, el poder de la masa invisible que puede parecer real en el mundo virtual donde no vemos caras ni nombres y precisamente por esa razón vomitan odio y amenazas escudados en el poder que concede el teclado.

Uno o uno, una a una fueron cayendo las vacas sagradas ridiculizadas por mi estilo implacable y ahora todos están mudos sin necesidad de bloquearlos, la Comunidad Virtual Colombiana está mansa como un corderito y leen en silencio a esta Su Servidora.

La masa anónima me dio la razón, aprendieron a respetar a los mayores, a la señora seria y exigente. Siento que se resignaron y saben que no vale la pena pelear porque de entrada saben que van a perder y ahora esperan que me manifieste, que después de conocer de memoria mis destrezas para la guerra me disponga ahora sí a expresar mi Verdad de forma tranquila,  sosegada, sin mirar a los lados, hacia atrás ni hacia adelante; ahora quieren oír con atención a la Señora, a la persona que querían callar porque les parecía un chiste ejecutar el papel de censores e intimidadores con una pobre mujercita  y entonces esta es la Apuesta:

Tengo la atención del público, están dispuestos a oír con las orejas bien paradas, a leer frase por frase y entonces la meta ahora es mucho más compleja porque el público está en silencio y atento, listo para aprender de la sabia, de la Elegida, y yo debo estar dispuesta a pronunciar tan selecto discurso en el que no se trata de pontificar porque ya pontifiqué desde 2002 hasta 2005 ni de regañar y ridiculizar (porque ya lo hice durante mucho tiempo) sino de pronunciar ahora sí la Palabra. En eso consiste el nuevo reto.monja

¿Quién es Isis Giraldo y por qué está tan crecida?

Twitter fue una red social medianamente poderosa entre 2010 y 2015, una pequeña red constituida por gente con la sospecha de que tiene algo que decir y lo dice sin pudor ni bases mínimas de redacción ante una audiencia muy pequeña y poco ilustrada que se siente inteligente dando y recibiendo favs y rts como si se tratara de dinero en efectivo, una red de gente “importante”, “crítica” y “empoderada” sin vida real que chatea en público y en privado sobre temas que consideran de la mayor importancia en medio de su estrechez mental y su ignorancia altanera y atrevida.

La mayor parte de la gente que usa Twitter no escribe sino lee horrorizada porque no deja de escandalizar el hecho de que un grupo pequeño de personas que no han leído más de diez libros a lo largo de su miserable existencia se tomen por el centro y fin del Universo mientras la gran mayoría de los demás seres humanos -gente con otras enfermedades mentales y adicciones- están en Facebook, Instagram,  YouTube, Wikipedia, viendo porno interracial, viendo pasar la vida como cualquier otro animal doméstico o rompiéndose el coco con drogas legales o ilegales, televisión, series o radio hedionda casi tan despreciable como todas las redes sociales juntas.

La mayor parte de la gente no tiene cuenta en Twitter y la mayor parte de la gente que la usaba de forma frenética hace cuatro o cinco años ha dejado de escribir o escribe mucho menos que hace seis o siete años por una simple razón: ya dijeron todo lo que tenían que decir y se fueron para otra parte o siguen aquí pero sólo leyendo barbaridades.

Casi todos los tuiteros escribientes son adictos, están enfermos, se toman por voces autorizadas, se dan valor entre ellos en medio de su locura, su falta de inteligencia, de sentido práctico o de mejores ideas para matar las horas.

Cada quien en su locura, en su mundo de mentiras,  en su solipsismo, pero nadie tan vilmente autoengañado como el tuitero que asume que está cambiando el mundo o influyendo en los demás en pleno 2018.

En este momento quedan en la red tonta los adictos, los nuevos y los que creen que son famosos e influyentes porque están ahí desde hace más de cinco años o tienen más de diez mil seguidores. Uno de esos pobres seres que inspiran un poco de compasión mezclada con risa y asombro es Isis Giraldo y tres tuits bastan para corroborar que se siente la nueva Ensayista, la rebelde iconoclasta parresiasta incomprendida que ve donde los demás no pueden ver y llega hasta donde nadie más puede llegar porque está más allá del bien y del mal, del amor y el odio, del miedo y del amor al dinero, al poder, a las amistades influyentes, al aplauso virtual, a los amigos de mentiras, a los favs y a los rts ganados a cambio de copas virtuales que terminan siendo más tontas que el cibersexo y la masturbación juntas.

¿Por qué Isis Giraldo se empeña en imitar lo que fui en Twitter y lo que soy en este blog? ¿Por qué posa de intelectual reputada sin serlo? ¿Por qué finge descubrir lo que yo descubrí hace más de cinco años? ¿Por qué quiere posar de víctima cuando sabe hacerse aplaudir por la masa estúpida que finge ser civilizada e ilustrada cuando son apenas unos sobachaquetas lamesuelas profesionales buscando contactos influyentes en las redes para parecer gente importante?

Estas son las reflexiones de Isis tratando de ser yo sin lograrlo. Ojalá supiera lo que significa vivir lo que he vivido en manos de colombianos, pobre mártir, ojalá supiera lo que es ser vilmente censurada, maltratada, humillada, amenazada de muerte, perseguida en las calles, calumniada de todas las formas posibles por la gente más despreciable que existe en este proyecto de país.

¿Por qué este remedo de intelectual rebelde pretende presentar ahora como asunto de la mayor importancia y como si se tratara de Ideas Originales los temas que he tratado desde hace más de diez años en internet?

¿Dónde se nos quedó tirada la decencia?

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¿Qué es Twitter después de ocho años?

Creé una cuenta en Twitter en 2010 y todavía no renuncio a esa red como he renunciado a todas las demás porque como objeto de estudio sigue siendo fascinante. Twitter es una red muy pequeña que se va reduciendo cada día más y va quedando la gente más mezquina, con menos carácter, con más baja autoestima y más abandonada.

¿Cómo veo el comportamiento de los usuarios colombianos en esta red y cuál es el perfil psicológico de los más activos?:

Twitter es más adictivo que el basuco y la prueba es que muchos usuarios se han despedido hasta diez veces para siempre regresar más enfermos y más adictos, la última vez siempre regresan peor que la anterior. El síndrome de abstinencia es poderoso y dudo que algún psiquiatra o psicólogo sepa cómo sacar a una persona adicta a la tonta red que lo ata y no lo suelta. Si el opio es la cadena de ocho vueltas Twitter le debe haber dado más de doce vueltas a los que se han despedido más de doce veces y regresan como si nada, sin asomo de rubor.

En Twitter la gente no es necesariamente fea pero se siente muy fea y ese problema los lleva a obsesionarse con otras personas para tratarlas de feas, esa es la misma razón por la cual la mayoría de los usuarios se niegan a mostrar su rostro y se escudan detrás del rostro de una persona bella, sensual o enigmática. Todos sabemos que decirse feo es asunto de niños de preescolar. ¿Quién no ha oído a un niño de tres años diciéndole a un adulto en tono de reproche?: ¡Yo a usted ya no la quiero, usted es fea! Ha pasado de moda atacar en masa a una persona por fea pero el tiempo me ha permitido constatar que la gente fea de Twitter  se siente inconforme con su propia cara (aunque no sea precisamente la cara de un monstruo) y goza asumiendo la actitud de un niño de tres años peleando con la tía que no lo quiere llevar al parque.

En Twitter no se impone la justicia ni la decencia sino el linchamiento y el odio y dar el nombre propio y poner la cara tiene sus riesgos. Hemos visto gente que ha sido obligada a renunciar a un cargo público, otros se han tenido que ir del país, otros han tenido que ir al psicólogo o al psiquiatra después de un ataque de tuiteros en manada. La falta de amor propio y el abandono se suman a la frustración, la frustración lleva a la ira y la ira de muchos se convierte en una gigantesca bola de mierda que le puede derribar la casa, la vida y la honra a una persona en un fin de semana.

En Twitter se vive la ilusión de amistad y esas amistades de mentiras se alimentan de conversaciones insulsas entre la gente que se siente fea; lo más seguro es que no tienen muchos amigos en la vida real y de tenerlos los dejan sentados en la mesa hablando solos como bobos mientras ellos miran el teléfono porque para ellos es más vital responderle una interacción a la amiga virtual que mirar a los ojos a una persona real. Los enfermos no diagnosticados y no tratados, por supuesto, pasan todo el día chateando en Twitter sobre temas intrascendentes, se favean y se retuitean sus bobadas y se jactan de su red de amigos, una red de amigos sin amigos.

En Twitter las Causas nunca han pasado de moda y a pesar de que se ha comprobado durante casi diez años que muy pocos tuiteros se han enriquecido, han encontrado marido rico y se han convertido en famosos de verdad, figuras influyentes y respetables gracias a sus tuits, siguen remando con entusiasmo con la idea de que algún día verán los frutos que no llegan. Años y años de trabajo perdido exponiendo sus vidas privadas, sus vergüenzas privadas, sin ningún tipo de pudor, sin amor propio, y siempre con la ilusión de que la exposición se vuelva rentable y esperando se quedan. Exponen el cuerpo, exponen a la madre, a toda la familia, a la mascota, luchan por las mujeres, por las reservas, por los derechos de los sin derechos. No creen mucho en la Causa, es una puesta en escena y no se cansan de insistir, de seguir arando en el desierto.

En Twitter abunda la frase sabia y la reflexión profunda, mucha cháchara y poca Sabiduría; las frases hermosas se escriben para proyectar, para representar, nada de eso tiene que ver con el ser, ni siquiera con el tener.

En defensa de la realidad real y la salud mental

Todos los días de mi vida alguien que me conoce bien me sugiere que no use más Twitter, que no le hable más a oídos sordos, que no pierda más mi tiempo en un espacio virtual tan lastimero donde abundan las personas solas, tristes y abandonadas; los que han fracasado en las relaciones humanas cara y cara y en el amor, los feos, los tímidos, los resentidos, los inseguros, los faltos de amor propio, de cariño en la infancia, de afecto no disimulado.

Los envidiosos y odiadores por convicción usan este medio para vomitar toda la ira y frustración que los carcome porque es su única forma de sentir que existen, de que tienen voz y viven con la ilusión de que la suma de muchas personas como ellos dan la impresión de gallardía y hasta de poder; gente que se solaza en su propia podredumbre, en su ignorancia altanera y atrevida, en su grosería sin límites asumida como cualidad y una contundente muestra de carácter y originalidad.

Twitter es la única salida posible que calma a estas pobres almas atormentadas y si no actúan de esa manera estallan, mueren de dolor o salen a hacerle daño a gente real en la realidad real. Twitter es su psicólogo, su muro de los lamentos, su forma de manifestar lo que ha hecho de su ser la suma de frustraciones consecutivas y fracasos contundentes.

¿Que hago yo en Twitter entonces si tengo vida, si me siento querida por la gente en el mundo real real, si me siento orgullosa de la historia de mi vida y si sé que estoy en el peor de los mundo?

Les respondo el 1 de enero de 2019.

 

La intimidad como espectáculo

En muy pocos libros se analizan los textos escritos que se producen hoy en la red por personas conocedoras del tema, por intelectuales interesados en textos de ficción en soporte web como parte de la historia de la escritura y de la literatura, como parte del estudio de temas tan actuales desde hace más de cincuenta años como son: la muerte del autor, el ocaso de la novela y el fin del arte.

Paula Sibilia, en La intimidad como espectáculo, nos presenta el triste panorama que estamos viviendo desde hace ya bastante tiempo en lo relacionado con el yo narrador, la figura del autor y  la creación de este autor, con las obras que produce, quién las produce, con qué propósito, quién las ve, cómo se exhiben, quién gana con la exhibición…

El libro está dividido en nueve partes:

El show del yo.

Yo narrador y la vida como relato.

Yo privado y el declive del hombre público.

Yo visible y el eclipse de la interioridad.

Yo actual y la subjetividad instantánea.

Yo autor y el culto de la personalidad.

Yo real y la crisis de la ficción.

Yo personaje y el pánico de la soledad.

Yo espectador y la gestión de sí como una marca.

Es un libro erudito que nos recuerda los textos más representativos de Walter Benjamin, Virginia Woolf, Marcel Proust, Friedrich Nietzsche y Guy Debord, entre muchos otros, en temas relacionados con procesos de escritura, figura del autor, materia para la narración, el arte de futuro, el comercio del arte, la preeminencia del arte sobre el artista y el propósito buscado por el autor en el momento de aventurarse en el ejercicio de la escritura o de cualquier otro tipo de creación.

 La sociedad del espectáculo, “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” y Ecce Homo se constituyen en los textos fundamentales a partir de los cuales se articulan las ideas centrales, que no son nada alentadoras y que en un lector culto y atento pueden llevarlo a replantear el papel que juegan sus textos en la red, en un blog por ejemplo, en un espacio tan banal como el soporto que uso para redactar y publicar esta reseña, precisamente.

La autora considera que los blogs y YouTube son los grandes soportes para crear historias y que casi todas las historias que se presentan en esos espacios son historias banales narradas por gente común que busca ser vista y leída y que para conseguirlo se valen de estrategias que en muchas ocasiones atentan contra su dignidad como seres humanos. A ellos no les importa, lo que de verdad importa es que los vean y los lean.

Los textos que circulan en la red son en su mayoría textos de gente común, personas que quieren ser visibilizadas, reconocidas y remuneradas, lo que esas personas no saben es que las usan. Hay una parte del libro relacionada con el trabajo de marketing que hay detrás de las grandes pequeñas figuras de la web, la gente que se siente triunfadora porque le sirve a una marca.

Hay un gran despliegue a lo largo del libro sobre la forma en que se ha perdido la obra para destacar la figura del autor, ya no importa qué se escribe sino quién lo escribe y qué se sabe de esa persona, especialmente sobre su vida privada. Los lectores y espectadores no esperan historias bien narradas sino hechos reales de gente común, gozan viendo cómo se va narrando una vida, no importa de quién sea, y quieren conocer muchas vidas, no sólo una. Y una vida narrada da paso a otra vida y no hay cuándo parar porque todos los días en los blogs y en YouTube podemos presenciar historias nuevas y eso es lo que busca quien exhibe su vida y quien la contempla: exhibirse como se exhibe otra gente en los programas de televisión más escabrosos que todavía mucha gente sigue tomando en serio mientras los ve. No importa que la imagen personal se deteriore, lo que de verdad importa es capturar lectores y espectadores y sentirse famoso.

La autora no habla mucho de Facebook ni de Twitter y es una verdadera lástima porque es un hecho que son esos espacios los que tienen capturados y perdidos a más seres humanos que se toman por famosos y dan cuenta de su vida privada sin respetar límites. En el libro sólo se menciona a un autor colombiano: Efraím Medina y su desnudo frontal en Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, pero es evidente que algunos autores colombianos han llegado mucho más lejos y han caído mucho más bajo. Lo que Carolina Sanín hace en YouTube, por ejemplo, es mucho más lastimero que cualquier desnudo frontal de un hombre en la carátula de un libro, más cuando se trata de una persona que, se supone, sabe bastante de escritura, lectura, literatura, interpretación, manejo de la imagen…

¿Vale la pena leer el libro? ¡Por supuesto!

Si usted ha expuesto un poco su imagen y quiere entender por qué no vale la pena hacerlo este libro es para usted.

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