Héctor Abad Faciolince y el desastre llamado Colombia

Dicen que uno está viejo cuando ya no le importa nada o cuando pierde la capacidad de asombro y si es así el asunto entonces yo tengo la edad mental de una niña de catorce años porque lo que ocurre en Colombia me sigue sorprendiendo hasta el límite de dejarme con la boca abierta aunque casi todo el tiempo sienta que más bajo no podemos caer y sí, sí podemos caer más bajo.

Héctor Abad Faciolince es uno de los escritores, intelectuales y artistas más reconocidos en Colombia y seguramente en América Latina. Lo fue hasta ayer cuando después de una suma de errores se convirtió en el pelado bonito, bien vestido, con plata, prestigio y amigos influyentes que busca pelea en el colegio convencido de que va a ganar y de que el culpable siempre será el otro por su condición social, económica o racial aunque ese otro haya querido evitar a toda costa el conflicto, aunque no haya caído en el juego de la provocación.

El muchacho pobre, sin amigos y sin estilo es Gustavo Petro, el político que tiene seducida a la gente más brillante de Colombia no tanto porque aparezca o no en fotografías con Hugo Chávez o con Fidel Castro sino porque sorprende en   intervenciones públicas, en entrevistas y en debates; sus ideas son tan sorprendentes, tan coherentes y tan de avanzada que uno no sabe si reír o llorar al saber que es compatriota nuestro y además sueña con ser presidente pero nació en el país más inviable del planeta por razones que no voy a explicar aquí porque tendría que recrear la Historia de Colombia que -como bien sabemos- está marcada a partir de la vergüenza ancestral (yo no quiero ser como ese indio) y la falsa hidalguía (vivo en Bosa Palestina pero me siento como si viviera en Chapinero Alto porque lo que importa y se impone siempre es la actitud y la apariencia y yo con esta ropa, con esta forma de hablar y con este estilo me siento de la oligarquía, soy una persona elegante y de buen gusto).

En el país de los enanos arrogantes que sobreviven con salarios miserables todos son reyes, todos se sienten parte de la oligarquía porque algunos miembros de la oligarquía les hacen creer que es mejor admirar al rico por rico que al pobre por ordinario y si el rico colombiano aparece en la revista Forbes todos somos un poco ricos porque vivimos en el país de ese rico que se enriqueció gracias a que trabajamos duro para que él se siga enriqueciendo más y se posicione mejor en la siguiente medición, en la siguiente lista, en el siguiente ranking donde vemos cómo los dueños del mundo se lo reparten en porciones cada vez más grandes a medida que transcurre el tiempo.

El niño malcriado Héctor Provocó al niño educado Petro y los Grandes Intelectuales, los Grandes Medios, las Grandes Mentes, la gente divinamente de este pobre país sin esperanza se puso de parte de Héctor Abad Faciolince porque Petro puede ser inteligente, puede tener buenas ideas, puede hacer buenas propuestas pero no se impone por su estilo, no tiene estilo, no inspira confianza porque no se esmera en el vestir y en el hablar, no merece estar al lado de gente como ellos y el sueño de Héctor y de sus amigos es que todo un país comparta ese sentir aunque se esté muriendo de hambre y tenga que atravesar la ciudad para trabajar por un salario miserable en la empresa que seguramente tiene algo que ver con Luis Carlos Sarmiento Angulo, Carlos Ardila Lülle o una multinacional cualquiera.

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Margarita Rosa de Francisco y la crítica literaria

Para que haya parrhesía es menester que, al decir la verdad, abramos, instauremos o afrontemos  el riesgo de ofender al otro, irritarlo, encolerizarlo y suscitar de su parte una serie de conductas que pueden llegar a la más extrema de las violencias. Es pues, la verdad con el riesgo de la violencia.

Michel Foucault en El coraje de la verdad

 

Escribo desde hace más de veinte años y todavía no existo como escritora ni como crítica literaria en Colombia a pesar de que mucha gente lee lo que escribo en el blog, en Twitter y en otros medios. Leen el silencio, comparten los textos, murmuran entre ellos, se piden unos a otros no nombrarme, hacen de cuenta que no existo, pero cada cierto tiempo se arma el alboroto por algo que escribí y estalla un nuevo escándalo que en algunas ocasiones viene acompañado de amenazas de muerte, amenazas de ataque con ácido, censura, intimidación, calumnias y de nuevo me dicen que me van a dejar sin trabajo y sin honor.

Son ya casi diez años ocupándome de Figuras Ilustres de la Intelectualidad Colombiana y lo que trato de hacer es un ejercicio de crítica cultural con un toque de parrhesía. Sigo viva porque los milagros existen o porque todavía no he escrito sobre la gente verdaderamente peligrosa de este pobre país sin esperanza hundido en la ignorancia y el fanatismo.

Escribí un post sobre Margarita de Francisco que pretendía llegar a lo más íntimo de su ser para ofenderla y no se ofendió, se ofendieron  sus admiradores. Ella dice que se aparta de la persona que escribe y se queda con la escritura, con el don de la palabra,  el ritmo de las frases y Oh, sorpresa, resulta que no se ofendió la actriz de telenovela, la mujer a la que llamé frívola y superficial y, en cambio, han estado a punto de devorarme (cuando me he burlado un poco de ellos por su falta de talento, sus poses, su falta de rigor y su falsedad) los escritores, los intelectuales, la gente ilustre que escribe sobre la paz, el respeto, la tolerancia, el amor universal y la libertad de expresión.

Si Margarita no se ofendió con el texto reconozco en ella a una mujer que si está fingiendo es la mejor actriz que ha nacido y si no está fingiendo es la mujer más sensata, refinada, segura de su propia valía y civilizada  que ha nacido en el país del Usted no sabe quién soy yo.

Con ustedes, el post:

Cuando era niña veía televisión y oía radio con mucha atención. Veía a Margarita Rosa de Francisco y también la oía. Ella quería ser famosa, sabía que era bella, se presentaba como una mujer fuerte, con carácter, convencida de que sería grande y llegaría lejos y entre más la veía y más la oía más me convencía de que no es una Artista sino una diva de la horrenda televisión colombiana y las revistas de chismes y vulgaridad, una mujer superficial esclava de la fama barata, esclava del cuerpo y la apariencia, feliz con lo que proyecta ante la mirada ajena, ante un público bastardo, la base de la sociedad, la gente que ve telenovelas y lee revistas horribles en supermercados y salones de belleza.

Margarita quiso ser actriz de cine y cantante y no fue ni lo uno ni lo otro y ahora, después de los cincuenta, le está apostando a la filosofía y a la literatura, y como es la diva de millones de imbéciles, fans sin formación literaria ni filosófica, gente que no ha leído más de veinte libros en su vida, le siguen el juego, le hacen creer que es Artista y Pensadora y ella en pose humilde dice como Silva, haciéndose la boba: ¡¿Poeta yo?! ¡¿Filósofa yo?! ¡¿Pensadora yo?!  ¡¿Referente intelectual yo?! Y los millones de imbéciles le siguen el juego y la hacen ver humilde y profunda, como si fuera la versión femenina de Sócrates.

Crecí viendo y oyendo a Margarita Rosa de Francisco, viendo fotos suyas en revistas al lado de los “famosos”, afiches tirados en el suelo y portadas de revistas; la oía en tono arrogante hablando de los grandes proyectos que nunca realizó y nunca hablaba de literatura ni de filosofía sino de música y cine y en su arrogancia, sobradez y falta de sentido común se sentía más grande que Shakira y Sofía Vergara juntas y mientras la veía y la oía nunca se me pasó por la mente que pasados los cincuenta quisiera seguir figurando y entonces ahora la vemos como tuitera estrella, referente nacional y pensadora ilustre.

Toda la basura y superficialidad de la que fue esclava cuando era joven y adulta la quiere convertir en su Sabiduría pero lo que ella no sabe es que los únicos que pueden creer semejante patraña son sus admiradores, los televidentes de Caracol, RCN y lectores de revistas-basura; su fuerte no es la sabiduría sino actuar en telenovelas y  quién ve telenovelas, ¿Cuál es el maravilloso público que la adora? ¿Se puede tener talento para presentar un reality? ¿Quién ve un reality? ¿Quién se desvive de emoción ante una reina o ante una mujer a la que le montaron una telenovela en vivo con Carlos Vives y con la que se veía bastante complacida porque se sentía como una especie de Lady di criolla? ¿Una persona inteligente y profunda, una filósofa o una escritora hace todo eso, mezcla todas esas facetas, se expone en público y se convierte en la reina de las amas de casa y cree que eso es llegar lejos en la vida?

Margarita Rosa de Francisco y la literatura

Cuando era niña veía televisión y oía radio con mucha atención. Veía a Margarita Rosa de Francisco y también la oía. Ella quería ser famosa, sabía que era bella, se presentaba como una mujer fuerte, con carácter, convencida de que sería grande y llegaría lejos y entre más la veía y más la oía más me convencía de que no es una Artista sino una diva de la horrenda televisión colombiana y las revistas de chismes y vulgaridad, una mujer superficial esclava de la fama barata, esclava del cuerpo y la apariencia, feliz con lo que proyecta ante la mirada ajena, ante un público bastardo, la base de la sociedad, la gente que ve telenovelas y lee revistas horribles en supermercados y salones de belleza.

Margarita quiso ser actriz de cine y cantante y no fue ni lo uno ni lo otro y ahora, después de los cincuenta, le está apostando a la filosofía y a la literatura, y como es la diva de millones de imbéciles, fans sin formación literaria ni filosófica, gente que no ha leído más de veinte libros en su vida, le siguen el juego, le hacen creer que es Artista y Pensadora y ella en pose humilde dice como Silva, haciéndose la boba: ¡¿Poeta yo?! ¡¿Filósofa yo?! ¡¿Pensadora yo?!  ¡¿Referente intelectual yo?! Y los millones de imbéciles le siguen el juego y la hacen ver humilde y profunda, como si fuera la versión femenina de Sócrates.

Crecí viendo y oyendo a Margarita Rosa de Francisco, viendo fotos suyas en revistas al lado de los “famosos”, afiches tirados en el suelo y portadas de revistas; la oía en tono arrogante hablando de los grandes proyectos que nunca realizó y nunca hablaba de literatura ni de filosofía sino de música y cine y en su arrogancia, sobradez y falta de sentido común se sentía más grande que Shakira y Sofía Vergara juntas y mientras la veía y la oía nunca se me pasó por la mente que pasados los cincuenta quisiera seguir figurando y entonces ahora la vemos como tuitera estrella, referente nacional y pensadora ilustre.

Toda la basura y superficialidad de la que fue esclava cuando era joven y adulta la quiere convertir en su Sabiduría pero lo que ella no sabe es que los únicos que pueden creer semejante patraña son sus admiradores, los televidentes de Caracol, RCN y lectores de revistas-basura; su fuerte no es la sabiduría sino actuar en telenovelas y  quién ve telenovelas, ¿Cuál es el maravilloso público que la adora? ¿Se puede tener talento para presentar un reality? ¿Quién ve un reality? ¿Quién se desvive de emoción ante una reina o ante una mujer a la que le montaron una telenovela en vivo con Carlos Vives y con la que se veía bastante complacida porque se sentía como una especie de Lady di criolla? ¿Una persona inteligente y profunda, una filósofa o una escritora hace todo eso, mezcla todas esas facetas, se expone en público y se convierte en la reina de las amas de casa y cree que eso es llegar lejos en la vida?

Lennon aforista

David Foenkinos escribió una biografía novelada de John Lennon a partir de dieciocho sesiones de psiconálisis en las que el artista habla por sí mismo ante un supuesto terapeuta que le inspira confianza y con el que al parecer no miente porque las anécdotas que va contando corresponden a los datos biográficos de su realidad real en relación con nombres, fechas y hechos, lo que cambia es la percepción de esos hechos y el resultado es sorprendente porque llegamos a creer que es John Lennon quien habla, no Foenkinos a través de él, y entonces el John Lennon de la ficción se convierte en maestro del aforismo como Montagine, Cioran o Flaubert porque no es fácil sintetizar una vida tan intensa y manejar tantos personajes en apenas 192 páginas. Todavía no tengo claro si se trata de otra novela ligera para leer en el avión o si es Literatura de verdad, a la que nos tenían acostumbrados los escritores sin internet, los de antes del siglo XXI.

En la novela se desarrollan casi todos los datos relacionados con la vida del artista y todo parte del abandono, la sensibilidad extrema, el vacío, el consumo de drogas como búsqueda, como consuelo, como escape, como inspiración y como revelación: marihuana, LSD, anfetaminas, heroína; el arte, el amor, las mujeres, las putas, las fans, los empresarios, los aviones, los músicos, el origen, el desarrollo y la desintegración del grupo, las búsquedas, el vacío y la tristeza que no se olvidan con nada, el desprecio al lujo y al dinero, la sensación de no tener identidad, el padre, la madre, la tía, el hijo, el otro hijo, la hermana desaparecida con la que recuerda haber jugado, el esposo de la madre, el otro esposo de la madre, las dos hijas de ella, el mundo fantasioso en soledad durante la infancia con la droga de la imaginación, esa droga al alcance de todos y sin los riesgos ni las consecuencias de las otras drogas.

Un niño fruto del amor entre dos adolescentes rebeldes e irresponsables lo condenan al abandono en las noches y el niño cree recordar sus propios gritos cuando tenía apenas dos o tres años. La tía Mimí se hace cargo de él pero el niño quiere un padre y una madre y ellos casi siempre están ausentes, ahí comienza la tragedia. El niño ama a la madre con amor desesperado y ella es esposa y madre de otras personas, pero cuando el niño cumple quince años se reconcilian y es ella quien lo relaciona con la música y gracias a esa mujer amada y admirada crea su primer grupo.

La madre muere atropellada por un policía borracho que confunde el freno con el acelerador. Mucho sufrimiento sumado al sufrimiento acumulado durante su infancia trágica y entonces la  vida de John Lennon consiste en tratar de olvidar el vacío y el abandono sufridos en la infancia -el tipo de dolor que no se cura con nada-  el hombre devenido en artista trata de curarse con música, drogas y amor y entonces lo más intenso de la historia tiene que ver con Yoko Ono, la mujer un poco masculina que tanto fastidia a sus fans porque la encontraban fea; la mujer japonesa siete años mayor que él, seria y de apariencia fría es la única persona que le da un poco de sosiego a esta pobre alma atormentada de niño abandonado que la ve perfecta, la suma de todo lo soñado en un solo ser: madre,  padre,  amante e  intelectual, una  artista con sensibilidad masculina y  la madre de su hijo. Se siente afortunado porque cree que encontró un tesoro, quiere hacer arte con ella y lo hace, los dos son conscientes de que su amor, su vida privada, es su gran puesta en escena pero  lamentan  que ella sea digna del odio de todos a su alrededor porque sienten que lo domina mientras él es feliz en su papel de hombre sometido porque es consciente de que necesita siempre a su lado a una persona fuerte que le brinde seguridad, alguien que le ayude a olvidar los gritos de abandono durante la infancia triste.

Hay mucha belleza, y una voluntad de ser un mito, es un modo de haber dado una versión oficial de su vida, dice David Foenkinos en la primera página del libro y luego le cede la palabra a John Lennon:

Nadie puede dar marcha atrás en sus venas.

Dondequiera que fuera, me esperaba el vacío.

Yo era un canalla, como todos los que triunfan.

No puedo expresar nada artístico si no es personal.

Al volverme una imagen para todos existía menos.

Los años tienen la perfidia de embellecer lo que era negro.

Canté muchas veces que no quería que me abandonaran.

Toda mi vida he querido tapar mis emociones con palabras.

Todas mis canciones, como usted sabrá, son autobiográficas.

Yo soy puro instinto. Siempre viví bajo el dictado de mi sensibilidad.

Mi vida es un intento incesante de probarle al mundo que valgo algo.

Yo gritaba pidiendo auxilio, y la gente aplaudía. Era un animal asustado.

El sufrimiento es una eternidad. Antes de los gritos había probado el silencio.

Tengo la impresión de encontrarme de pronto en el umbral de la vida normal.

Ahora pienso que el amor experimentado es proporcional al que no se recibe.

Y ahora comprendo que siempre hay algo inquietante en las horas de tranquilidad.

Al fin puedo vivir días que se parecen unos a otros. Descubro la rutina maravillado.

Siempre hay una gran distancia entre lo que soy y lo que la gente se imagina de mí.

Una parte de mí está persuadida de que soy un pobre diablo, y la otra piensa que soy Dios.

No he conocido más que el espanto. Lo intenté todo para salir de él. La droga, mucha droga.

Se puede dar un concierto frente a cincuenta mil personas y tener un pánico atroz a hablarle a una mujer.

De niño, me drogué con la imaginación, lo que era menos nocivo. Había que poner colores sobre cada cosa para luchar contra la hegemonía del gris.

Antes de Yoko, estaba muy solo. El abandono de una madre condena a un hombre a la soledad.

Me han rechazado tanto que soy capaz de oler el rechazo antes de que se manifieste.

Mis hazañas les gustaban a las chicas. Sobre todo a las de buena familia, que se excitaban con mis groserías.

Yo soñaba con una mujer artista, una mujer a la que pudiera admirar intelectualmente.

En la segunda parte de mi vida me ocupé de deshacer todo lo hecho en la primera.

Mimí me contó que una chica lloró sólo de ver el sillón donde me gustaba sentarme.

Creo que hasta la encontré poco atractiva. Fue su ingenio y su talento lo que me llevaron a amarla y a encontrarla hermosa.

Ella sabía que durante toda mi vida yo había necesitado personas fuertes junto a mí. Personas que debían representar el papel de madre o de padre.

Tengo la impresión a veces de que el genio se paga. Que el salvajismo del que somos víctimas alivia a los miserables.

La veían dominando al pequeño bobo que era yo. Esa servidumbre la he asumido. Me asombra que hayan despreciado una idea tan buena: la de un hombre cediendo su autonomía a una mujer.

Los tipos que se despiertan felices a la mañana son algo que me fascina. Paul es un genio, eso es indudable. Es la prueba viviente de que se puede ser feliz y ser un genio.

Escribir siempre fue lo más importante para mí. Había publicado un libro en el que se encontraban mis ideas fantásticas y mi gusto por las pequeñas historias retorcidas.

9788420415543

Contarlo todo

Jeremías Gamboa quiere ser escritor y escribió un libro de 507 páginas para expresar su deseo, un libro gordo sobre el deseo de querer ser escritor. Para darle forma a la idea se valió de la autoficción, el género que más vende y causa polémica en este tiempo ya que algunos teóricos y críticos lo ven como:

– Un género del que se ha abusado porque es facilista. Es más sencillo  hablar de mi vida que crear mundos de ficción; la autoficción no exige tanto trabajo artístico e imaginación como la ficción.

– Una alterativa desgastada, agotada, descuidada en el estilo, en el manejo de la materia narrativa.

– La autoficción no existe porque cuando narramos lo hacemos ocultando o distorsionando los hechos y entonces no vemos plasmada en la obra la verdad revelada de la vida del autor sino literatura, historias contadas a través de narraciones escritas.

– Toda literatura es autoficción porque aunque se modifiquen nombres, espacios y hechos el escritor siempre está hablando de su propia vida y emociones, enmascarándose en los supuestos personajes e  historias ficticias.

El narrador empieza diciendo: ¿Qué historia? Pues la mía: no tengo otra historia que contar… Desnudo y sentado frente a la computadora de mi cuarto esta mañana quiero escribir… Quizá se trate simplemente de eso, de que he aprendido finalmente que la cosa es hacer y no juzgarme.

Un joven humilde de barrio popular conoce no se sabe cómo a Mario Vargas Llosa y el maestro considera que ha encontrado al nuevo niño genio de las letras peruanas; esta afirmación conmociona el mundo literario y todos quieren leer la novela sobre el deseo de escribir, de dedicarse sólo a ese oficio y sobre la impotencia de los primeros intentos ante la página en blanco: ¿Por qué me bloqueé durante tantos años?, me pregunto. ¿Por qué ahora no tengo las ganas de sentarme a escribir esto y simplemente me siento y lo escribo? Me ahogaba en el primer párrafo porque no tenía la menor idea de cómo arrancar mis textos.

Se trata de un libro que se puede leer de varias formas y del que se pueden decir muchas cosas, parece escrito para generar polémica y fue un libro polémico en Perú y en España, no sé qué tanto en Colombia. Lo leí por recomendación de un amigo y nunca había oído mencionar al autor. Lo leí y pensé en Marguerite Duras y en  la frase clásica, el famoso Escribe, no hagas nada más de Raymond Queneau:

Alrededor de la persona que escribe libros siempre debe haber una separación de los demás. Es una soledad. Es la soledad del autor, la del escribir. Para empezar, uno se pregunta qué es ese silencio que lo rodea. Y prácticamente a cada paso que se da en una casa y a todas horas del día, bajo todas las luces, ya sean del exterior o de las lámparas encendidas durante el día. Esa soledad real del cuerpo se convierte en la, inviolable, del escribir. Nunca hablaba de eso a nadie. En aquel periodo de mi primera soledad yo había descubierto que lo que yo tenía que hacer era escribir. Raymond Queneau me lo había confirmado. El único principio de Raymond Queneau era éste: “Escribe, no hagas nada más”.

Recordé a Raymond Chandler, a Gustave Flaubert y a Thomas Bernhard y cómo estos artistas comprometidos se oponen de forma radical y con violencia a lo que hoy llamamos escribir para convertirse en escritor profesional, por contrato, personas presionadas a escribir un libro por año, escritura que no nace de la necesidad apremiante de expresarse sino que fluye al ritmo del mercado, del libro como objeto masivo, un producto más de la sociedad de consumo, bienes culturales que nos hacen sentir más cultos o valiosos, con mejor gusto o más exigentes. Tengo la sospecha de que Jeremías Gamboa es un escritor manufacturado para generar dividendos como si se tratara de un producto de consumo masivo y que la marca Vargas Llosa hizo de él una promesa que no veo tan prometedora porque la prosa es muy descuidada, abusa de los lugares comunes, cuenta una historia en 507 páginas que perfectamente cabría en  150 si el autor hubiera depurado el manuscrito y lo depuró, claro. Hay varias versiones del libro. Lo ha ido puliendo en el camino pero no lo presenta como manuscrito sino como obra definitiva y ese acto es irrespetuoso con los lectores que leyeron una especie de borrador con la seriedad de la obra definitiva y pagaron por el libro convencidos de que se encontrarían con Gran literatura ya que era una obra recomendada por Mario Vargas Llosa, quien goza de reconocimiento como lector exigente y exquisito.

El libro es también una especie de manual para escritores y muchos de los consejos no están relacionados con la poesía sino con ver cómo van aumentando las páginas en la pantalla, como si se tratara de una trabajo bien hecho más que de una pasión, una idea que exige ser expresada. Estos son algunos de los consejos que presenta el autor-narrador:

-Si tienes ideas sólidas, tus textos serán breves. Textos larguísimos casi siempre denotan falta de ideas.

– Los buenos escritores nunca se hacen notar.

Encontrar el silencio total y escucharte, reconocer los sonidos que hay dentro de ti.

Estaba convencido de que correr me ayudaría a escribir. Correr haría circular mi sangre y me ayudaría a despejar lo suficiente mi cabeza.

Me convencí de que sólo empezaría a escribir algo si es que permanecía sentado en mi máquina  del mismo modo en que ellos estaban a todas horas metidos en el mar esperando pacientemente la llegada de las olas.

La idea de un joven escritor que vive en un departamento cerca del mar y que emplea todo el tiempo de su día a día a su trabajo creativo era una imagen hermosa pero a la vez insostenible, ya lo sabía.

Son frases digeribles que nos podrían servir para armar un curso de escritura creativa. ¿Quién no ha tomado un curso de escritura creativa? ¿Quién no sueña con enriquecerse a costa de la escritura? Es un derecho soñar con escribir, es un derecho tratar de hacer poesía, cuento o novela. Lo que molesta mucho es que tanta gente sin formación sueñe con ser artista y crea que se trata simplemente de mover los dedos sobre el teclado, gente que piensa en fama, poder y dinero más que en verdad, arte, estética, estilo y compromiso.

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¿Para qué sirve la crítica literaria?

Apareció una nueva defensora ilustre de Catalina Ruiz-Navarro: Adriana Cooper. Escribió una columna sentimental en la revista Arcadia sobre el valor de lo pequeño y lo que de verdad importa. Nada dijo sobre los 53 pares de comillas que faltan en cuarenta páginas del trabajo de grado que Catalina presentó en la universidad Javeriana para ejercer como Filósofa y en vez de pedirle explicaciones a ella termina dando a entender que Mario Jursich es una mala persona porque le explica a Catalina Ruiz-Navarro en dos ocasiones que no sabe leer literatura y que debe dar explicaciones sobre su monumental plagio.

Ante la imposibilidad de defender lo indefendible la nueva amiga de Catalina Ruiz-Navarro apeló a las emociones, a la bondad, a que vinimos al mundo a darle besos, abrazos y palmaditas en la espalda a nuestro prójimo y que la crítica literaria no sirve para nada porque todos tenemos defectos y si necesitamos manifestar un sentimiento negativo acerca de otro ser humano debemos hacerlo con palabras dulces y en privado para no herir las fibras más sensibles del otro y para que nosotros ascendamos un paso  en nuestro Camino hacia el Cielo. Pura palabrería estúpida de libro de autosuperación para evadir lo que de verdad importa: el plagio de cuarenta páginas y la deshonestidad intelectual de Catalina Ruiz-Navarro.

Busqué información en internet sobre esta erudita y descubrí que es tan polifacética como Catalina Ruiz-Navarro: publica en seis o siete medios y posa de crítica. Ante intelectuales tan poco rigurosas como ella y tan feministas en el peor sentido de la palabra -entendiendo como feminismo defender a las mujeres por su condición de mujeres aunque no tengan talento para nada (la famosa sororidad)-, ante posturas tan lamentables ante la crítica sería preferible que no existiera porque duele mucho saber que personas con supuesta formación académica tengan una idea tan fuera de lo académico, de lo que es el arte y cuál es la función de la crítica y los críticos.

Adriana Cooper asume las obras como cositas lindas y parece no imaginar que si Catalina Ruiz-Navarro se presenta como crítica literaria y maestra en artes visuales uno como lector esperaría que supiera apropiarse de estas obras pensando en las famosas reglas del arte, en la historia y la tradición; uno esperaría de parte de ella interpretaciones pertinentes de las obras que aborda y nos encontramos siempre con su falta de inteligencia, su nula capacidad de análisis, su incipiente formación en teoría y crítica. Catalina y Adriana deberían entender de una vez por todas y para siempre que si quieren acabar con el machismo y con el heteropatriarcado lo primero que deben hacer es empezar a estudiar en serio, repetir las carreras profesionales que hicieron y dejar de creer que los sentimientos y las intenciones están por encima de los hechos, la racionalidad, la teoría y el análisis riguroso de las obras de arte teniendo en cuenta el contexto. Esas son lecciones que se aprenden antes de terminar el cuarto semestre en una carrera de literatura o de artes visuales.

A continuación la parte final del texto de Adriana Cooper, la primera no me interesa mucho. Lea, amable lector, y saque sus propias conclusiones:

“Después de leerlo surgen preguntas: ¿Son necesarios tantos adjetivos y además negativos, para referirse al intelecto de una persona? ¿El hecho de que alguien se equivoque invalida todo su aporte intelectual previo? ¿Juzgamos a la gente con fuerza en el ámbito académico para validar un prejuicio inconsciente que tenemos, quitarnos una incomodidad hacia una situación que nos refleja esa persona, cobrarle algo, o simplemente para sentirnos superiores? ¿Se justifica la vergüenza pública producida por un texto, o hubiera sido más efectivo hablar con esa persona en privado para entender mejor su punto de vista o manifestarle una sugerencia o desacuerdo? ¿Necesita García Márquez que lo respaldemos con tanto ahínco cuando su talento ya hizo que sus obras se defiendan hasta la eternidad? ¿Las respuestas están afuera o dentro de nosotros mismos?

Algunos escritores experimentados suelen recomendar esto a sus alumnos cuando empiezan a escribir cuentos, y algunos autores sin mentor lo hicieron por instinto: “No juzgue al personaje con adjetivos ni incluya reflexiones críticas con el fin de orientar al lector hacia esos juicios para que los ratifique, porque el lector por sí mismo hará su propia interpretación”. Lo mismo podría aplicar a otras situaciones de la vida”.

http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/adriana-cooper-sobre-catalina-ruiz-navarro-y-mario-jursich/67237

Feminismo dañino y distorsionado

La maestra del plagio Catalina Ruiz-Navarro en su última columna ahora sí tocó fondo en el arte de la estupidez, la superficialidad y el feminismo tonto: no invitaron a las malas escritoras colombianas a París y la niña rebelde que posa de feminista sin saber nada de feminismo llegó a unas conclusiones que harían llorar de vergüenza a un estudiante de literatura de segundo semestre de cualquier universidad del mundo. Con ustedes Cata la feminista hipster y boba a conciencia:

Sobre Remedios la Bella se podría escribir un largo ensayo sobre la mirada predadora masculina y el acoso. Tan machista era Gabo que en su verde vejez tuvo el nervio de escribir las Memorias de mis putas tristes, que además de ser un irrespeto simbólico a su fiel esposa, Mercedes, que literalmente lo mantuvo para que escribiera su gran obra, es una fan fiction de La casa de las bellas durmientes de Kawabata, que cuenta la historia de una suerte de prostíbulo a donde los viejos verdes impotentes van a restregársele a doncellas dormidas, es decir, es un libro sobre violaciones. Estos son los tropos de los escritores latinoamericanos, los del Boom son casi todos asquerosamente machistas, y hasta Neruda en sus memorias confiesa una violación “casual” que el escritor comete cuando ve a la empleada que le arregla el cuarto y “le dan ganas”. Pero el machismo en la literatura no lo vamos a notar hasta que leamos a las mujeres. No puede ser que toda nuestra imaginación esté sólo alimentada por las ficciones que escriben los machos.