Literatura y pornografía

Desde 1979 soy una lectora voraz y mi voracidad hacía que cualquier objeto en forma de libro o de revista al alcance de mi mano fuera devorado sin espera. Un día, como quien no quiere la cosa, buscando secretos en la caja de juguetes de mi hermano mayor encontré una revista pornográfica denominada Chicas calurosas; eran unas fotos inocentes de jóvenes hermosas y sensuales con ropa deportiva que incluía sólo medias, zapatos, balacas y demás accesorios deportivos, nada de ropa ropa, sólo decorado. Al lado de cada fotografía había un texto sobre lo intenso del verano, sobre lo complejo que es escoger atuendos para ciertas temporadas. Revisé bien la revista y me gustó, eran bonitas las rubias y los textos estaban bien escritos.

Tiempo después supe que mis dos hermanos mayores escondían revistas prohibidas en sitios secretos y encontré dos o tres más con imágenes mucho más explícitas y fue ahí donde quedé enganchada. Al lado de los clásicos de la literatura y la filosofía también estaban los textos sobre sexualidad y pornografía y desde que tengo uso de razón mis días han estado acompañados de porno. Cuando no había internet alquilaba las películas como cualquier muchachito desocupado y vi varias con mis dos hermanos menores muertos de la risa. El menor cree que no fui una buena hermana mayor, más tratándose de una mujer que ejercía un rol de autoridad y de ejemplo, y yo no supe qué responder a ese reclamo. Ese niño que ahora tiene 34 no confía en mí, me mira con recelo y desconfianza, un día me dijo que la gente como yo no es digna de confianza porque lleva mucho tiempo viviendo sola para pensar y hacer barbaridades. Es un hombre niño muy inocente, puro y angelical.

Anoche vi una entrevista a Virginie Despentes, una conversación con Pablo Iglesias sobre poder, feminismo, arte y pornografía y lo más sorprendente fue la naturalidad con la que ambos hablan de pornografía, de su recorrido desde los ochenta y de cómo la pornografía en internet ha llegado a límites insospechados sin que haya discursos sobre el porno, sin que se aborde de forma académica. Estoy de acuerdo con ellos y me parece triste que las nuevas generaciones se estén educando con las imágenes que ven sin preparación previa, condenados a la velocidad y a la desmesura.

Yo, una experta en porno con una trayectoria larguísima porque siempre me ha interesado saber hasta dónde llegan los límites del cuerpo y de la imaginación, a veces quedo con la boca abierta ante lo que están haciendo, especialmente cuando se trata de ver los límites de resistencia de las mujeres. Lo más triste de todo es que las imágenes llegan a los niños y a los jóvenes  sin preparación previa, sin haber pasado antes por la revista suave, luego la revista fuerte, luego el porno con historia, con humor, con palabras y situaciones que se vivía en los tiempos del VHS, duele saber que los  inocentes internautas sospechen o asuman que esa es la mejor forma de educarse y hasta les dé por poner en práctica lo que ven.

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Hasta que puedas quererte solo

Pablo Ramos es un escritor argentino influido por Charles Bukowski y es clara su intención de presentarse como marginal en una época en la que todos quieren escribir su propia historia y ser rebeldes, originales e independientes aunque escriban libros por contrato y pasen la vida no precisamente leyendo y escribiendo sino hablando de lo geniales que son en ferias del libro, entrevistas y cursos de escritura creativa para convencer a los asistentes de que hay técnicas para armar cuentos y novelas como quien hace pan y que de concurso en concurso y de contrato en contrato el negocio de la literatura puede llegar a ser rentable si usamos una buena fórmula y logramos conmover a la clientela para que sigan comprando cada año nuestras obras digeribles gracias a que además de ser escritores somos personas sensibles que también sabemos seducir a los asistentes que nos ven como gente adorable con buenos sentimientos y las mejores intenciones, un buen objeto de consumo, un hombre o mujer espectáculo que le garantiza a la clientela que no irá al auditorio a perder  tiempo ni dinero. En Colombia el escritor más encantador, el que mejor ha sabido sacarle ganancias a la fórmula para escribir novelas digeribles, el gran vendedor de libros es sin ninguna duda Héctor Abad Faciolince. El segundo mejor estratega es Ricardo Silva Romero.

Se toman cursos de escritura creativa como quien toma cursos de natación, como si una cosa tuviera que ver con la otra. Los cursos llegan también a los barrios populares, lugares exóticos donde los chicos rudos tienen mucho que narrar y narran, el rap se convierte en poesía y el muchacho de barrio y de pandilla se pasea ahora por ferias y fiestas relacionadas con el mundo del libro, con la industria editorial, la elegancia de las librerías y las entrevistas en la radio donde los periodistas desinformados preguntan fingiendo interés de dónde salen las historias escabrosas que narran los chicos malos devenidos en artistas excelsos. Pablo Ramos se presenta como un escritor del barrio obrero y eso vende porque nos habla del hombre esforzado que sabe lo que quiere y va por eso, un ejemplo de superación personal que sintetiza una fórmula efectiva: ¡Querer es poder!

Hasta que puedas quererte solo nos lleva a pensar en Contarlo todo, la autoficción de Jeremías Gamboa celebrada por Mario Vargas Llosa, la  novela autobiográfica inspirada en la historia triste del chico peruano talentoso y pobre que quiere escribir y nada más que escribir y escribe sobre ese deseo suyo y ese empeño suyo y al hacerlo no se convierte en artista porque el arte no nace de las buenas intenciones sino del talento y estas jóvenes promesas no parecen estar muy buen dotadas para hacer obras de arte prodigiosas sino que se celebran y se cantan a sí mismos y a su deseo y no nos embelesan con historias fantásticas o hechos sorprendentes narrados con estilo sino que se impone la persona mientras que el arte es más bien escaso, es devorado por la figura, el yo de alguien que quiere escribir. Este tipo de libros no tienen punto de comparación con Retrato del artista adolescente o Cartas a un joven poeta, es más nervio que poesía, más deseo que arte aunque sea escrito con las mejores intenciones y se vendan muchos ejemplares.

Pablo Ramos narra trece historias basadas en hechos reales y cada historia está asociada a cada uno de los doce pasos de Alcohólicos Anónimos, un recorrido espiritual que el autor del libro cree comprender a pesar de sus continuas  recaídas con alcohol y cocaína y, entonces, la primera pregunta sería precisamente: ¿Tiene autoridad moral para pontificar sobre cada uno de los pasos en el proceso espiritual que comienza con saber que el alcoholismo es una enfermedad, asumirlo y aceptarlo y no volver a tomar esa primera copa una persona que no ha logrado vivir en sobriedad el tiempo suficiente como para considerar que está preparada para avanzar hacia el segundo paso si tenemos en cuenta que se trata de un camino y que no podemos llegar al segundo paso sin haber superado el primero y que para alcanzar el quinto debimos haber comprendido y experimentado el cuarto? ¿El libro no debió haber sido escrito por alguien que haya completado por lo menos diez años consecutivos sin haber consumido drogas ni alcohol y conozca desde su propia experiencia qué significa vivir cada uno de los pasos?

La diferencia radical entre Charles Bukowski y Pablo Ramos consiste en que Bukowski es enfático, extremo, hábil con la escritura, murió bebiendo, despreciando a los escritores profesionales y a los remedos de escritor que dan cursos de escritura creativa a gente todavía menos talentosa que ellos, mientras que Pablo Ramos es espiritual de forma un poco superficial y efectista en sus frases sobre la ternura y sobre Dios, un hombre controlado, calculador, buen negociante, más de la época del marketing, el emprendimiento, el deseo de aparecer en los medios y hacer arte de forma consciente con el deseo premeditado de vender muchos libros, muy lejos de esta crítica furiosa de Bukowski y su amor al arte:

“En algún momento del trayecto, en algún momento a partir del patio del colegio, se te meten en la cabeza. Te dicen, en resumidas cuentas, que el poeta es un maricón. Y no siempre se equivocan. Una vez, en mi locura, se me ocurrió seguir un curso de escritura creativa en el Colegio Universitario de L.A. ¡eran maricones, colega! Afectados, bonitos, apocados niños prodigio. Escribían acerca de bonitas arañas y flores, estrellas y meriendas en familia. Las mujeres eran más grandes y más fuertes que los hombres pero escribían igual de mal. Eran corazones solitarios y disfrutaban en compañía de los demás; disfrutaban con la charla hermética; disfrutaban de sus enfados y sus opiniones trilladas, muertas. El profesor se sentaba en una alfombra tejida a mano en el centro del suelo, los ojos vidriados de estupidez e inercia, y se reunían en torno a él, alzando la sonrisa hacia su dios, las mujeres con sus largas faldas de volantes y los hombres con sus nalguitas prietas redondeadas de alegría. Se recitaban los unos a los otros y lanzaban risillas y hervían a fuego lento y tomaban el té con las galletitas.

¡Ríete! Yo permanecía solo sentado contra una pared, ojeroso y cabreado e intentaba escuchar y caía en la cuenta de que incluso cuando discutían entre ellos seguía siendo una especie de tregua entre mentes limitadas”.

*Charles Bukowski, en Un delirante ensayo sobre la poética y la condenada vida escrito mientras bebía media docena de latas de cerveza (altas).

Pablo Ramos escribe autoficción y sueña con superar su problema con las drogas  o ayudar a que otros lo superen gracias a los grupos de Alcohólicos Anónimos o Narcóticos Anónimos y entonces viene la siguiente pregunta: ¿Es literatura o es un libro de autosuperación, un manual o un test para saber si somos adictos? Un alcohólico o el familiar de un alcohólico podría verlo como una excelente guía para comprender, para saber si él mismo es adicto o bebedor social y podría compartir el libro con personas de su entorno del mismo modo que se comparte El secreto o El poder del ahora, libros de autosuperación que se venden por millones porque tienen su dosis de verdad y puedan ayudar a la gente si sabe leerlos bien, si toma lo que le sirve y lo aplica en una situación particular.

Pablo Ramos cree que el libro podría ayudar a alguien pero por sobre todas las cosas cree que es literatura, su mejor obra, la perfección hecha forma, el libro que aporta pistas sobre gente real para que el lector comprenda mejor la historia de los personajes de sus novelas y cuentos anteriores en las que los personajes no son presentados como gente real sino como personajes de ficción: “Escribo porque busco, movido por una necesidad incontenible, no una descripción metafórica, sino las palabras que rompan el símbolo y lo traspasen, los que logren repartir equitativamente esta responsabilidad olvidada entre los que debimos haberla ejercido”.

Pablo Ramos conoce historias de gente real del mundo real y a esto se le suma el deseo de ser escritor como una especie de destino marcado en las líneas de la mano, un poco de literatura light con motivadores mensajes de autosuperación y la fórmula funciona porque bien sabemos que detrás del deseo de ayudar, de escribir literatura y de vender libros se puede terminar ayudando de verdad: “La ternura no es andar acariciando niños por ahí, ni abrazar demasiado a los amigos o conocidos, ni repetir “Te quiero”, como quien repite ajo en las comidas, la Ternura es un ideal, un lugar de descanso del cuerpo, de la mente, del espíritu. Yo encontré en la Ternura, en lo contrario a la Ferocidad, a ese tan mentado Poder Superior, más allá de mi formación católica” o: “Desterrados al desamor de la soledad, descubren que el dicho de que el alcohol acompaña, lejos de ser una metáfora, es una verdad grande como una casa”.

Hasta que puedas quererte solo es un libro digerible que  nos hace sentir buenos seres humanos mientras lo leemos y crea un nivel de empatía con los personajes, gente de carne y hueso que ha padecido la existencia debido a sus adicciones. Pablo Ramos se cree Dios y esta cita sobre la soberbia del adicto encaja perfectamente con la idea desbordada que el autor tiene sobre su propio talento y sobre la perfección de su obra, que no se cansa de exaltar y de explicar en espacios públicos y en cursos de escritura creativa: “La terquedad es uno de los defectos de carácter más peligrosos que tenemos los adictos, es un subproducto de la soberbia, y es tan difícil de ver en uno mismo que puede llegar a desesperar a nuestros seres queridos, porque les hace sentir como ninguna otra cosa la impotencia que sienten respecto de nuestra enfermedad. Sienten que no pueden hacer nada porque no pueden hacer nada, y sufren un infierno tan duro como el que sufre el adicto, pero sin haberlo buscado”.

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Contra la autoficción

La literatura está hecha de palabras y de historias. Las historias pueden basarse en hechos reales pero es importante construir los personajes, trabajar en ellos, pensar  en la imaginación del lector, en la elección de las palabras, en que se lee para soñar y no sólo para conocer historia basadas en hechos reales; vale la pena pensar en el ritmo de las frases, no sólo en el asombro y nuestra boca abierta ante el contenido, no morir convencidos de que narrar la vida es arte por más que la vida sea más sorprendente que la ficción porque esto no es cierto, la literatura no está hecho a partir de hechos escabrosos ni de historias sorprendentes sino de trucos hábilmente manejados por el escritor para crear un efecto en el lector, para que no nos quedemos con la historia narrada sino con la sensación que nos dejó la narración de esa historia.

Vida tenemos todos -y nos morimos por narrarla, claro- pero talento no, el talento es  más escaso que la vida y que el simple hecho de narrar. Narrar no nos convierte en artistas por más valiente y honesta que sea nuestra historia, por más que nuestros amigos nos digan embelesados mientras nos oyen hablar que nuestra historia es tan sorprendente que merece ser narrada, por más que nos digan que todos somos escritores aunque sepamos poco de literatura.

La famosa autoficción es un género reciente y ya parece agotado porque todos quieren contar su historia aunque no sepan escribir.

Héctor Abad Faciolince y el desastre llamado Colombia

Dicen que uno está viejo cuando ya no le importa nada o cuando pierde la capacidad de asombro y si es así el asunto entonces yo tengo la edad mental de una niña de catorce años porque lo que ocurre en Colombia me sigue sorprendiendo hasta el límite de dejarme con la boca abierta aunque casi todo el tiempo sienta que más bajo no podemos caer y sí, sí podemos caer más bajo.

Héctor Abad Faciolince es uno de los escritores, intelectuales y artistas más reconocidos en Colombia y seguramente en América Latina. Lo fue hasta ayer cuando después de una suma de errores se convirtió en el pelado bonito, bien vestido, con plata, prestigio y amigos influyentes que busca pelea en el colegio convencido de que va a ganar y de que el culpable siempre será el otro por su condición social, económica o racial aunque ese otro haya querido evitar a toda costa el conflicto, aunque no haya caído en el juego de la provocación.

El muchacho pobre, sin amigos y sin estilo es Gustavo Petro, el político que tiene seducida a la gente más brillante de Colombia no tanto porque aparezca o no en fotografías con Hugo Chávez o con Fidel Castro sino porque sorprende en   intervenciones públicas, en entrevistas y en debates; sus ideas son tan sorprendentes, tan coherentes y tan de avanzada que uno no sabe si reír o llorar al saber que es compatriota nuestro y además sueña con ser presidente pero nació en el país más inviable del planeta por razones que no voy a explicar aquí porque tendría que recrear la Historia de Colombia que -como bien sabemos- está marcada a partir de la vergüenza ancestral (yo no quiero ser como ese indio) y la falsa hidalguía (vivo en Bosa Palestina pero me siento como si viviera en Chapinero Alto porque lo que importa y se impone siempre es la actitud y la apariencia y yo con esta ropa, con esta forma de hablar y con este estilo me siento de la oligarquía, soy una persona elegante y de buen gusto).

En el país de los enanos arrogantes que sobreviven con salarios miserables todos son reyes, todos se sienten parte de la oligarquía porque algunos miembros de la oligarquía les hacen creer que es mejor admirar al rico por rico que al pobre por ordinario y si el rico colombiano aparece en la revista Forbes todos somos un poco ricos porque vivimos en el país de ese rico que se enriqueció gracias a que trabajamos duro para que él se siga enriqueciendo más y se posicione mejor en la siguiente medición, en la siguiente lista, en el siguiente ranking donde vemos cómo los dueños del mundo se lo reparten en porciones cada vez más grandes a medida que transcurre el tiempo.

El niño malcriado Héctor Provocó al niño educado Petro y los Grandes Intelectuales, los Grandes Medios, las Grandes Mentes, la gente divinamente de este pobre país sin esperanza se puso de parte de Héctor Abad Faciolince porque Petro puede ser inteligente, puede tener buenas ideas, puede hacer buenas propuestas pero no se impone por su estilo, no tiene estilo, no inspira confianza porque no se esmera en el vestir y en el hablar, no merece estar al lado de gente como ellos y el sueño de Héctor y de sus amigos es que todo un país comparta ese sentir aunque se esté muriendo de hambre y tenga que atravesar la ciudad para trabajar por un salario miserable en la empresa que seguramente tiene algo que ver con Luis Carlos Sarmiento Angulo, Carlos Ardila Lülle o una multinacional cualquiera.

Margarita Rosa de Francisco y la crítica literaria

Para que haya parrhesía es menester que, al decir la verdad, abramos, instauremos o afrontemos  el riesgo de ofender al otro, irritarlo, encolerizarlo y suscitar de su parte una serie de conductas que pueden llegar a la más extrema de las violencias. Es pues, la verdad con el riesgo de la violencia.

Michel Foucault en El coraje de la verdad

 

Escribo desde hace más de veinte años y todavía no existo como escritora ni como crítica literaria en Colombia a pesar de que mucha gente lee lo que escribo en el blog, en Twitter y en otros medios. Leen el silencio, comparten los textos, murmuran entre ellos, se piden unos a otros no nombrarme, hacen de cuenta que no existo, pero cada cierto tiempo se arma el alboroto por algo que escribí y estalla un nuevo escándalo que en algunas ocasiones viene acompañado de amenazas de muerte, amenazas de ataque con ácido, censura, intimidación, calumnias y de nuevo me dicen que me van a dejar sin trabajo y sin honor.

Son ya casi diez años ocupándome de Figuras Ilustres de la Intelectualidad Colombiana y lo que trato de hacer es un ejercicio de crítica cultural con un toque de parrhesía. Sigo viva porque los milagros existen o porque todavía no he escrito sobre la gente verdaderamente peligrosa de este pobre país sin esperanza hundido en la ignorancia y el fanatismo.

Escribí un post sobre Margarita de Francisco que pretendía llegar a lo más íntimo de su ser para ofenderla y no se ofendió, se ofendieron  sus admiradores. Ella dice que se aparta de la persona que escribe y se queda con la escritura, con el don de la palabra,  el ritmo de las frases y Oh, sorpresa, resulta que no se ofendió la actriz de telenovela, la mujer a la que llamé frívola y superficial y, en cambio, han estado a punto de devorarme (cuando me he burlado un poco de ellos por su falta de talento, sus poses, su falta de rigor y su falsedad) los escritores, los intelectuales, la gente ilustre que escribe sobre la paz, el respeto, la tolerancia, el amor universal y la libertad de expresión.

Si Margarita no se ofendió con el texto reconozco en ella a una mujer que si está fingiendo es la mejor actriz que ha nacido y si no está fingiendo es la mujer más sensata, refinada, segura de su propia valía y civilizada  que ha nacido en el país del Usted no sabe quién soy yo.

Con ustedes, el post:

Cuando era niña veía televisión y oía radio con mucha atención. Veía a Margarita Rosa de Francisco y también la oía. Ella quería ser famosa, sabía que era bella, se presentaba como una mujer fuerte, con carácter, convencida de que sería grande y llegaría lejos y entre más la veía y más la oía más me convencía de que no es una Artista sino una diva de la horrenda televisión colombiana y las revistas de chismes y vulgaridad, una mujer superficial esclava de la fama barata, esclava del cuerpo y la apariencia, feliz con lo que proyecta ante la mirada ajena, ante un público bastardo, la base de la sociedad, la gente que ve telenovelas y lee revistas horribles en supermercados y salones de belleza.

Margarita quiso ser actriz de cine y cantante y no fue ni lo uno ni lo otro y ahora, después de los cincuenta, le está apostando a la filosofía y a la literatura, y como es la diva de millones de imbéciles, fans sin formación literaria ni filosófica, gente que no ha leído más de veinte libros en su vida, le siguen el juego, le hacen creer que es Artista y Pensadora y ella en pose humilde dice como Silva, haciéndose la boba: ¡¿Poeta yo?! ¡¿Filósofa yo?! ¡¿Pensadora yo?!  ¡¿Referente intelectual yo?! Y los millones de imbéciles le siguen el juego y la hacen ver humilde y profunda, como si fuera la versión femenina de Sócrates.

Crecí viendo y oyendo a Margarita Rosa de Francisco, viendo fotos suyas en revistas al lado de los “famosos”, afiches tirados en el suelo y portadas de revistas; la oía en tono arrogante hablando de los grandes proyectos que nunca realizó y nunca hablaba de literatura ni de filosofía sino de música y cine y en su arrogancia, sobradez y falta de sentido común se sentía más grande que Shakira y Sofía Vergara juntas y mientras la veía y la oía nunca se me pasó por la mente que pasados los cincuenta quisiera seguir figurando y entonces ahora la vemos como tuitera estrella, referente nacional y pensadora ilustre.

Toda la basura y superficialidad de la que fue esclava cuando era joven y adulta la quiere convertir en su Sabiduría pero lo que ella no sabe es que los únicos que pueden creer semejante patraña son sus admiradores, los televidentes de Caracol, RCN y lectores de revistas-basura; su fuerte no es la sabiduría sino actuar en telenovelas y  quién ve telenovelas, ¿Cuál es el maravilloso público que la adora? ¿Se puede tener talento para presentar un reality? ¿Quién ve un reality? ¿Quién se desvive de emoción ante una reina o ante una mujer a la que le montaron una telenovela en vivo con Carlos Vives y con la que se veía bastante complacida porque se sentía como una especie de Lady di criolla? ¿Una persona inteligente y profunda, una filósofa o una escritora hace todo eso, mezcla todas esas facetas, se expone en público y se convierte en la reina de las amas de casa y cree que eso es llegar lejos en la vida?

Margarita Rosa de Francisco y la literatura

Cuando era niña veía televisión y oía radio con mucha atención. Veía a Margarita Rosa de Francisco y también la oía. Ella quería ser famosa, sabía que era bella, se presentaba como una mujer fuerte, con carácter, convencida de que sería grande y llegaría lejos y entre más la veía y más la oía más me convencía de que no es una Artista sino una diva de la horrenda televisión colombiana y las revistas de chismes y vulgaridad, una mujer superficial esclava de la fama barata, esclava del cuerpo y la apariencia, feliz con lo que proyecta ante la mirada ajena, ante un público bastardo, la base de la sociedad, la gente que ve telenovelas y lee revistas horribles en supermercados y salones de belleza.

Margarita quiso ser actriz de cine y cantante y no fue ni lo uno ni lo otro y ahora, después de los cincuenta, le está apostando a la filosofía y a la literatura, y como es la diva de millones de imbéciles, fans sin formación literaria ni filosófica, gente que no ha leído más de veinte libros en su vida, le siguen el juego, le hacen creer que es Artista y Pensadora y ella en pose humilde dice como Silva, haciéndose la boba: ¡¿Poeta yo?! ¡¿Filósofa yo?! ¡¿Pensadora yo?!  ¡¿Referente intelectual yo?! Y los millones de imbéciles le siguen el juego y la hacen ver humilde y profunda, como si fuera la versión femenina de Sócrates.

Crecí viendo y oyendo a Margarita Rosa de Francisco, viendo fotos suyas en revistas al lado de los “famosos”, afiches tirados en el suelo y portadas de revistas; la oía en tono arrogante hablando de los grandes proyectos que nunca realizó y nunca hablaba de literatura ni de filosofía sino de música y cine y en su arrogancia, sobradez y falta de sentido común se sentía más grande que Shakira y Sofía Vergara juntas y mientras la veía y la oía nunca se me pasó por la mente que pasados los cincuenta quisiera seguir figurando y entonces ahora la vemos como tuitera estrella, referente nacional y pensadora ilustre.

Toda la basura y superficialidad de la que fue esclava cuando era joven y adulta la quiere convertir en su Sabiduría pero lo que ella no sabe es que los únicos que pueden creer semejante patraña son sus admiradores, los televidentes de Caracol, RCN y lectores de revistas-basura; su fuerte no es la sabiduría sino actuar en telenovelas y  quién ve telenovelas, ¿Cuál es el maravilloso público que la adora? ¿Se puede tener talento para presentar un reality? ¿Quién ve un reality? ¿Quién se desvive de emoción ante una reina o ante una mujer a la que le montaron una telenovela en vivo con Carlos Vives y con la que se veía bastante complacida porque se sentía como una especie de Lady di criolla? ¿Una persona inteligente y profunda, una filósofa o una escritora hace todo eso, mezcla todas esas facetas, se expone en público y se convierte en la reina de las amas de casa y cree que eso es llegar lejos en la vida?

Lennon aforista

David Foenkinos escribió una biografía novelada de John Lennon a partir de dieciocho sesiones de psiconálisis en las que el artista habla por sí mismo ante un supuesto terapeuta que le inspira confianza y con el que al parecer no miente porque las anécdotas que va contando corresponden a los datos biográficos de su realidad real en relación con nombres, fechas y hechos, lo que cambia es la percepción de esos hechos y el resultado es sorprendente porque llegamos a creer que es John Lennon quien habla, no Foenkinos a través de él, y entonces el John Lennon de la ficción se convierte en maestro del aforismo como Montagine, Cioran o Flaubert porque no es fácil sintetizar una vida tan intensa y manejar tantos personajes en apenas 192 páginas. Todavía no tengo claro si se trata de otra novela ligera para leer en el avión o si es Literatura de verdad, a la que nos tenían acostumbrados los escritores sin internet, los de antes del siglo XXI.

En la novela se desarrollan casi todos los datos relacionados con la vida del artista y todo parte del abandono, la sensibilidad extrema, el vacío, el consumo de drogas como búsqueda, como consuelo, como escape, como inspiración y como revelación: marihuana, LSD, anfetaminas, heroína; el arte, el amor, las mujeres, las putas, las fans, los empresarios, los aviones, los músicos, el origen, el desarrollo y la desintegración del grupo, las búsquedas, el vacío y la tristeza que no se olvidan con nada, el desprecio al lujo y al dinero, la sensación de no tener identidad, el padre, la madre, la tía, el hijo, el otro hijo, la hermana desaparecida con la que recuerda haber jugado, el esposo de la madre, el otro esposo de la madre, las dos hijas de ella, el mundo fantasioso en soledad durante la infancia con la droga de la imaginación, esa droga al alcance de todos y sin los riesgos ni las consecuencias de las otras drogas.

Un niño fruto del amor entre dos adolescentes rebeldes e irresponsables lo condenan al abandono en las noches y el niño cree recordar sus propios gritos cuando tenía apenas dos o tres años. La tía Mimí se hace cargo de él pero el niño quiere un padre y una madre y ellos casi siempre están ausentes, ahí comienza la tragedia. El niño ama a la madre con amor desesperado y ella es esposa y madre de otras personas, pero cuando el niño cumple quince años se reconcilian y es ella quien lo relaciona con la música y gracias a esa mujer amada y admirada crea su primer grupo.

La madre muere atropellada por un policía borracho que confunde el freno con el acelerador. Mucho sufrimiento sumado al sufrimiento acumulado durante su infancia trágica y entonces la  vida de John Lennon consiste en tratar de olvidar el vacío y el abandono sufridos en la infancia -el tipo de dolor que no se cura con nada-  el hombre devenido en artista trata de curarse con música, drogas y amor y entonces lo más intenso de la historia tiene que ver con Yoko Ono, la mujer un poco masculina que tanto fastidia a sus fans porque la encontraban fea; la mujer japonesa siete años mayor que él, seria y de apariencia fría es la única persona que le da un poco de sosiego a esta pobre alma atormentada de niño abandonado que la ve perfecta, la suma de todo lo soñado en un solo ser: madre,  padre,  amante e  intelectual, una  artista con sensibilidad masculina y  la madre de su hijo. Se siente afortunado porque cree que encontró un tesoro, quiere hacer arte con ella y lo hace, los dos son conscientes de que su amor, su vida privada, es su gran puesta en escena pero  lamentan  que ella sea digna del odio de todos a su alrededor porque sienten que lo domina mientras él es feliz en su papel de hombre sometido porque es consciente de que necesita siempre a su lado a una persona fuerte que le brinde seguridad, alguien que le ayude a olvidar los gritos de abandono durante la infancia triste.

Hay mucha belleza, y una voluntad de ser un mito, es un modo de haber dado una versión oficial de su vida, dice David Foenkinos en la primera página del libro y luego le cede la palabra a John Lennon:

Nadie puede dar marcha atrás en sus venas.

Dondequiera que fuera, me esperaba el vacío.

Yo era un canalla, como todos los que triunfan.

No puedo expresar nada artístico si no es personal.

Al volverme una imagen para todos existía menos.

Los años tienen la perfidia de embellecer lo que era negro.

Canté muchas veces que no quería que me abandonaran.

Toda mi vida he querido tapar mis emociones con palabras.

Todas mis canciones, como usted sabrá, son autobiográficas.

Yo soy puro instinto. Siempre viví bajo el dictado de mi sensibilidad.

Mi vida es un intento incesante de probarle al mundo que valgo algo.

Yo gritaba pidiendo auxilio, y la gente aplaudía. Era un animal asustado.

El sufrimiento es una eternidad. Antes de los gritos había probado el silencio.

Tengo la impresión de encontrarme de pronto en el umbral de la vida normal.

Ahora pienso que el amor experimentado es proporcional al que no se recibe.

Y ahora comprendo que siempre hay algo inquietante en las horas de tranquilidad.

Al fin puedo vivir días que se parecen unos a otros. Descubro la rutina maravillado.

Siempre hay una gran distancia entre lo que soy y lo que la gente se imagina de mí.

Una parte de mí está persuadida de que soy un pobre diablo, y la otra piensa que soy Dios.

No he conocido más que el espanto. Lo intenté todo para salir de él. La droga, mucha droga.

Se puede dar un concierto frente a cincuenta mil personas y tener un pánico atroz a hablarle a una mujer.

De niño, me drogué con la imaginación, lo que era menos nocivo. Había que poner colores sobre cada cosa para luchar contra la hegemonía del gris.

Antes de Yoko, estaba muy solo. El abandono de una madre condena a un hombre a la soledad.

Me han rechazado tanto que soy capaz de oler el rechazo antes de que se manifieste.

Mis hazañas les gustaban a las chicas. Sobre todo a las de buena familia, que se excitaban con mis groserías.

Yo soñaba con una mujer artista, una mujer a la que pudiera admirar intelectualmente.

En la segunda parte de mi vida me ocupé de deshacer todo lo hecho en la primera.

Mimí me contó que una chica lloró sólo de ver el sillón donde me gustaba sentarme.

Creo que hasta la encontré poco atractiva. Fue su ingenio y su talento lo que me llevaron a amarla y a encontrarla hermosa.

Ella sabía que durante toda mi vida yo había necesitado personas fuertes junto a mí. Personas que debían representar el papel de madre o de padre.

Tengo la impresión a veces de que el genio se paga. Que el salvajismo del que somos víctimas alivia a los miserables.

La veían dominando al pequeño bobo que era yo. Esa servidumbre la he asumido. Me asombra que hayan despreciado una idea tan buena: la de un hombre cediendo su autonomía a una mujer.

Los tipos que se despiertan felices a la mañana son algo que me fascina. Paul es un genio, eso es indudable. Es la prueba viviente de que se puede ser feliz y ser un genio.

Escribir siempre fue lo más importante para mí. Había publicado un libro en el que se encontraban mis ideas fantásticas y mi gusto por las pequeñas historias retorcidas.

9788420415543