Antonia

Nací enamorada de perros y gatos

Me fijé en esos seres fantásticos antes que en el sol, el cielo, los libros y la gente.

El gato me parecía el animal más bello del mundo

El perro me parecía el animal más bueno del mundo

Tenía perro y gato y mi corazón no podía entender si quería más al perro o al gato

Sospecho que quería más al gato pero llevo dos días pensando en mi perra Antonia

Cuando tenía siete años le daba besos y abrazos al gato, le tocaba las orejas, los cojines de las patas y la cola

Me gustaba mirarlo a los ojos y perderme en medio de tanta belleza

Disfrutaba viéndolo caminar, correr y bostezar

Y jugar con un gato, un gato jugando con un niño, sentir sus dientes y su lengua en las manos, verlo jugar con la bola de lana o con la pelota de rayas es algo que no se cambia por nada, el recuerdo más bonito que puede existir de toda la infancia junta.

El gran amor de mi vida durante la infancia fue mi gato negro, cuyo nombre no alcanzo a recordar; o tal vez no tenía nombre, simplemente se llamaba El gato, eso creo.

Cuando tenía gato ya leía El gato, el poema de Baudelaire

Y por amor a los gatos terminé enamorada de la poesía

Y nadie le ha cantado más y mejor a los gatos que Charles Baudelaire, claro, porque él también tenía gato cuando era niño y también era poeta como yo.

El gato es un animal con el que se goza la vida dentro de la casa y los perros que me gustaban eran sólo los perros de calle y sin amo, perros criollos de todos los colores y ahí, en una calle cualquiera, fue donde conocí a Antonia.

Cuando era niña ya caminaba consciente de mis pasos y me gustaba caminar buscando gatos en ventanas, tejados, jardines o tomando el sol en plena calle, gatos atrevidos e irrespetuosos, y me gustaba saludar a los perros con toques en la nuca y juegos típicos entre perros y humanos.

Algunos perros abandonados buscan amo y después de un rato de juego en un parque o en una calle asumen que esa amistad no es pasajera sino que se trata de algo para siempre y ese fue el caso de Antonia.

Un día iba caminando, me crucé con ella, la saludé con cariño, caminamos juntas un rato y luego descubrí que caminaba junto a mí como si fuera mi perra, le decía con cariño que se fuera, que no soy amiga de un perro en particular sino de todos en general y que no puedo ir adoptando perros porque no soy una loca y además tengo una vida y Antonia no entraba en razón, se obsesionó conmigo y se plantó en la entrada de la casa, me acompañaba a todas partes, me esperaba en cualquier lugar mientras salía y así terminó convenciéndome y fue mi perra durante uno o dos meses y después, como hice con otros gatos que me encontré por el camino, se los terminé entregando a mi mamá, que tiene más tiempo y no ama tanto a los animales como yo y por eso los puede cuidar mejor que yo porque mi amor incondicional a los animales está hecho de besos y abrazos y llega un momento en que llego a asfixiarlos y es mejor que se vayan con alguien que los vea como simples animales y les ponga la comida y el agua.

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Perros esbeltos que caminaban con resolución

En Bogotá hace veinte años había muchos perros,

Perros de casa con nombre de perro que ladraban desde las terrazas y salían a dar paseos callejeros para interactuar con otros perros,

Perros esbeltos que caminaban con resolución y tenían claro que cada salida tenía un propósito en el que casi nunca había un ser humano involucrado.

Recuerdo claramente que reflexioné mucho durante mi infancia sobre la urgencia de la sexualidad humana viendo desde mi ventana la guerra entre perros por una perra,

El juego que no es juego sino una estrategia fácil de seducción segura.

Ahora en Bogotá no hay barrios sino conjuntos residenciales

Y los conjuntos residenciales están plagados de gente con perro,

Como todas las casas son iguales los residentes buscan diferenciarse por la raza de su perro.

Pero esos perros ya no son perros,

Están vestidos a imagen y semejanza de sus dueños,

Son horribles perros que hacen buen juego con el carro, la casa, la elegancia, la arrogancia o la extravagancia de su dueño:

Un perro grande para una casa grande,

Un perro pequeño para un hombre pequeño,

Un perro horrible para gente horrible,

Un perro juguetón para gente amargada.

Antes el perro salía a dar paseos solo y se encontraba con otros perros;

Ahora el dueño del perro es paseado dos o tres veces durante el día,

El perro exhibe a su amo ante los demás perros.

Si amas a tu perro trátalo como a un perro

Hay gente que no tiene hijos pero tiene perro y sueña con realizarse como padre con su perro: lo educa, juega con él, lo llama por su nombre, se siente orgulloso de sus avances, no pueden conversar pero, en todo caso, los hijos no conversan mucho con sus padres y a veces las palabras hieren y separan a los padres de los hijos. Los hijos no son de los padres sino de la vida, como los perros. Ni los perros ni los hijos son ramas de los padres, porque ni los padres ni los hijos ni los perros son árboles ni ramas sino personas y animales con pies y patas.

Los perros no son tan tontos como algunos amos suelen creer, hay algunos que los superan en inteligencia: el perro siente compasión, finge no poder alcanzar en el aire el objeto que su amo le lanza como si lo estuvieran filmando (la gente que suele jugar con su perro en el parque por lo general es más fea, más chica, más insignificante que su perro, es gente a la que nadie miraría si no fuera por la gracia del animal). El perro no atrapa el objeto que le lanza su amo porque sabe que si lo hace le va a dar golpes en la cabeza para que lo suelte y si es tan tonto como para lanzarle objetos pequeños, cuando el perro se los traga supone que después de cinco minutos se los va a devolver porque lo tiene debajo de la lengua. El problema de los domadores de perros no entrenados es que creen que el perro es una prolongación de sí mismos, no saben que aunque hombres y perros puedan convivir son seres diferentes.

Tomar al perro por hijo es gracioso, tomar al perro por alumno es gracioso, disfrazar al perro de persona es ofensivo, una ofensa contra la dignidad del perro: a la perra no le interesa saber cómo le queda la falda y la cintas rozadas en la orejas; al perro blanco le debe resulta bastante incómodo caminar con cuatro zapatos negros de cuero con cordones, es un pobre perro torpe que camina como ciego ¿qué tiene de divertido ponerle pesas en el cuerpo a un perro y sacarlo a caminar para que los demás lo vean como a un perro peligroso? ¿Por qué sentir que tengo un perro deportista por el solo hecho de llevarlo corriendo mientras yo disfruto en la comodidad de una bicicleta?

Hay gente no que tiene hijos ni desea tenerlos, para eso tiene perro; hay gente que quisiera aprovechar mejor su tiempo libre pero no tiene talento para nada, entonces se compra un perro, al que decide entrenar; hay quien busca reafirmar su propia personalidad y escoge un perro para hacerlo, la elección debe ser inconsciente pero es un hecho que la mente humana es poderosa y gracias a este poder hombre y perro terminan por parecerse, hay perros con cara de gente y gente con cara de perro, ¿quién termina por parecerse a quién?, ¿la transformación se da gracias al poder mental del amo o del perro?

Comprar un perro es como comprar un carro: grande o pequeño, discreto o extravagante, usado o nuevo, ruidoso o silencioso, elegante y costoso o corriente y barato. Tener o no tener, tengo carro y perro grande, tengo carro y perro pequeño, no tengo carro ni perro, no necesita carro ni perro, cómo me vería yo en tal carro o con tal perro…