El amor muerto como una mosca aplastada

en muchos aspectos

los buenos tiempos habían llegado por fin

aunque

seguía viviendo en un

apartamento derruido junto a la

avenida.

 

me había abierto paso a través

de muchos estratos de terrible

adversidad.

 

Siendo un tipo ignorante

con

sueños descabellados, al final

muchos se habían hecho

realidad (bueno, si

vas a probar suerte

más te vale pelear

por el premio gordo).

 

pero casi

de inmediato

(como suelen pasar esas cosas)

la mujer que amaba con locura

se largó

y empezó a

follar

de la mañana a la noche

con

desconocidos y

desconocidas

imbéciles

y (en honor a la verdad)

probablemente con alguna que otra

buena persona.

 

pero

(como suelen pasar esas cosas)

fue sin

aviso previo

y me dejó con

una lastimosa languidez

incrédula

y un doloroso absurdo

desgarramiento en el

corazón.

 

asimismo

al cambiar

las tornas

me salió

un inmenso

furúnculo

en la espalda

casi del tamaño de un

albaricoque, bueno, un

albaricoque pequeño

pero aun así una

monstruosidad y un horror.

 

arranqué el teléfono

de la pared

eché el pestillo

bajé las persianas y

me puse a

beber

solo para pasar

la noche, y

enloquecí, probablemente,

pero

en un nuevo sentido

extraño y

delicioso.

 

encontré una antigua grabación de

Careless Love

y la escuché

una y otra vez:

la desesperanza de

ese disco de blues

casaba exactamente con mi

jaula

mi lugar

mi propio ánimo

desencantado:

 

el amor muerto como una mosca

aplastada.

 

volví la vista atrás

deambulando por el pasado

reciente, caí en la cuenta de que como

ser humano

podría haber sido mucho

mejor, más majo, amable,

no solo con ella

sino también con

el tendero

el quiosquero de la esquina

la visita inesperada

el mendigo harapiento

la camarera cansada

el gato extraviado

el camarero soñoliento

y/o

etc.

 

seguimos quedándonos

a medias una y

otra vez

pero luego pensamos que

a fin de cuentas, tal vez,

no somos tan terribles

después de todo, y luego nos

encontramos con

una novia que

va follando por

ahí de la mañana a la noche

y además nos sale

un furúnculo casi del

tamaño de un

albaricoque pequeño.

 

¡ay, el remordimiento!

¡ay, la pena!

 

¡y esa grabación de

Careless Love

a todo volumen

una y otra

y otra vez!

 

Vaya temporada

dando tumbos entres botellas de cerveza

y whisky

la ropa sucia tirada

los periódicos sin leer

los pesares y

los recuerdos

todos esparcidos por la

habitación.

 

por fin lo superé

una semana después, solo

para encontrármela

en el umbral

a las 9 de la mañana de un

domingo

el pelo bien

arreglado,

la cara minuciosamente

maquillada,

con un vestido limpio,

sonriente,

como si hubiera

hecho borrón

y cuenta nueva.

 

-estaba allí plantada,

no era más que una

zorra

boba y

liante-

 

después de haber probado a muchos

otros y haberlos

encontrado (de

una manera u

otra)

insuficientes

 

estaba de

regreso (esperaba

ella)

mientras le ponía una

cerveza y

me servía whisky

en el vaso casi

vacío

 

oyendo

entretanto en

mi cabeza

aquella canción

imposible de olvidar sobre

el amor desconsiderado.

 

pero si mi amor por ella se

había acabado

algo distinto estaba a punto de

empezar

cuando cruzó las largas

piernas

me ofreció su sonrisa

radiante

y dijo,

alegremente: “bueno, ¿qué has

estado haciendo en mi

ausencia?”.

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Muy duro para que le importe

Hay un tipo grande y gordo que viene a verme, se sienta

en el sillón grande y se pone a fumar puros

y yo saco el vino

y lo servimos.

El tipo grande se lo despacha de un trago y yo

no me quedo atrás.

 

Fuma diez puros cada noche y bebe tanto

como yo.

No parpadea siquiera

yo tampoco.

 

Es mejor cuando estamos a solas porque nunca

habla con otros

Lo que más me gusta es que nunca perturba la

imagen que tengo de él

es un hijoputa de lo más duro y yo soy

un hijoputa de lo más duro

y nos vemos más o menos

cada 3 meses y montamos nuestro

numerito.

cualquier otra cosa

nos mataría

a los dos.

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De 10 a 4

Ante la impotencia de la  página en blanco me acaban de dar dos consejos para que regrese la musa:

¡Oblígate a escribir!

Funciona masturbarse, una ducha y luego ¡Manos a la obra!

Mucho mejor si es de diez de la noche a cuatro de la mañana.

A mí me ha funcionado siempre

¡Ay! ¡No!

Ese no es mi método, dije yo un poco turbada

Me gusta escribir de forma natural, sin presiones, sin compromisos, sin que se trate de un encargo o de demostrarle al mundo que soy poeta, intelectual, pensadora, columnista, analista…

Escribir por escribir, eso es lo que me gusta

Que los dedos vuelen sin saber a dónde van,

Sin cálculo ni premeditación.

Las ideas aparecen caminando y sólo escribo de día aunque hoy hago una excepción porque apenas hace veinte minutos me dieron los consejos y van a ser la diez de la noche.

¡Sí puedo escribir de noche y no precisamente después de caminar, pero la idea de darme amor, tomar una ducha y luego saltar al teclado es una experiencia muy espectacular para alguien como yo!

El hombre y la mujer

El hombre es la más lujuriosa de las criaturas;

la mujer se aprovecha de su lujuria.

Dios hizo para el hombre una mujer,

para la mujer algo que desear gracias a un hombre.

La mujer exalta;

el deseo sacrifica.

El hombre es el pene,

la mujer el juego,

el pene fabrica espejismos;

el juego produce risa.

El pene estimula,

el humor hace más llevadera la vida.

El hombre es fuerte por el pene;

la mujer invencible por las máscaras.

El pene parece convencer;

las lágrimas parecen conmover.

Hombre y mujer saben que ambos fingen y ambos fingen no saber nada del fingimiento del otro.

El hombre es capaz de todos los sacrificios por sobreponer el amor al sexo;

la mujer de todos los martirios por parecer una Pobre Mujer.

El heroísmo produce risa, el martirio también.

El hombre tiene la supremacía del pene sobre la razón;

la mujer la preferencia de lo que el hombre le puede ofrecer más que el hombre mismo.

La supremacía significa la fuerza del pene;

la preferencia representa el derecho a la risa.

El hombre es un genio para despilfarrar dinero con mujeres;

la mujer es un ángel que desea ser invitada por un genio.

El genio es inmensurable;

el ángel indefinible.

La aspiración del hombre es la suprema gloria mientras posee a una mujer,

la aspiración de la mujer es la virtud extrema mientras aparenta ser un ángel.

La gloria hace todo lo grande;

la virtud hace todo lo divino. Ni el hombre posee la gloria ni la mujer la virtud.

El hombre es un código;

la mujer un evangelio.

El código no aprende a corregirse,

el evangelio no cree en lo que parece profesar.

El hombre piensa que piensa;

la mujer sueña que sueña.

Pensar es tener en el cráneo una larva alimentada por el deseo;

soñar es tener en la frente una aureola falsa.

El hombre es un océano de espejismos;

la mujer es un lago un poco más real que el océano del hombre, más práctico.

El océano tiene la perla que adorna: una mujer inexistente;

el lago la poesía del zángano, que deslumbra.

El hombre es el águila que vuela bajo;

la mujer es el ruiseñor que canta para seducir al hombre disfrazado de águila.

Volar es dominar el espacio imaginario,

cantar es conquistar el alma de las masas analfabetas.

El hombre es un templo para él mismo;

la mujer es el sagrario en el que cree el hombre.

Ante el templo nos conmovemos;

ante el sagrario nos arrodillamos.

En fin:

El hombre es el hombre y la mujer la mujer y Víctor Hugo con su poema El hombre y la mujer no me parece precisamente un Genio que amó a las mujeres.