Literatura y pornografía

Desde 1979 soy una lectora voraz y mi voracidad hacía que cualquier objeto en forma de libro o de revista al alcance de mi mano fuera devorado sin espera. Un día, como quien no quiere la cosa, buscando secretos en la caja de juguetes de mi hermano mayor encontré una revista pornográfica denominada Chicas calurosas; eran unas fotos inocentes de jóvenes hermosas y sensuales con ropa deportiva que incluía sólo medias, zapatos, balacas y demás accesorios deportivos, nada de ropa ropa, sólo decorado. Al lado de cada fotografía había un texto sobre lo intenso del verano, sobre lo complejo que es escoger atuendos para ciertas temporadas. Revisé bien la revista y me gustó, eran bonitas las rubias y los textos estaban bien escritos.

Tiempo después supe que mis dos hermanos mayores escondían revistas prohibidas en sitios secretos y encontré dos o tres más con imágenes mucho más explícitas y fue ahí donde quedé enganchada. Al lado de los clásicos de la literatura y la filosofía también estaban los textos sobre sexualidad y pornografía y desde que tengo uso de razón mis días han estado acompañados de porno. Cuando no había internet alquilaba las películas como cualquier muchachito desocupado y vi varias con mis dos hermanos menores muertos de la risa. El menor cree que no fui una buena hermana mayor, más tratándose de una mujer que ejercía un rol de autoridad y de ejemplo, y yo no supe qué responder a ese reclamo. Ese niño que ahora tiene 34 no confía en mí, me mira con recelo y desconfianza, un día me dijo que la gente como yo no es digna de confianza porque lleva mucho tiempo viviendo sola para pensar y hacer barbaridades. Es un hombre niño muy inocente, puro y angelical.

Anoche vi una entrevista a Virginie Despentes, una conversación con Pablo Iglesias sobre poder, feminismo, arte y pornografía y lo más sorprendente fue la naturalidad con la que ambos hablan de pornografía, de su recorrido desde los ochenta y de cómo la pornografía en internet ha llegado a límites insospechados sin que haya discursos sobre el porno, sin que se aborde de forma académica. Estoy de acuerdo con ellos y me parece triste que las nuevas generaciones se estén educando con las imágenes que ven sin preparación previa, condenados a la velocidad y a la desmesura.

Yo, una experta en porno con una trayectoria larguísima porque siempre me ha interesado saber hasta dónde llegan los límites del cuerpo y de la imaginación, a veces quedo con la boca abierta ante lo que están haciendo, especialmente cuando se trata de ver los límites de resistencia de las mujeres. Lo más triste de todo es que las imágenes llegan a los niños y a los jóvenes  sin preparación previa, sin haber pasado antes por la revista suave, luego la revista fuerte, luego el porno con historia, con humor, con palabras y situaciones que se vivía en los tiempos del VHS, duele saber que los  inocentes internautas sospechen o asuman que esa es la mejor forma de educarse y hasta les dé por poner en práctica lo que ven.

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Porno vía WhatsApp

El amor y el sexo son bienes escasos en estos tiempos confusos en los que se impone la desconfianza y, sin embargo, la gente quiere sexo y busca amor. Hombres y mujeres comparten acaloradas conversaciones en las que se manifiestan sus más secretos deseos y en el momento menos pensado se deshacen de la ropa y envían fotos y videos que luego compartirán entre risas con sus contactos más queridos.

Aunque tengamos pornografía convencional gratuita el morbo de ver gente real exhibiéndose nunca es algo que se desprecie porque el ojo es insaciable y el cuerpo femenino será siempre el objeto del deseo, no sólo porque formamos parte de una sociedad heteropatriarcal y opresora sino porque el cuerpo de la mujer es mucho más atractivo que el cuerpo masculino, tiene muchos más matices y despierta más deseos.

Una mujer inteligente JAMÁS, bajo ninguna circunstancia, debe tomarse fotos y grabar videos para compartir con su novio, esposo, amante, mejor amigo o conquista ocasional por más enamorada o entusiasmada que esté por una sencilla razón: el amor y el entusiasmo pasan y en cambio las fotos y los videos se conservan intactos y se pueden compartir hasta el infinito.

Feminismo y pornografía

Gracias a Alejandra Omaña (@AmarantaHank), supe de la existencia de Marina (@AmarnaMiller). AmarantaHank (colombiana, cucuteña, acuerpada, mujer de frontera y comprometida con el periodismo) parecía muy original, rebelde, con carácter, inteligente y hasta feminista y la admiración terminó cuando supimos que es una copia total de Amarna. Basta ver la carrera y las opiniones de Marina para imaginar en lo que se convertirá nuestra querida Alejandra.

Amarna tiene 26 años y Amaranta 24, mujeres jóvenes, vitales, llenas de deseo y dispuestas a satisfacerlo, una cualidad que no se sale de la generalidad de la mujer normal. Lo anormal sería que las niñas de esta edad pasaran el día entero cavilando sobre la evolución de la marsopa de cristal, la velocidad de los neutrinos, la naturaleza del tiempo y el espacio; la mayoría de las mujeres de su edad pasan casi todo el día pensando en sexo porque la naturaleza es cruel y Dios (si existe) se ríe de nosotros.

Amarna y Amaranta (discípulas de Henry Miller y de Charles Bukowski, según ellas) son claras en que están ávidas de sexo y quieren saciar todas sus fantasías. Ellas están en todo su derecho pero la pregunta es por qué lo tienen que hacer público y lo quieren mezclar con periodismo, arte, literatura y feminismo cuando todos sabemos que son campos completamente diferentes. A las dos les parece divertido hacer lo que más les gusta, que les paguen por hacerlo y que nosotros disfrutemos viéndolas trabajar pero qué sentido tiene aparecer como artistas o feministas cuando el 99% de sus espectadores están pensando en sexo y sólo en sexo cuando las oyen; las ven como actrices porno que se salen un poco de su libreto y se presentan como mujeres emancipadas y esa es la gran novedad, el gancho que ellas usan para vender más y para no parecer simples muñecas de carne.

No, Amarna y Amaranta no son simples objetos carnales, son  mujeres con ideas claras y talentos bien identificados. Esa es la novedad, son actrices porno con discurso.

Cuando la gente ve pornografía no se interesa casi nunca en la trayectoria intelectual de la actriz, en sus gustos estéticos, de qué lado de la cama duerme cuando está sola o cuál es su serie favorita porque ante la escena pornográfica el ser se anula y el ojo se concentra sólo en el cuerpo y en lo que quien está detrás de la escena quiere que pase con ese cuerpo a través de otros cuerpos, es una sucesión de miradas sin participación de la palabra, todo se concentra en el ojo, en ese momento crucial sobran los discursos y la ideología porque no tienen sentido en este contexto, no cabe la racionalidad, sólo existen el deseo quien observa, carne deseosa observando actos carnales de seres anónimos a través de la pantalla. No hay un cuerpo, hay cientos de cuerpos disponibles en la web y de esos centenares de cuerpos los espectadores saben el nombre de dos o tres mujeres no precisamente porque quisieran saber cómo son fuera de cámaras, cómo piensan, sino porque corresponden exactamente a su fetiche.

Hay cientos de mujeres trabajando en la pornografía, como hay cientos de mujeres ejerciendo la prostitución y a estas dos mujeres les pareció muy inteligente y original (más a Marina que a Alejandra) decir que son feministas y entre más lo pienso más me convenzo de que no hay ninguna relación entre feminismo y pornografía por una razón muy simple: la naturaleza del cuerpo de la mujer, sus particularidades. El cuerpo femenino es mucho más complejo que el masculino, todo en el cuerpo de la mujer está hecho para ser contemplado, tocado, disfrutado y por eso la pornografía se concentra en la mujer y manipula esos cuerpos hasta el límite. Mirarlas ya es un placer, ver cómo se visten y luego caen las prendas, ver los rostros, las formas de caminar, las curvas y luego ver esa belleza en movimiento convertida en muñeca de carne realizando actos acrobáticos hechos a la medida de la imaginación de quien está detrás de la actriz, de quien la dirige. Mujeres tratadas como muñecas de carne para saciar la imaginación y el deseo del espectador. Eso no tiene nada que ver con feminismo, tiene que ver con machismo, con el hecho de ver hasta dónde llega la imaginación masculina, sus fantasías hechas realidad a través del cuerpo de mujeres reales exhibidas para millones de ojos que contemplan gratis este triste espectáculo.

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