Aún no era grande

Para los tuiteros ignorantes, sin imaginación ni sentido del humor que están dudando del talento y la erudición de Estefanía Uribe Wolff rescato esta reseña que escribí sobre su libro maravilloso. Les recuerdo que fue reconocido como uno de los libros del año en 2013 y por el hecho de que Tefa no haya vuelto a publicar otros libros nadie tiene derecho a dudar de ella, de su escritura, su estilo, su fuerza ni su sensibilidad.

“Cuando lloraba y se acercaban a quitarme las lágrimas les decía suplicando: no me quiten mis tristezas. Adoraba el líquido que brotaba de mis ojos porque  era la consumación y demostración más pura de mis dolores; por eso no las llamaba lágrimas sino tristezas. Esas, que impregnaban de un olor mi trapo rosado que perdí o perdieron en una cantina de un olor que solamente mi olfato percibía”.

Unos cuantos piqueticos

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A Tefa, @tefa_ o Estefanía la conozco desde hace ya bastante tiempo si partimos de la certeza de que a través de Twitter podemos llegar a conocer a la gente mucho más y mejor que cuando convivimos con ellos. Ella se disputa el puesto de mi mejor amiga virtual con @jmalaparte. A las dos las quiero con intensidades similares y ellas se quieren un poco también aunque a veces discuten porque @tefa_ quiere seguir bebiendo y @Jmalaparte quiere que ella deje de beber. Lo que @jmalaparte no sabe es que @tefa_ comparte creencias con algunos místicos presocráticos: “Estoy segura de que en otra vida fui eso, una planta de agave macho segada por un jimador allá de Jalisco a la que luego procesaron, fermentaron y convirtieron en un tequila del que habrían de beber el mismísimo Emiliano Zapata brindando con Pancho Villa y que luego fue a dar a la casa de Frida, donde Chavela Vargas se lo encontró y se lo tomó con ella, Diego y Trotsky (pág. 24-25).

El libro de Tefa lo recibí el viernes. Siempre es emocionante recibir libros de otras ciudades o países pero este libro me emocionó más que otros venidos de mucho más lejos. Destapé la bolsa, rompí el sobre, miré su nombre y el mío con nuestras direcciones y nuestros nombres completos y adentro estaba su libro:  Aún no era grande, de Estefanía Uribe Wolff. La llamé y deseé con todo mi amor que me fascinara su libro y, claro, me fascinó, es un libro digno de mis ojos: literatura colombiana escrita por una mujer digna de ser leída con atención, digna de ser recomendada por alguien como yo. Lo leí el sábado, hoy es domingo, me levanté temprano, lo volví a leer y ahora me dispongo a escribir sobre esta belleza.

Es un libro de 57 páginas compuesto por diez textos breves con varios temas recurrentes: el coqueo, las tristeza, el dolor, el vómito, las supersticiones, el alcohol, Frida y Carolina Sanín. Mientras los leía pensaba que tal vez yo también debería publicar un libro, la experiencia de leer en pantalla no se compara con la experiencia del lector ante el papel con un resaltador rosado en la mano y un micropunta para hacer anotaciones sobre lo que se ha resaltado. Las palabras de Tefa merecen la letra impresa, la experiencia única que implica leer en papel, ver cómo se va transformando el libro a medida que transcurre el tiempo y vamos dejando marcas de cada una de las lecturas. Es un libro con dedicatoria, a primera vista pensé en la letra de una niña de colegio, pero cuando terminé de leer y volví a revisarla noté la mano temblorosa de quien escribe en el libro: “Tiemblo, es inevitable. Y no es miedo, ni es frío, ni es rabia, ni angustia, ni desazón. Tiemblo porque sí, desde siempre, por lo que me tomo en las mañanas y durante el día. Pastillas y café: una para la gastritis, otra inmunosupresora, otra azulita que no sé bien qué hace y otras dos blancas que me permiten ser gente…  Todas hacen temblar”. (pág. 31). Con esa misma mano temblorosa Estefanía escribió con tinta negra: “Para mi muy querida amiga Elsy (un corazón gordo dibujado) con amor, Estefanía Uribe W.).

La primera historia arranca con el bendito coqueo: “El coqueo es una cobija pequeña en forma de conejo que me regaló un amigo de mi papá cuando nací” (pág. 13) y el amor que Estefanía profesa hacia esa cobija devenida en trapo sucio y feo casi me hace llorar, yo que no lloro desde hace más de treinta años. El coqueo se perdió en una cantina: “Con el coqueo limpian regueros de aguardiente, mocos de borracho y no de niño y ya no es ni siquiera rosadito sino gris y feo, le cortaron las orejas, le quitaron el borde de satín y ya ni siquiera era un conejo” (pág. 15). Nuestra heroína recupera su coqueo porque lo reconoce después de mucho tiempo en la cantina donde quedó abandonado: “Mi llanto tiene  la particularidad de impregnar las cosas por siempre, con todo y un olor característico” (pág. 26).

Aún no era grande no es literatura infantil, no es una novela, tampoco es una colección de cuentos, nos recuerda la prosa de Fernando Vallejo y la de Juan Rulfo: “Al lado del río Cauca, entre Bolombolo y Concordia, quedaba La Herradura. Ya no existe… Y en ese lugar del mundo las estrellas son tantas, tantas, que el cielo parece blanco con manchas negras… Abajo, luciérnagas y cocuyos en un danzar extraño parecían hacerle espejo a la bóveda celestial” (pág. 19).  Es una prosa premeditada, escritura pura, atención y cuidado en la combinación de palabras y sonidos, una verdadera delicia para los ojos y para los oídos y de una tristeza más triste que la de los narradores jaliscienses de algunos cuentos de  Juan Rulfo; pero no es una vil copia de ningún autor, es la obra de una mujer y plasma temas que otras mujeres no se han atrevido a plasmar en la literatura colombiana. Esa es la gran novedad.

La mujer retratada por Estefanía no es una modelo SoHo siempre lista para ser penetrada sino una mujer de carne y hueso: “Sí, calma, y al otro día da temblor. Como el tiempo, pensamientos y obsesiones se detienen por un instante y todos los órganos con terminaciones nerviosas  se anestesian: el clítoris, por ejemplo, es como un miembro fantasma, y creo que es lo que sienten las personas mutiladas con sus pedazos faltantes. No hay lubricación y una penetración duele mucho. ¿Cómo harán la señoras casadas? ¿Y las que tienen novio? Bueno, yo no soy casada ni tengo novio. Punto a mi favor (pág 32).

Hay varias mujeres amadas en el libro, las que más sobresalen son la abuela Lucinés, Frida Kahlo y Carolina Sanín. A través de la abuela se recrea el amor a primera vista que solemos tener con un familiar muy cercano, a través de la  artista mexicana se recrea el  dolor del cuerpo femenino -la fuerza sacada a través de ese dolor- y a través de la escritora colombiana, llamada Justina en el libro, se recrea la sabiduría, la madurez, las profecías cumplidas pronunciadas por la sabia. Es en estas citas donde mejor se reconoce la voz de la autora con toda su originalidad, ella está obsesionada con lo femenino y no necesita que un hombre le explique su comportamiento, ella misma se encarga de hacerlo. En “Unos cuantos piqueticos”, el último relato, es donde mejor podemos apreciarlo:

Y el dolor de Frida  no es por la sangre que le escurre de su cuerpo desnudo. Ella siente un dolor que va más allá de esa pintura y de la sangre, de los piquetes… Tatuajes, los tatuajes son unos cuantos, infinitos, incontables o innumerables piqueticos… Sangre que sale de uno mismo, de las mujeres, sangre que hacía que las niñas  se volvieran mujeres. Que crecieran, por chillonas, ¿yo por qué? ¿Yo para qué iba a querer senos si me gustaba quitarme la camisa para jugar lo que fuera cuando hacía calor… Y el día que lloré, que me vieron llorar, fui a hacerme mi primer tatuaje, ese de la virgen que vino a tapar la mariposa. Punto por punto, aguanté un martirio de siete horas justo en la columna, el lugar del cuerpo que más le jodió la vida a Frida, que la invalidó e hizo que sus yesos en forma de corsés fueran obras de arte. La sangre me brotaba por la espalda baja y era de colores, de muchos colores.

Es mejor derramar sangre que lágrimas. Aguantar unos cuantos piqueticos. (pág. 56-57).

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Sobre la soledad

Hay muchas frases sabias sobre la soledad:

La soledad es la suerte de los espíritus excelentes. Son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos. El hombre solitario es una bestia o un dios. El hombre más fuerte del mundo es el que está más solo. La soledad es la gran talladora del espíritu…

El 95% de las frases sabias sobre la soledad son escritas por hombres y hacen pensar en El hombre, en la soledad del hombre no sólo como especie sino como género. Un hombre solo es un Dios, un sabio, un maestro, un poeta… Una mujer sola es una mujer abandonada, digna de la compasión y el asombro de vecinos, familiares, colegas y amigos. ¿Vive sola y no es infeliz? ¿Cómo hace? ¿No se aburre?

Nadie se imagina a una mujer que lleva casi treinta años viviendo sola en actitud de sabia sino que inspira miedo y lo digo por experiencia propia. Mi hermano menor dice que no se puede confiar en la gente que vive sola, los vecinos se sienten atacados porque no los miro ni los saludo y los niños me miran con temor y reverencia, como si se hallaran ante la bruja del 71 hecha carne, una  bruja risueña que no se ríe con ellos sino de ellos y con las escasas visitas que recibo: dos amigos hombres (que toman por mis múltiples amantes según su mirada desorbitada de vecinos confundidos) y hermanos y sobrinos que pasan por la casa de la bruja alegre dos o tres veces durante el año.

Pocas mujeres asumen la soledad como centro de su vida por más que lo intenten y no saben de lo que se pierden. Viven con esposos, hijos, hermanos, madres o tías; tienen animales, plantas, peluches, dildos, muñecos inflables, telenovelas, series, vecinas chismosas, familiares insoportables y mueren sin saber lo que llama el sabio salir de la minoría de edad, mueren sin saber lo que significa dejar de ser tratadas como niñas,  madres o enfermeras.

Muchas de estas pobres mujeres desvalidas y temerosas se llaman a sí mismas feministas y uno no sabe si reír o llorar.

¿El cerebro se llena?

Desde que leo he deseado dejar de leer

Pero siempre termino leyendo de nuevo

Después de muchos intentos fallidos

Me resigné como se resigna el borracho a la botella

La puta al catre

Y el ratero a no trabajar.

Pero hoy me encontré con un lector enfermo

Un ser humano que lee tanto como yo

El cree que si leemos tanto es porque algo falló en la vida

Y por eso estamos solos

El ha pasado por tres esposas

Yo por un solo esposo (y quedé vacunada)

El quisiera volver a intentar con una ignorante caderona que le dé dos hijos

Yo le conté que otro amigo lector hizo exactamente eso y ahora está perdido

Hablamos de varias personas perdidas gracias a los libros

Condenadas a pesar de que fueron mentes brillantes

Yo tenía la idea de que el cerebro podía llenarse y estallar

El cree que tengo razón y que tenemos que leer mucho menos y relacionarnos con gente común que esté alejada de los libros. Mecánicos de motos, carniceros y conductores de tracto camión.

Pensó que aprender a trabajar la madera podría alejarlo de los libros

Y terminó leyendo sobre cómo trabajar la madera

Pensó que vivir con gente es mejor que vivir solo

Y terminó leyendo sobre la familia y la soledad

Pensó que hay vicios peores que la lectura

Yo le dije que a mí todos me felicitan por leer

Que es la primera vez que me encuentro cara a cara con un verdadero lector

El verdadero lector pasa por momentos en los que odia los libros y quisiera no haber aprendido a leer nunca

Sufre y llora porque piensa cómo será vivir una vida auténtica

Una vida no reflexionada, no planeada y no modelada a partir de las lecturas

Se pregunta todos los días cómo será vivir como casi todos los seres humanos, gente común que no piensa mucho, no analiza mucho y a la que casi nada le importa porque no sabe casi nada, simplemente viven. ¡Como animales!

*son esas reflexiones -precisamente- las que me llevan siempre a los libros

El vivió con una lectora y se acabó la historia porque creyó que un día él terminaría siendo un libro más.