¿Quién es Isis Giraldo y por qué está tan crecida?

Twitter fue una red social medianamente poderosa entre 2010 y 2015, una pequeña red constituida por gente con la sospecha de que tiene algo que decir y lo dice sin pudor ni bases mínimas de redacción ante una audiencia muy pequeña y poco ilustrada que se siente inteligente dando y recibiendo favs y rts como si se tratara de dinero en efectivo, una red de gente “importante”, “crítica” y “empoderada” sin vida real que chatea en público y en privado sobre temas que consideran de la mayor importancia en medio de su estrechez mental y su ignorancia altanera y atrevida.

La mayor parte de la gente que usa Twitter no escribe sino lee horrorizada porque no deja de escandalizar el hecho de que un grupo pequeño de personas que no han leído más de diez libros a lo largo de su miserable existencia se tomen por el centro y fin del Universo mientras la gran mayoría de los demás seres humanos -gente con otras enfermedades mentales y adicciones- están en Facebook, Instagram,  YouTube, Wikipedia, viendo porno interracial, viendo pasar la vida como cualquier otro animal doméstico o rompiéndose el coco con drogas legales o ilegales, televisión, series o radio hedionda casi tan despreciable como todas las redes sociales juntas.

La mayor parte de la gente no tiene cuenta en Twitter y la mayor parte de la gente que la usaba de forma frenética hace cuatro o cinco años ha dejado de escribir o escribe mucho menos que hace seis o siete años por una simple razón: ya dijeron todo lo que tenían que decir y se fueron para otra parte o siguen aquí pero sólo leyendo barbaridades.

Casi todos los tuiteros escribientes son adictos, están enfermos, se toman por voces autorizadas, se dan valor entre ellos en medio de su locura, su falta de inteligencia, de sentido práctico o de mejores ideas para matar las horas.

Cada quien en su locura, en su mundo de mentiras,  en su solipsismo, pero nadie tan vilmente autoengañado como el tuitero que asume que está cambiando el mundo o influyendo en los demás en pleno 2018.

En este momento quedan en la red tonta los adictos, los nuevos y los que creen que son famosos e influyentes porque están ahí desde hace más de cinco años o tienen más de diez mil seguidores. Uno de esos pobres seres que inspiran un poco de compasión mezclada con risa y asombro es Isis Giraldo y tres tuits bastan para corroborar que se siente la nueva Ensayista, la rebelde iconoclasta parresiasta incomprendida que ve donde los demás no pueden ver y llega hasta donde nadie más puede llegar porque está más allá del bien y del mal, del amor y el odio, del miedo y del amor al dinero, al poder, a las amistades influyentes, al aplauso virtual, a los amigos de mentiras, a los favs y a los rts ganados a cambio de copas virtuales que terminan siendo más tontas que el cibersexo y la masturbación juntas.

¿Por qué Isis Giraldo se empeña en imitar lo que fui en Twitter y lo que soy en este blog? ¿Por qué posa de intelectual reputada sin serlo? ¿Por qué finge descubrir lo que yo descubrí hace más de cinco años? ¿Por qué quiere posar de víctima cuando sabe hacerse aplaudir por la masa estúpida que finge ser civilizada e ilustrada cuando son apenas unos sobachaquetas lamesuelas profesionales buscando contactos influyentes en las redes para parecer gente importante?

Estas son las reflexiones de Isis tratando de ser yo sin lograrlo. Ojalá supiera lo que significa vivir lo que he vivido en manos de colombianos, pobre mártir, ojalá supiera lo que es ser vilmente censurada, maltratada, humillada, amenazada de muerte, perseguida en las calles, calumniada de todas las formas posibles por la gente más despreciable que existe en este proyecto de país.

¿Por qué este remedo de intelectual rebelde pretende presentar ahora como asunto de la mayor importancia y como si se tratara de Ideas Originales los temas que he tratado desde hace más de diez años en internet?

¿Dónde se nos quedó tirada la decencia?

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¿Qué es Twitter después de ocho años?

Creé una cuenta en Twitter en 2010 y todavía no renuncio a esa red como he renunciado a todas las demás porque como objeto de estudio sigue siendo fascinante. Twitter es una red muy pequeña que se va reduciendo cada día más y va quedando la gente más mezquina, con menos carácter, con más baja autoestima y más abandonada.

¿Cómo veo el comportamiento de los usuarios colombianos en esta red y cuál es el perfil psicológico de los más activos?:

Twitter es más adictivo que el basuco y la prueba es que muchos usuarios se han despedido hasta diez veces para siempre regresar más enfermos y más adictos, la última vez siempre regresan peor que la anterior. El síndrome de abstinencia es poderoso y dudo que algún psiquiatra o psicólogo sepa cómo sacar a una persona adicta a la tonta red que lo ata y no lo suelta. Si el opio es la cadena de ocho vueltas Twitter le debe haber dado más de doce vueltas a los que se han despedido más de doce veces y regresan como si nada, sin asomo de rubor.

En Twitter la gente no es necesariamente fea pero se siente muy fea y ese problema los lleva a obsesionarse con otras personas para tratarlas de feas, esa es la misma razón por la cual la mayoría de los usuarios se niegan a mostrar su rostro y se escudan detrás del rostro de una persona bella, sensual o enigmática. Todos sabemos que decirse feo es asunto de niños de preescolar. ¿Quién no ha oído a un niño de tres años diciéndole a un adulto en tono de reproche?: ¡Yo a usted ya no la quiero, usted es fea! Ha pasado de moda atacar en masa a una persona por fea pero el tiempo me ha permitido constatar que la gente fea de Twitter  se siente inconforme con su propia cara (aunque no sea precisamente la cara de un monstruo) y goza asumiendo la actitud de un niño de tres años peleando con la tía que no lo quiere llevar al parque.

En Twitter no se impone la justicia ni la decencia sino el linchamiento y el odio y dar el nombre propio y poner la cara tiene sus riesgos. Hemos visto gente que ha sido obligada a renunciar a un cargo público, otros se han tenido que ir del país, otros han tenido que ir al psicólogo o al psiquiatra después de un ataque de tuiteros en manada. La falta de amor propio y el abandono se suman a la frustración, la frustración lleva a la ira y la ira de muchos se convierte en una gigantesca bola de mierda que le puede derribar la casa, la vida y la honra a una persona en un fin de semana.

En Twitter se vive la ilusión de amistad y esas amistades de mentiras se alimentan de conversaciones insulsas entre la gente que se siente fea; lo más seguro es que no tienen muchos amigos en la vida real y de tenerlos los dejan sentados en la mesa hablando solos como bobos mientras ellos miran el teléfono porque para ellos es más vital responderle una interacción a la amiga virtual que mirar a los ojos a una persona real. Los enfermos no diagnosticados y no tratados, por supuesto, pasan todo el día chateando en Twitter sobre temas intrascendentes, se favean y se retuitean sus bobadas y se jactan de su red de amigos, una red de amigos sin amigos.

En Twitter las Causas nunca han pasado de moda y a pesar de que se ha comprobado durante casi diez años que muy pocos tuiteros se han enriquecido, han encontrado marido rico y se han convertido en famosos de verdad, figuras influyentes y respetables gracias a sus tuits, siguen remando con entusiasmo con la idea de que algún día verán los frutos que no llegan. Años y años de trabajo perdido exponiendo sus vidas privadas, sus vergüenzas privadas, sin ningún tipo de pudor, sin amor propio, y siempre con la ilusión de que la exposición se vuelva rentable y esperando se quedan. Exponen el cuerpo, exponen a la madre, a toda la familia, a la mascota, luchan por las mujeres, por las reservas, por los derechos de los sin derechos. No creen mucho en la Causa, es una puesta en escena y no se cansan de insistir, de seguir arando en el desierto.

En Twitter abunda la frase sabia y la reflexión profunda, mucha cháchara y poca Sabiduría; las frases hermosas se escriben para proyectar, para representar, nada de eso tiene que ver con el ser, ni siquiera con el tener.

Diálogo socrático sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral

tú eres de mis favoritas. Te sigo con placer a pesar de que equiparen mi carácter con el tuyo y eso me traiga problemas en la vida real, pero como dijo Madonna “if you can’t take the heat, stay out of the kitchen”…

Si te traigo problemas en la vida real lo mejor es que no me sigas.

Eso le dijeron a San Pedro. Si la gente tiene un problema contigo o conmigo, suena raro, pero no es mi problema.

Pero no te conozco, nunca te he visto, ¿Cómo es posible que te haga daño y le haga daño a esa gente que te recomienda que me evites si no hablo con más de tres personas aparte de mi familia?

Muchos se toman muy personal esta red social. Yo me la tomo en serio pero solo en esta red social, dentro de ella. Es un tema complicado porque justamente este yo de aquí es el mismo afuera. Te sigo hace mucho y siempre has sido consecuente, en eso sí se puede confiar.

Se lo toman tan personal que creen que hago daño digitando. ¡Pobres seres humanos! ¿No es más fácil ignorar como dicen ellos mismos? ¿Por qué leen si les molesta tanto? Nunca sigo a más de cincuenta personas porque no hay a quién más seguir. Es tan triste todo en Colombia.

La verdad, lo verdadero, lo realmente honesto es una gema… es preciosa porque es absoluta y obvio no es común. Yo es que amo la verdad, por rara, fea y rechazada que sea. No podría ser un bienpensante a pesar de ser un ser humano indigno, vil y mentiroso.

A mí me gusta la verdad insolente, la que pone a estos cerdos colombianos a temblar de ira y a decir que me van a dejar sin trabajo, me van a matar, me van a echar ácido; la que los pone a decir que me invento la vida que vivo y tengo ochenta cuentas aquí.

La verdad es fea… la mentira es bonita. Mentir es ético, suave, lacio, fluido, blandito, sonriente, conciliador… la verdad es escabrosa, corrugada, maloliente, áspera, dura, asfixiante, triste, cruel, disociadora y sobre todo solitaria.

Yo paso la vida espantando gente. La soledad no es la condena por ser como soy sino algo que he elegido y eso también ofende a la horda, creen que tienen derecho sobre mí porque les gusta lo que leen y estoy obligada a hablar con ellos porque son mis “fans”. Pobres seres.

Lo que me gusta de túiter es que uno ve a la gente por lo que realmente es. Es un acceso directo al cerebro de los usuarios.

La mayoría de los colombianos no lo han estrenado.

Por:

Camilo Jiménez Varón y Elsy Rosas Crespo

Twitter en el mundo de la modernidad líquida

Tres amigos, tres hombres risueños, amables y graciosos son tres seres humanos de carne y hueso, gente con la que se puede caminar, ir a cine y oír música. Músculos, carne y sangre, realidad real, algo que se puede tocar, átomos, materia viva, lo sólido que no se desvanece en el aire.

Tres puede parecer poco al lado de catorce mil seguidores y mil rts por cada tuit, pero los tuiteros dizque influyentes juran que son poderosos porque todo el día tienen sentado el culo frente a la pantalla y son dizque famosos en medio de gente tan fracasada en la vida social como ellos. Bobos entre bobos escribiendo frases tontas, lugares comunes, verdades de cajón, fórmulas que conocen bien para parecer lo que no son y para que sus bobadas sean repetidas por otros bobos como ellos con pensamiento uniformado en lo que  se supone debemos pensar para parecer buenos ciudadanos, buenos seres humanos, humanos ejemplares, gente respetable y digna de ser imitada.

Olas de indignación de mentiras en manos de falsos mamertos, falsos seres de mente abierta, defensores del pensamiento libre, libertad de expresión y el derecho a no estar de acuerdo con lo que piensa la masa estúpida. Nada de eso es real, es simple movimiento de dedos comandados por un cerebro hueco que le teme al vacío y a la soledad y lo que este cerebro hueco de los tuiteros no sabe es que los cerebros huecos están interconectados a través de materia inexistente, esos amigos no existen, esas ideas no existen y esas vidas no existen.

Twitter es una cloaca insufrible, olla podrida, el mundo de mentiras perfecto para  observar cómo, de qué forma tan lamentable, se puede hundir una mente sin rumbo.

Carta abierta a Ignacio Garnica

Señor Ignacio Garnica:

Buscando información sobre Carolina Sanín para divertirme un poco a costa de su estupidez me encontré con un tuit insultante en el que usted me compara o me pone al lado de Virginia Mayer y Carolina Sanín; dice usted: “Elsy, Virginia Mayer, Carolina Sanín. Una radiografía de la literatura colombiana en la actualidad”. Doy por hecho que al escribir Elsy se refiere a mí porque de esa forma se refiere mucha gente por motivos que no conozco. Me parece un exceso de confianza pero no importa, ese no es el tema del que le quiero hablar.

Lo que quiero pedirle a través de esta carta es que tenga usted la decencia de no poner mi nombre al lado de gente despreciable a la que me he tomado el trabajo de ir desenmascarando desde hace unos cinco años desde mi cuenta de Twitter y desde este blog; impostores intelectuales de todas las calañas, artistas que no saben de arte, humoristas que hacen llorar de pena ajena a un payaso, feministas que ofenden la Causa, periodistas que enlodan la profesión.

Si usted me ha leído con atención debe entender que mi intención no consiste en formar parte del campo literario colombiano sino en observar cómo funciona ese campo, qué tan bajo puede llegar si es que se puede llegar más bajo, cómo se encubren unos a otros los plagios y cómo se aplauden y se premian su falta de talento y de dignidad. Si se fija con atención yo no estoy con ellos sino contra ellos, lejos de los lugares que habitan ellos, sus sueños serían para mí una pesadilla o un castigo.

Le recuerdo que no he publicado libros, no asisto a eventos culturales de ningún tipo, no tengo amigos escritores, no promociono a nadie ni aspiro a nada.

nacho