Carta abierta a Ignacio Garnica

Señor Ignacio Garnica:

Buscando información sobre Carolina Sanín para divertirme un poco a costa de su estupidez me encontré con un tuit insultante en el que usted me compara o me pone al lado de Virginia Mayer y Carolina Sanín; dice usted: “Elsy, Virginia Mayer, Carolina Sanín. Una radiografía de la literatura colombiana en la actualidad”. Doy por hecho que al escribir Elsy se refiere a mí porque de esa forma se refiere mucha gente por motivos que no conozco. Me parece un exceso de confianza pero no importa, ese no es el tema del que le quiero hablar.

Lo que quiero pedirle a través de esta carta es que tenga usted la decencia de no poner mi nombre al lado de gente despreciable a la que me he tomado el trabajo de ir desenmascarando desde hace unos cinco años desde mi cuenta de Twitter y desde este blog; impostores intelectuales de todas las calañas, artistas que no saben de arte, humoristas que hacen llorar de pena ajena a un payaso, feministas que ofenden la Causa, periodistas que enlodan la profesión.

Si usted me ha leído con atención debe entender que mi intención no consiste en formar parte del campo literario colombiano sino en observar cómo funciona ese campo, qué tan bajo puede llegar si es que se puede llegar más bajo, cómo se encubren unos a otros los plagios y cómo se aplauden y se premian su falta de talento y de dignidad. Si se fija con atención yo no estoy con ellos sino contra ellos, lejos de los lugares que habitan ellos, sus sueños serían para mí una pesadilla o un castigo.

Le recuerdo que no he publicado libros, no asisto a eventos culturales de ningún tipo, no tengo amigos escritores, no promociono a nadie ni aspiro a nada.

nacho

 

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Reflexionemos sobre el plagio

El nuevo plagio de Catalina Ruiz-Navarro -ahora en su trabajo de grado como Filósofa de la Universidad Javeriana- nos obliga a pensar por qué hay gente que lo hace y por qué algunas universidades no se toman en serio el hecho si tiene implicaciones tan serias.

¿Qué es plagio?

Plagio es no atreverse a pensar y a redactar uno mismo sino dejar que otro piense y redacte por uno. Cuando el escritor perezoso, inseguro y facilista cree que encontró una cita digna de ser escrita por él -aunque la haya escrito otro- la copia sin asomo de disimulo y sin vergüenza para posar de inteligente, profundo, sensible o lo que sea que quiera transmitir a través del robo de la frase, el párrafo o la idea que robó de un autor que no es perezoso, facilista ni deshonesto.

¿Qué tipo de persona plagia?

Plagia la persona que desconfía de su propio talento y seguramente no lo tiene pero quiere llegar lejos posando de intelectual, artista o erudito. Normalmente plagian los estudiantes perezosos y los adultos sin talento; los que sueñan con escribir como los grandes pero no saben cómo hacerlo y ante la impotencia caen en el robo intelectual y se les convierte en vicio. Quien plagia una vez y no es descubierto lo seguirá haciendo hasta que se confíe demasiado y llegue a copiar hasta cuarenta páginas. Copiar, robar, plagiar cuarenta páginas es llegar al límite de la manía de no pensar por sí mismo y no confiar en sí mismo y de paso pensar que los lectores del robo son todos unos completos ignorantes. La persona que plagia se desprecia a sí misma y desprecia a sus lectores, los subestima, los trata como tontos.

¿Es más escandaloso que incurra en plagio un estudiante o un profesional?

Un profesional.

¿Y por qué?

Porque no le da ejemplo a los estudiantes. Si un estudiante ve que una figura pública con títulos universitarios plagia ante la mirada de todos y no pasa nada va a pensar que no vale la pena pensar por sí mismo, que da igual hacer los trabajos con empeño o simplemente copiar. Un profesional debe dar ejemplo, tiene un compromiso social porque está a la vista de todos, debe convertirse en faro moral, en alguien a quien las futuras generaciones deseen imitar y ¿vale la pena imitar a un ladrón de ideas ajenas? No.

¿Qué se esconde detrás de la exigencia de no hacer plagio?

El deseo de respetar el trabajo ajeno, las horas consagradas a la lectura, la escritura, la reflexión profunda y el trabajo honesto. Una persona puede terminar una carrera profesional y no ejercer o ejercer de forma mediocre o sin figurar. Pero cuando el plagiador es figura pública y quiere posar de indignado, cuando defiende una Causa como el feminismo y el empoderamiento de las mujeres pero es un ladrón de las ideas de otros  -especialmente de hombres- ofende esa Causa y a todas las personas -hombres y mujeres, intelectuales honestos que creen que no todo está perdido y vale la pena seguir luchando por unos valores y principios que tienen todo el sentido y que debemos hacer respetar.

¿En cuál terreno de la filosofía encontramos el plagio?

Etica y estética.

¿Está perdida la ética? ¿Qué pasó con la filosofía? ¿Qué pasa cuando una filósofa feminista empoderada que se envalentona en contra del heteropatricado y el falocentrismo toma como propias ideas que no son suyas sino en su mayoría de hombres que no saben de su existencia?

Es muy ofensiva esa puesta en escena. Si soy filósofa feminista empoderada y poso de todo eso no se esperaría de mí que robara con absoluto descaro las ideas de otros y mucho menos en su mayoría hombres. No es justo que robe a hombres ni a mujeres pero asombra que luche contra el machismo y no sea capaz de pensar por sí misma sino que otros hombres tengan que pensar por ella y no se atreva a usar las comillas para reconocer el trabajo ajeno.

¿Cuál es el gran riesgo de convertirse en plagiador?

Que la persona pierde toda la credibilidad y aunque diga la verdad siempre vamos a creer que está mintiendo.

¿El plagio es una enfermedad contagiosa y se puede curar?

Es muy contagiosa y más en tiempos de internet; debe ser más adictiva que el basuco pero más traicionera que un admirador tuitero de los que expresan cariño a través de mensajes privados pero nunca lo nombra en público. Cuando una persona roba ideas y le va bien con el robo va a seguir haciéndolo, pasa lo mismo con los que roban tuits o se ocultan detrás de una identidad que no los representa. Salir del mundo de la mentira, el engaño y el robo debe ser más complicado que salir de las drogas más duras porque también carecemos de lectores atentos y de mente suspicaces.

 

En defensa de la realidad real y la salud mental

Todos los días de mi vida alguien que me conoce bien me sugiere que no use más Twitter, que no le hable más a oídos sordos, que no pierda más mi tiempo en un espacio virtual tan lastimero donde abundan las personas solas, tristes y abandonadas; los que han fracasado en las relaciones humanas cara y cara y en el amor, los feos, los tímidos, los resentidos, los inseguros, los faltos de amor propio, de cariño en la infancia, de afecto no disimulado.

Los envidiosos y odiadores por convicción usan este medio para vomitar toda la ira y frustración que los carcome porque es su única forma de sentir que existen, de que tienen voz y viven con la ilusión de que la suma de muchas personas como ellos dan la impresión de gallardía y hasta de poder; gente que se solaza en su propia podredumbre, en su ignorancia altanera y atrevida, en su grosería sin límites asumida como cualidad y una contundente muestra de carácter y originalidad.

Twitter es la única salida posible que calma a estas pobres almas atormentadas y si no actúan de esa manera estallan, mueren de dolor o salen a hacerle daño a gente real en la realidad real. Twitter es su psicólogo, su muro de los lamentos, su forma de manifestar lo que ha hecho de su ser la suma de frustraciones consecutivas y fracasos contundentes.

¿Que hago yo en Twitter entonces si tengo vida, si me siento querida por la gente en el mundo real real, si me siento orgullosa de la historia de mi vida y si sé que estoy en el peor de los mundo?

Les respondo el 1 de enero de 2019.

 

La intimidad como espectáculo

En muy pocos libros se analizan los textos escritos que se producen hoy en la red por personas conocedoras del tema, por intelectuales interesados en textos de ficción en soporte web como parte de la historia de la escritura y de la literatura, como parte del estudio de temas tan actuales desde hace más de cincuenta años como son: la muerte del autor, el ocaso de la novela y el fin del arte.

Paula Sibilia, en La intimidad como espectáculo, nos presenta el triste panorama que estamos viviendo desde hace ya bastante tiempo en lo relacionado con el yo narrador, la figura del autor y  la creación de este autor, con las obras que produce, quién las produce, con qué propósito, quién las ve, cómo se exhiben, quién gana con la exhibición…

El libro está dividido en nueve partes:

El show del yo.

Yo narrador y la vida como relato.

Yo privado y el declive del hombre público.

Yo visible y el eclipse de la interioridad.

Yo actual y la subjetividad instantánea.

Yo autor y el culto de la personalidad.

Yo real y la crisis de la ficción.

Yo personaje y el pánico de la soledad.

Yo espectador y la gestión de sí como una marca.

Es un libro erudito que nos recuerda los textos más representativos de Walter Benjamin, Virginia Woolf, Marcel Proust, Friedrich Nietzsche y Guy Debord, entre muchos otros, en temas relacionados con procesos de escritura, figura del autor, materia para la narración, el arte de futuro, el comercio del arte, la preeminencia del arte sobre el artista y el propósito buscado por el autor en el momento de aventurarse en el ejercicio de la escritura o de cualquier otro tipo de creación.

 La sociedad del espectáculo, “La obra de arte en la época de la reproductibilidad técnica” y Ecce Homo se constituyen en los textos fundamentales a partir de los cuales se articulan las ideas centrales, que no son nada alentadoras y que en un lector culto y atento pueden llevarlo a replantear el papel que juegan sus textos en la red, en un blog por ejemplo, en un espacio tan banal como el soporto que uso para redactar y publicar esta reseña, precisamente.

La autora considera que los blogs y YouTube son los grandes soportes para crear historias y que casi todas las historias que se presentan en esos espacios son historias banales narradas por gente común que busca ser vista y leída y que para conseguirlo se valen de estrategias que en muchas ocasiones atentan contra su dignidad como seres humanos. A ellos no les importa, lo que de verdad importa es que los vean y los lean.

Los textos que circulan en la red son en su mayoría textos de gente común, personas que quieren ser visibilizadas, reconocidas y remuneradas, lo que esas personas no saben es que las usan. Hay una parte del libro relacionada con el trabajo de marketing que hay detrás de las grandes pequeñas figuras de la web, la gente que se siente triunfadora porque le sirve a una marca.

Hay un gran despliegue a lo largo del libro sobre la forma en que se ha perdido la obra para destacar la figura del autor, ya no importa qué se escribe sino quién lo escribe y qué se sabe de esa persona, especialmente sobre su vida privada. Los lectores y espectadores no esperan historias bien narradas sino hechos reales de gente común, gozan viendo cómo se va narrando una vida, no importa de quién sea, y quieren conocer muchas vidas, no sólo una. Y una vida narrada da paso a otra vida y no hay cuándo parar porque todos los días en los blogs y en YouTube podemos presenciar historias nuevas y eso es lo que busca quien exhibe su vida y quien la contempla: exhibirse como se exhibe otra gente en los programas de televisión más escabrosos que todavía mucha gente sigue tomando en serio mientras los ve. No importa que la imagen personal se deteriore, lo que de verdad importa es capturar lectores y espectadores y sentirse famoso.

La autora no habla mucho de Facebook ni de Twitter y es una verdadera lástima porque es un hecho que son esos espacios los que tienen capturados y perdidos a más seres humanos que se toman por famosos y dan cuenta de su vida privada sin respetar límites. En el libro sólo se menciona a un autor colombiano: Efraím Medina y su desnudo frontal en Técnicas de masturbación entre Batman y Robin, pero es evidente que algunos autores colombianos han llegado mucho más lejos y han caído mucho más bajo. Lo que Carolina Sanín hace en YouTube, por ejemplo, es mucho más lastimero que cualquier desnudo frontal de un hombre en la carátula de un libro, más cuando se trata de una persona que, se supone, sabe bastante de escritura, lectura, literatura, interpretación, manejo de la imagen…

¿Vale la pena leer el libro? ¡Por supuesto!

Si usted ha expuesto un poco su imagen y quiere entender por qué no vale la pena hacerlo este libro es para usted.

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Mendicidad amorosa

Uno de los rasgos más sorprendentes en la vida de los grandes poetas es la mendicidad amorosa, la necesidad de apasionarse de forma desmedida por otro ser humano que no tiene que ser necesariamente otro poeta o artista sino una persona común, hasta ponerla en la categoría de un dios, un ser inalcanzable y amado en demasía, un humano que causa sufrimiento porque no se deja atrapar o porque no ama con la misma intensidad que aquel que se siente tocado por la musa si es que la musa existió en algún momento.

El artista sufre porque su objeto amoroso es esquivo o parece que se escapa, porque se asusta ante una pasión tan desmedida y empieza a sospechar que ahí hay locura o simplemente porque no comprende la naturaleza de la intensidad del sentimiento que parece convertirse en centro y sentido de la vida del artista y que casi siempre termina convertido en obra o enriqueciendo la biografía de esas personas que nos causan tanta curiosidad, los artistas y los filósofos: van Gogh, Burroughs, Flaubert, Baudelaire, Beethoven, Stendhal, Nietzsche, Rousseau… para nombrar sólo los casos más representativos de mendicidad amorosa, una experiencia repelida por la gente común que sólo pasa por la vida para comer, dormir, ver televisión, reproducirse, trabajar y despilfarrar la vida en los centros comerciales tomados de la mano de un ser no más inteligente y original que ellos.

Entre más sufrimiento y humillación experimenta el poeta más admiración sentimos  porque lo vemos como un ser humano sensible y desinteresado que pierde el tiempo en algo que la naturaleza ha convertido en un simple pretexto para la reproducción. Los grandes mendigos del amor no tuvieron hijos porque no los desearon, no estaban enamorados de la especie sino de otro ser humano al que a veces le conceden la categoría de dios o semidiós.

El poeta no busca ser amado sino amar, eso es lo que le da vida a su vida y no se conforma con alguien que lo ame para compartir la felicidad en un castillo y ser felices para siempre sino que la felicidad parece estar hecha de sufrimiento, ausencia e incertidumbre. Es lo más parecido al amor místico y al amor cortés.

Algunos amores se aprecian desde la distancia. Es un hombre que contempla a una mujer casada, mayor o de otro rango social y en muchas ocasiones la señora ni siquiera se entera de que el poeta la ve, sufre, llora y se lamenta por ese amor imposible. El enamorado escribe poemas, novelas y canciones inspiradas en su dama. Dante es el poeta de ese tipo de amor pero Flaubert no se queda atrás y las páginas más bellas de sus libros y sus cartas parten de ahí, de la frustración ante el amor esquivo, que no era precisamente Louise Colet.

Podría escribir cien páginas sobre los hombres apasionados que se han humillado como perros por mujeres que no “valían la pena”, por prostitutas, mendigas, mulatas, suicidas, dementes… pero lo que me llama la atención es pensar cuando este sentimiento es vivido por una mujer. Los casos más emblemáticos son Emily Dickinson -enamorada de un profesor que la toma por loca- y Amy Winehouse, enamorada de un ladrón que está enamorado de otra, que la mete en el mundo de las drogas duras y que se ríe un poco de ella, de ese amor de santa que nadie podía entender cuando estaba viva y que es lo que la pone a cantar de esta manera.

Ese hombre insensible y burlón casi siempre está mezclado con el público -como en este video- o esperándola detrás del escenario. Y ella le canta, lo adora en público sin ningún tipo de vergüenza, sin pudor. Ese hombre insignificante saca lo mejor de esta mujer cuando se sienta a escribir, cuando hace las canciones y cuando se presenta en público. Ella no le canta a sus fans, ella le canta a Su amor sin ningún tipo de disimulo, con su pasión desnuda

El profesor tonto de literatura no entendió nunca a Emily Dickinson. Siempre la tomó por una loca y se burló de ella con su esposa.

A continuación algunos apartes de las cartas de la poeta más grande de Estados Unidos enviadas a un hombre al que apenas vio una o dos veces y con el que era tímida como una niña en presencia suya:

El Hoy hace que el Ayer signifique.

Una carta la siento siempre como la inmortalidad, porque es la mente sola sin el amigo corporal. Deudores en nuestra conversación de la actitud y del acento, parece que hay un poder espectral en el pensamiento que camina solo – me gustaría agradecerle su gran amabilidad, pero nunca intenté levantar palabras que no puedo sostener.

Mi vida ha sido demasiado sencilla y austera como para turbar a nadie.

Las mujeres hablan, los hombres callan; ésa es la razón por la que me dan pavor las mujeres.

Si leo un libro y hace que mi cuerpo entero se sienta tan frío que no hay fuego que lo pueda calentar, sé que eso es poesía. Si físicamente me siento como si me levantasen la tapa de los sesos, sé que eso es poesía. Ésta es la única manera que tengo de saberlo. ¿Hay alguna otra?

Cómo vive la mayoría de la gente sin pensamientos. Hay mucha gente en el mundo (usted lo debe haber notado en la calle). Cómo viven, cómo sacan fuerza para vestirse por las mañanas.

La verdad es algo tan infrecuente que es preciso decirla.

El éxtasis lo encuentro en el vivir, la mera sensación de estar vivo es suficiente gozo.

La gratitud es el único secreto que no puede revelarse por sí mismo.

De la poeta dice el profesor:

Ella era un ser demasiado enigmático como para que yo lo resolviese en una entrevista de una hora; y el instinto me decía que el más mínimo intento de examen directo la haría replegarse a su concha; sólo podía estar quieto y observar, como hace uno en los bosques; tenía que identificar el pájaro sin usar la escopeta, como recomendaba Emerson.

La reputación virtual de gente sin nombre y sin cara

Todos hablan de no tomarse nada en serio

De reírse de uno mismo

De aprender a verse en el espejo desde la mirada de otro

Y sin embargo hay gente que cuida su cuenta en Twitter

Como si se tratara del más preciado tesoro

Tratan a sus “seguidores” como clientela

y escriben con cautela y con decoro

Para no perderlos, para que no se vayan con otro.

 

La mayoría de las cuentas en Twitter son administradas por gente con rostro y nombre propio

Pero lo ocultan por razones que sólo ellos conocen.

Desde cuentas sin nombre y sin rostro me piden a mí

La persona que siempre ha escrito con nombre y con rostro

Que me modere

Que me controle

Que no maltrate a las cuentas sin rostro y sin nombre

Porque detrás del teclado hay gente sensible que sufre y llora

3-Avatares-para-Facebook