La mirada de Antonio García Ángel

No conozco a nadie porque nací arrogante y aunque me he cruzado con mucha gente a lo largo de la vida no hago ningún esfuerzo para recordar nombres, ocupaciones, escalones sociales o posiciones en el hall de la fama. Tampoco recuerdo caras.

Muchas veces me han preguntado por personas con nombre propio y mi respuesta siempre es la misma: no lo conozco. No lo conozco aunque esa persona me conozca, sepa mi nombre, lea lo que escribo, haya conversado conmigo un par de veces y hasta se tome por amigo mío.

Casi siempre camino mirando hacia ninguna parte porque mi ocupación favorita no es mirar sino pensar, pero muchas veces siento que me miran con atención, como si me conocieran y algunas veces miro bien a la persona que me mira tratando de entender quién es y si alguna vez hemos hablado y casi nunca puedo saber quién es el que me mira.

Ayer estaba en la biblioteca y vi que alguien me miraba, lo miré para tratar de saber si sabía quién era y por qué me miraba como me miraba. El me miraba, yo lo miraba, él me volvía a mirar, yo lo volvía a mirar y al final el pobre hombre me miró con mirada lastimera, como de perro apaleado, y yo decidí mirar para otro lado.

Lo mirada lastimera de perro apaleado en el rostro de un hombre me conmovió un poco, me pregunté por qué alguien a quien nunca había visto antes mi miró con esa cara, como si temiera un golpe en la espalda de mi parte con una porra, como si conociera la contundencia de mis golpes y lo implacable de mis palizas.

Mi compañero de viaje estaba haciendo la consulta en la biblioteca y mientras él miraba el catálogo le narré la conmovedora historia, él detuvo un momento la búsqueda, me miró a los ojos y me dijo sonriendo: ¡Es @erizodemar!

Era Antonio García Ángel el hombre con mirada de perro apaleado, la eterna promesa de la literatura colombiana, el remedo de escritor de quien me he ocupado varias veces en este blog, el mismo hombre que me había mirado antes (en Avenida Chile) y yo no había visto y sí había visto mi amigo que goza viendo la mirada y la reacción de otros mientras me miran.

Cuando mi amigo llegó a la biblioteca yo estaba mirando el teléfono y el perro apaleado me estaba mirando a mí. Vio cómo nos miramos él y yo cuando nos saludamos, después me miró con mirada de perro porque seguramente pensó que yo sabía a quién estaba mirando y no, no lo sabía.

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Turismofobia

Desde que tengo uso de razón leo libros y desde que empecé a relacionarme con gente que lee libros todos repiten como loras que TENGO que viajar porque un lector que no viaja es como una prepago sin tetas y culo de silicona.

Mis primeras lecturas fueron libros de filosofía -especialmente memorias, diarios y cartas- y mis favoritos eran siempre los escritores sinceros que sabían quedarse solos leyendo en su casa mientras nos explicaban a otros lectores que sabíamos quedarnos solos leyendo en nuestra casa por qué viajar nos enferma, nos roba el tiempo, nos deja ver lo más bajo de la condición humana, nos convence de que todos somos el mismo simio y nos convierte en seres banales como la mayoría de los amantes del buen comer, el buen vestir, los buenos vinos y los buenos viajes; la mayoría de los buenos viajeros creen que entre más lejos mejor, más elegante.

Sócrates no quería viajar, Séneca no quería viajar, Kant no quería viajar, Bukowski no quería viajar. A lo largo de la Historia la gente más inteligente no quiere viajar porque saben que es tan absurdo como casarse y tener hijos para soportar mejor el peso de la existencia, para olvidarse de que existen, para matar las horas con múltiples ocupaciones.

La gente más tonta -que es mayoría indiscutible porque Dios es sabio- vive en familia y sueña con viajar y la miseria del mundo actual puso a medio mundo a conocer al otro medio mundo y los sitios más turísticos son lugares emblemáticos para ir a ver turistas porque el turismo desplazó a los habitantes, a quienes tuvieron la mala suerte de nacer en un sitio turístico.

Venecia y Barcelona son las ciudades más azotadas por la llegada de millones de turistas desesperados por su deseo de comer, beber, mirar, tomar fotografías y estos pobres seres no pueden ver las ciudades ni los museos porque no hay espacio para caminar y las  masas de desesperados destruyen el tejido social y hacen que los habitantes tengan que irse a otras ciudades porque ya no hay vivienda; cada día construyen más hoteles y las casas y apartamentos se usan para arrendárselo a los turistas y, entonces, eso empobrece más a los habitantes y nadie los puede ver porque ellos no quieren que los turistas los vean porque los turistas son la peor desgracia que llegó a sus vidas y las destruyó.

Mi problema es simple: pura falta de verga

Con ustedes un defensor de las mujeres empoderadas en Colombia. Es un comentario viejo que nunca perderá vigencia:

Gurrecito, qué ternurita usted pidiendo que le definan qué es cuquioxidada, qué negación de la realidad tan marcada tiene usted. Le voy a dar una manito porque se la merece, en más de una forma [risas estruendosas]. Una mujer cuquioxidada es la que ante la falta de sexo recurre a formas perversas de autoestimulación, como involucrarse en prácticas sadomasoquistas de múltiples formas y vertientes. Por ejemplo, el estado de hiperexcitación que le causa la lapidación de Catalina Ruiz. Dado su cuquioxidamiento se autosatisface usted con unas pajillas en forma de lapidación.
En principio compartimos usted y yo la misma fuente de placer, solo que en mi caso venir a decirle unas cuantas verdades no son pajillas sino simples rascaditas de pelotas en su nombre. Su spam con Catalina es todo un despliegue público autoerótico. Cada vez pone usted más en evidencia sus celos hacia las mujeres sobresalientes, atractivas e inteligentes. Su fuente de lubricación es lapidarlas. De paso devela la inexistencia de su Andresito: una mujer bien follada no recurre a estas prácticas perversas autoeróticas.
La solución obviamente sería encontrar otras formas de lubricar su cuca oxidada, esa caverna llena de telarañas que ningún ser humano o animal, ni siquiera su propia mano, visita desde hace algunas décadas. Comprensiblemente, la verdad sea dicha. No le vendría nada mal una cata de condones. Hoy lamento que Dante no conociera a una mujer como usted, qué pasajes los que hubiera escrito sobre el infierno y el purgatorio, qué personaje grotesco es usted.
Le envío dos patadas en el culo a su novio imaginario, por guevón y por no saber comportarse como un varón con usted.
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elprosista14@punishmail.com
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Enviado el 04/12/2013 a las 5:13 |
Confirmado también que usted, como Sandra Suárez, tampoco sabe inglés. Luego ninguna de las 2 sabe exactamente qué fue lo que plagió Catalina. Las comillas son anecdóticas Gurrecito. Mande a traducir el artículo de Wade para que pueda argumentar la paliza que le dio a Catalina. Le doy una pista: Wade apenas aparece mencionada en el sexto párrafo, cuando todo lo escrito en los párrafos anteriores es trabajo de ella. Pero como sus lecturas a medias son suficientes para usted, se quedó con la versión de Pabs en lugar de verificar de qué estaba hablando. Esa es la medida de su mediocridad. Patética.

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Progres en Colombia

Colombia es un país insignificante sumido en la pobreza, la apariencia, la ignorancia, el machismo, el pensamiento conservador, la violencia, la fe inquebrantable en Dios y en todos los Santos (aunque muchos digan que son ateos para parecer rebeldes y contestatarios) y con la  idea vista desde adentro -especialmente desde Bogotá por personas que vienen de la provincia a vivir aquí la idea de lo que consideran ellos es volverse bogotano-, desde la perspectiva de los neobogotanos super chic al mejor estilo Sandra Suárez en sus bicicletas y con sus carteleras como Catalina Ruiz-Navarro en sus plantones en minifalda para defender todo tipo de Causas (pacifismo, feminismo, animalismo…) para parecer buenos, sensibles y comprometidos; ellos dan por sentado que somos un país en vía hacia el desarrollo porque vienen de un tierrero todavía más lamentable que Bogotá, asumen que estamos conectados con el mundo como cualquier gran capital, se solazan con la idea tonta de que Colombia va bien y mejorando… pero indagando en internet sobre algo tan banal como ¿qué es ser progre? para saber si esa tontería está conectada con la corrección política y la autocensura, con el famoso “hay ciertas cosas que no deben decirse” y  con el “todos somos buenos por naturaleza y debemos ser empáticos con los seres sufrientes y con los que no tienen voz”, pensando en tonterías de ese calibre auspiciadas por las redes sociales podemos convencernos de que seguimos siendo además de un país insignificante sumido en la ignorancia, la pobreza y la violencia, además de todo eso que ya somos, parece que estamos condenados a seguir siendo el eterno país sumido en el ridículo porque todas las ideas las tomamos de afuera -especialmente de Estados Unidos y  Europa- con la ilusión de que pueden aplicarse aquí y, como siempre, terminamos siendo la caricatura de actos caricaturescos en otros países. Con los progres colombianos se repite la misma triste historia que con las culturas urbanas: la payasada local llega demasiado tarde casi siempre, la copia de la copia de una payasada venida de afuera con el sello de lo juvenil, lo rebelde, lo contestatario… pero ya todos sabemos que los rebeldes del piercing y el tatuaje serán siempre los eternos ridículos desde 1960 hasta nuestros días aquí o en cualquier lugar del mundo.

El progre es  rico y ve los países pobres y a sus habitantes (nosotros) con cariño y mucha conmiseración, pero no quiere vivir en Colombia, en Cuba ni en Venezuela; el remedo de progre colombiano instalado en Bogotá no querría vivir en Tarazá o en Tambo sino que llora a los pobres y a sus muertos desde la comodidad del hogar y busca muchos favs y muchos rts  gracias a la refinada elaboración de sus tuits, fruto de un largo proceso de depuración de sus estados anímicos archisutiles.

progre-pasión-por-Che-Guevara