¿Por qué le gusto a las mujeres?

Desde 1985 me han ofrecido drogas y he tenido pretendientes, casi siempre más mujeres que hombres y siempre le he dicho no a las drogas y  no a las mujeres.

El discurso sobre el consumo de drogas me interesa mucho, siempre he leído sobre drogas y casi todos mis amigos han sido exploradores de mundos y de sensaciones antes de ser amigos míos o durante nuestra amistad. He tenido varios amigos muy marihuaneros pero también he conocido gente muy experimentada con el basuco y con la heroína y no he conocido a nadie que este muy cerca de la cocaína, del opio fumado o del pegante; han probado esas drogas pero se quedan casi siempre con la marihuana o con el alcohol. La gente que ha tenido experiencias profundas con los hongos o con la ayahuasca parece haber vivido viajes reveladores pero no he sido gran amiga de un consumidor de ayahuasca. Esta semana me dijeron: los pensadores y los adictos llegan a las mismas conclusiones y esa es la razón por la cual tantas personas que consumen drogas se acercan a usted.

Sobre las mujeres el tema es un poco más perturbador porque la pregunta es simple: ¿Por qué le gusto a las mujeres y por qué me resulta más sexy el tema de las drogas que el tema de las mujeres si me han hecho mejores propuestas con mujeres que con drogas?

Las mujeres  siempre han sido encantadoras conmigo y a lo largo de mi vida he sido sorprendida con efusivas declaraciones de amor, besos robados que yo he perdonado siempre porque han sido en ambiente de fiesta, frases del tipo por qué pones ese muro que es imposible derribar y desde hace menos de una semana la mujer más sorprendente que haya podido imaginar a través de una relación virtual.

Ella me lee desde hace unos tres o cuatro años en Twitter y en el blog, le gusta como escribo, le gusta mi rigurosidad intelectual, le gustan mis chistes, mi forma de vivir y también me ve como una especie de monja; ella pensaba que la monja no tenía relaciones carnales con los hombres y cuando supo que sí la admiración se le convirtió en deseo y el deseo en amor. Hemos conversado en privado durante unas ocho horas en tres días y me sorprende la creatividad y la dulzura que tienen las mujeres para conquistar, todas las estrategias que existen para enamorar a una mujer. Ella no es lesbiana y yo tampoco pero dice que me ama y me desea y se imagina todo lo que podemos llegar a hacer las dos, me describe las formas de dar y recibir placer entre mujeres y entonces me acuerdo de otra amiga que también estaba enamorada y me decía: Elsy, cuando pruebas mujer no puedes volver atrás.

¿Tan bueno es?

No me ames, te lo ruego

Nunca antes en la vida había estado tan preocupada como lo estoy ahora porque lo que más amo por sobre todas las cosas y por lo que más he luchado a lo largo de mi vida es por algo que casi todos sueñan pero casi nadie tiene: libertad.

Para mí libertad es caminar tranquilamente sola y en silencio mirando flores, perros y gatos, árboles, edificios, gente que no conozco y que no aspiro a conocer porque nunca he estado interesada en conocer a mucha gente. Soy animal de compañía y no de tropa, nunca tengo más de dos amigos y mis amistades suelen ser larguísimas, empiezo a considerar que una persona es amiga mía después de cinco años de trato.

Estoy preocupada porque en los últimos tres días he recibido más elogios de los esperados, declaraciones de amor, deseo, admiración, personas que me dicen que se ponen nerviosas de sólo pensar que están hablando conmigo -por escrito-, mujeres que desean ser hombres para brindarme el placer que merezco, hombres confundidos porque sus novias sienten que están enamorados de mí y ellas en vez de sentir celos se sienten un poco orgullosas porque el novio tiene muy buen gusto, gente emotiva que me da ánimo -porque soy un referente- para que siga desenmascarando a gente como Catalina Ruiz-Navarro -adorada y defendida por los hipsters (ojalá yo supiera qué es ser hipster). Más de cinco declaraciones efusivas en menos de tres días.

Si estás leyendo este post y me admiras, me amas, crees que soy un referente y debo seguir escupiendo veneno aquí y en Twitter el mejor regalo que me puedes hacer para que siga siendo yo es no asfixiarme con tus halagos porque aunque me gustan y me hacen sentir bien también me hacen sentir en una especie de compromiso contigo y no estoy dispuesta a ser amiga de mis admiradores porque aunque escribo para que me amen más no quiero sentirme asediada nunca y esta semana me he sentido un poco así.

Un café para soñar

Desde cuando renuncié al cine sueño más porque el cine está inspirado en los sueños y yo puedo construir mis propios mundos.

El café es la droga perfecta para soñar y me gusta hacer experimentos con el café y con el sueño.

Ayer tomé dos siestas durante el día: una a las once y otra a las cuatro, las dos después de un café. Soñé más en la siesta de las cuatro que en la de las once.

Quise hacer un experimento arriesgado solo con la intención de ver qué pasa:

Me tomé un tinto a las ocho de la noche y me acosté a dormir y pasó lo que no esperaba: tuve unos treinta sueños surrealistas cada uno de los cuales me dejaba despierta y asombrada no sólo de los poderes del café sino de la máquina de soñar con la que me dotó la naturaleza.

Puedo confesar sin vergüenza que anoche me dí en la cabeza con café y que la traba debe ser más poderosa que cualquier viaje de ayahuasca, hongos o ácidos. No debemos olvidar que la calidad y los alcances de una traba no están relacionados con la droga en sí misma sino con el cerebro y la creatividad del trabado y mi traba soy yo misma.

No vuelvo a tomar café antes de acostarme porque es emocionante tener sueños de café, pero soñar durante ocho horas como quien está en la película más espectacular es caer ya en el abuso de las drogas y a las drogas les dije NO.

Echar raíces

Vivo en esta casa desde hace doce años y por fin me siento cómoda dentro de ella, como una rata en su madriguera.

¿Por qué fue tan difícil aceptar de nuevo este Hogar?

Porque venía de vivir durante treinta y cuatro años en la misma casa y quería morir en ella como los grandes pero mi mamá no me dejó, me obligó a buscar mi propio refugio. No se lo agradezco porque ese tránsito obligado me dañó la biografía en Wikipedia pero al mal tiempo buena cara, como los grandes.

Ahora es diferente porque nos hemos convertido en un solo ser. La casa y yo; la casa es como otra especie de ruana que me acaricia y me da calor.

Me parece tan confortable que no quiero volver a salir de aquí.

Me gusta caminar por la calles de mi barrio

He visto envejecer a varios vecinos

Algunos han enloquecido

Otros se han vuelto amargados.

Aunque yo no les brinde ni siquiera el saludo ellos también me deben conocer un poco y se deben sentir orgullos de compartir la vida desde lejos con alguien como yo.

rata-madera-cola-tupida-madriguera

Los viajes no curan los dolores del alma

A lo largo de mi nada accidentada vida he conocido gente que ha viajado alrededor del mundo, desde Islandia hasta Corea del Norte; desde Melgar hasta Taganga.

Todos dicen embelesados mientras narran sus supuestas grandes aventuras que a mí nunca me han sabido a nada: Elsy, ¡Tienes que viajar!, te falta mundo, te falta calle, viajar es una experiencia necesaria y bla bla bla.

Yo oigo a mis amigos sin mucha emoción y lo que me sorprende siempre de todos ellos sin excepción es que planean, viajan, regresan, narran la experiencia y en lo más íntimo de su ser siguen siendo los mismos seres humanos.

No los veo más inteligentes, creativos, sensibles o despabilados, sólo un poco más vanidosos, convencidos de que los viajes transforman cuando yo sé que es mentira. Transforman más los libros o las experiencias amorosas, la muerte, la enfermedad o el desempleo, los viajes no son la gran cosa.

Nuevas renuncias

Mi vida ha consistido en renunciar, a eso he dedicado la mayor parte de mi vida.

Siempre he vivido con la sensación de que sobra algo y de que la plenitud consiste en renunciar al peso.

Cuando era niña renuncié a los juegos con otros niños y vi que era bueno; descubrí que era mejor caminar con otra niña, con otro niño, que andar corriendo y gritando sin motivo ni razón.

Más grandecita renuncié a los paseos, las piscinas, las playas, balnearios, a los bailes y las borracheras comunales. Es mejor caminar tranquilamente con una persona que andar buscando destinos desesperada para compartir las fotos luego en las redes sociales como cualquier ciudadano de tercera.

Renuncié a la televisión y la radio porque me harté de la mentira y el mal gusto. Y también vi que era bueno.

Esta es mi lista de nuevas proyecciones de renuncia:

Cine

Perfumes

Pulseras

Anillos

Libros