Elsy está loca

A lo largo de la historia a las mujeres más brillantes las han tratado de locas, de brujas y de putas y muchas mujeres gigantes han terminado locas, enterradas en el consumo de alcohol o de drogas, en la depresión más lamentable o en la prostitución porque les han repetido tantas veces y de tantas formas que son locas, brujas o putas que ellas terminan creyéndolo y confirmándolo. Son las Fridas y las Virginias que han sufrido las peores presiones en vida y muertas se convierten en Ilustres Pensadoras y Artistas.

Las mujeres son reconocidas como locas cuando dicen algo coherente que debió haber  sido dicho por un hombre porque una mujer que dice algo coherente no puede ser una mujer, tiene que ser una loca.

Son reconocidas como brujas porque confunden a los hombres que se sienten atados y no pueden creer que una pobre mujer pueda ejercer tanto poder; brujas porque pueden llegar a conclusiones de forma muy rápida sin necesidad de pensar la respuesta durante mucho tiempo y como la inteligencia es masculina y la intuición es femenina si una mujer se destaca por hacer cálculos sorprendentes o por llegar a conclusiones de forma rápida no puede ser una mujer porque las mujeres no son inteligentes ¡Tiene que ser una bruja!

Putas porque sus cuerpos perturbadores y toda la belleza femenina son la causa de que los pobres hombres caigan en semejante trampa y entonces no se celebra y se respeta la belleza femenina sino que se buscan todos los medios para disfrutar de tanta belleza y como la sexualidad femenina es mucho más compleja que la sexualidad masculina y los hombres saben poco de mujeres llegan a la conclusión de que son putas insaciables, animales que juegan con el deseo de los hombres y los llevan a pecar o a perder la cordura y el control de su mente.

Nunca me han dicho puta pero sí me han dicho bruja y loca, más loca que bruja.

Veamos dos ejemplos de Twitter Colombia, el sitio más nefasto para ver la profundidad de la crisis que vive este pobre país desde su existencia hasta el fin de los tiempos:localoca 2

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Las tetas de Elsy

En  Twitter los colombianos no se refieren a mí por el nombre propio sino a través de expresiones del tipo La innombrable, No la invoque, No la nombre, Esa señora, Ya tú sabes quién, La loca de los ensayos, La hijueputa esa, La demente y un larguísimo etcétera.

Para referirse a cinco o seis inocentes fotos en brasier como la que verán a continuación y que publiqué entre 2010 y 2016 dicen con énfasis y en todos los tonos de alarma, asco, desconcierto y zozobra como quien nunca hubiera visto en la vida un catálogo de ropa interior: ¡Las tetas de Elsy! Por unas inocentes fotos me vuelven a poner el nombre.

Esa reacción irracional de seres irracionales es un tema que se ha tratado durante los últimos ocho años y en varias ocasiones ha sido Trending Topic. Da para un estudio serio y profundo sobre psicología humana, sobre por qué escandalizan fotos de este tipo en tiempos de internet, de pornografía, desnudez y vulgaridad de todos los estilos y de la forma más escandalosa.

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El odio a la persona hace que se vea desnudez donde no la hay y machismo desbordado al mejor estilo colombiano. La mayoría de las veces los comentarios más violentos son expresado por mujeres, humoristas o por hombres homosexuales.

Veamos el ejemplo de una humorista colombiana:

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En tiempos de pornografía, modelos webcam y desnudez excesiva en todas las redes sociales  escandaliza algo que no debería escandalizar y podemos hacernos la misma pregunta que se hace este usuario:

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También sorprenden este tipo de reacciones:

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Comentarios divertidos:

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Y llamados a practicar la sensatez y el pensamiento racional:

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Crítica a individuos como proceso pedagógico

Una amable lectora dejó un comentario en el que me pide que salve a Colombia y deje de hablar de gente porque no es didáctico.

Voy a copiar el comentario y a continuación explicaré por qué me ocupo de individuos, una especie de Respuesta para ver si por fin entienden a qué estoy jugando:

Elsy, tú que has detectado la falsedad y la hipocresía del feminismo colombiano, que sabes que mujeres del feminismo pop representan muy mal el movimiento por la igualdad de género, que has reconocido las actitudes machistas socialmente aceptadas de los hombres y las mujeres en Colombia, y que has sido víctima del machismo en las redes ¿Por qué no te conviertes en nuestra salvadora del movimiento? ¿En una filósofa o escritora o pensadora colombiana verdaderamente feminista? ¿En alguien que salga en los medios a decir verdades? ¿En alguien que publique un libro demoledor sobre la machismo y el falso feminismo? ¿En la fundadora de la cuarta ola colombiana? En vez de ser antifeminista, o en que todo se quede en una crítica a individuos, ayudaría mucho.

***

El feminismo colombiano es un desastre gracias a que sabemos quiénes se hacen llamar feministas: Catalina Ruiz-Navarro y Carolina Sanín. Este par de mamarrachos tienen voz y audiencia porque los medios y el público vil les siguen la cuerda. Puedo escribir cien posts más explicando por qué estas dos mujeres no son feministas, puedo escribir un libro de dos mil páginas explicando qué es feminismo y ese par de mamarrachos seguirán siendo vistas como feministas en este país de burros ignorantes, ciegos y sordos.

Me ocupo de personas porque esas personas se ocupan de temas, porque aparecen en los medios representando un papel con nombre propio y haciéndose cargo de unas ideas y unos actos, son figuras públicas que toman partido y yo como público tengo derecho a tomar partido sobre la actitud de esas personas. No conozco a esas personas, no tengo nada en contra de esas personas, y esas personas son tan torpes que me sirven siempre como ejemplo para ilustrar mejor por qué Colombia es un desastre por donde se le mire.

La idea de salir en los medios a decir verdades es un error porque los medios colombianos no son medios, son espacios para promocionar mentiras y falsedad y no pasa solamente con las falsas feministas sino también con los falsos artistas y los falsos amantes del conocimiento, la honestidad y la cultura. Toda la gente que sale en los medios es digna de esos medios y estar ahí con ellos me convertiría en una colombiana más y eso es algo que no me interesa.

El feminismo no llegó a Colombia y se está derrumbando en el mundo civilizado, no creo que haya cuarta ola porque vamos hacia una verdadera gran transformación que dentro de cincuenta años nos puede llevar a un Mundo Nuevo que por ahora sólo se vislumbra como desastre y como crisis. Si los países desarrollados viven el peor feminismo que se pueda imaginar una feminista de verdad no debe sorprendernos que en Colombia llamen a semejante circo feminismo y que esté representado para ese par de payasas, ellas están acordes con el país que tenemos.

Las mujeres y el poder

A los cincuenta años muchas mujeres están muertas, enfermas, vencidas o amargadas porque descubrieron demasiado tarde, cuando ya no vale la pena lamentarse ante el tiempo perdido, que tanto esfuerzo no sirvió para nada. Creyeron en el esfuerzo, fueron educadas en el “feminismo” que no las liberó de nada sino que les encomendó nuevas tareas, el doble de las que hacen los hombres: las mujeres deben ser amables, deben competir con los hombres en el estudio y en el trabajo, deben ser madres, esposas, cocineras y buenas anfitrionas. Si no hacen todo eso no son buenas mujeres y en lo más íntimo de su ser parece que la mayoría de las mujeres sólo quieren ser madres y  conseguir marido (por eso se “arreglan” tanto) y se engañan a sí mismas posando de académicas, intelectuales, políticas y empresarias porque al parecer esas tareas no forman parte de su naturaleza. Aspirar al poder, gozar del poder, luchar por el poder es más asunto de hombres, a las mujeres el poder no las excita, se excitan más con los adornos que compran, muchas trabajan para comprar adornos y por eso el marketing trata a las mujeres como niñas.

He visto morir y enloquecer a varias mujeres que soñaron con el poder y nadie sabe que existieron, que fueron mujeres aguerridas convencidas del camino que estaban recorriendo. A ellas, a las caídas en combate nadie las conoce, me conocen más a mí que he pasado la mayor parte de la vida comiendo, durmiendo y viendo sufrir al prójimo, viendo todos los días gente correr y morderse unos a otros, fingir desinterés, llegar a niveles grotescos de zalamería, hipocresía y  autohumillación para demostrarse a sí mismos y a los demás que van a llegar muy lejos y no llegan a ninguna parte, es como si no se hubieran movido un sólo centímetro durante años. Hombres y mujeres, claro. Gente inocente corriendo detrás de la nada, buscando fama, fortuna o poder y casi todos fracasaron porque es poco lo que se puede hacer después de haber cumplido cincuenta años.

A las mujeres les va peor que a los hombres en su carrera hacia el fracaso porque las mujeres tienden a ser más entusiastas, se comprometen más, se esfuerzan más porque tienen que hacer el doble de esfuerzo que los hombres para que las reconozcan como inteligentes, por ejemplo.

Las mujeres artistas para ser famosas tienen que estar muertas y venden mejor la Obra las lesbianas, las locas, las tristes, las suicidas y las borrachas. Ser cualquiera de esas mujeres da un poco de risa porque no vale la pena tanto sufrimiento para ser reconocido como artista, sin contar con el hecho de que en vida pocas han gozado de esos placeres. La obra de una mujer se reconoce después de haber cumplido ochenta años o tres o cuatro metros bajo tierra.

Aún no era grande

Para los tuiteros ignorantes, sin imaginación ni sentido del humor que están dudando del talento y la erudición de Estefanía Uribe Wolff rescato esta reseña que escribí sobre su libro maravilloso. Les recuerdo que fue reconocido como uno de los libros del año en 2013 y por el hecho de que Tefa no haya vuelto a publicar otros libros nadie tiene derecho a dudar de ella, de su escritura, su estilo, su fuerza ni su sensibilidad.

“Cuando lloraba y se acercaban a quitarme las lágrimas les decía suplicando: no me quiten mis tristezas. Adoraba el líquido que brotaba de mis ojos porque  era la consumación y demostración más pura de mis dolores; por eso no las llamaba lágrimas sino tristezas. Esas, que impregnaban de un olor mi trapo rosado que perdí o perdieron en una cantina de un olor que solamente mi olfato percibía”.

Unos cuantos piqueticos

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A Tefa, @tefa_ o Estefanía la conozco desde hace ya bastante tiempo si partimos de la certeza de que a través de Twitter podemos llegar a conocer a la gente mucho más y mejor que cuando convivimos con ellos. Ella se disputa el puesto de mi mejor amiga virtual con @jmalaparte. A las dos las quiero con intensidades similares y ellas se quieren un poco también aunque a veces discuten porque @tefa_ quiere seguir bebiendo y @Jmalaparte quiere que ella deje de beber. Lo que @jmalaparte no sabe es que @tefa_ comparte creencias con algunos místicos presocráticos: “Estoy segura de que en otra vida fui eso, una planta de agave macho segada por un jimador allá de Jalisco a la que luego procesaron, fermentaron y convirtieron en un tequila del que habrían de beber el mismísimo Emiliano Zapata brindando con Pancho Villa y que luego fue a dar a la casa de Frida, donde Chavela Vargas se lo encontró y se lo tomó con ella, Diego y Trotsky (pág. 24-25).

El libro de Tefa lo recibí el viernes. Siempre es emocionante recibir libros de otras ciudades o países pero este libro me emocionó más que otros venidos de mucho más lejos. Destapé la bolsa, rompí el sobre, miré su nombre y el mío con nuestras direcciones y nuestros nombres completos y adentro estaba su libro:  Aún no era grande, de Estefanía Uribe Wolff. La llamé y deseé con todo mi amor que me fascinara su libro y, claro, me fascinó, es un libro digno de mis ojos: literatura colombiana escrita por una mujer digna de ser leída con atención, digna de ser recomendada por alguien como yo. Lo leí el sábado, hoy es domingo, me levanté temprano, lo volví a leer y ahora me dispongo a escribir sobre esta belleza.

Es un libro de 57 páginas compuesto por diez textos breves con varios temas recurrentes: el coqueo, las tristeza, el dolor, el vómito, las supersticiones, el alcohol, Frida y Carolina Sanín. Mientras los leía pensaba que tal vez yo también debería publicar un libro, la experiencia de leer en pantalla no se compara con la experiencia del lector ante el papel con un resaltador rosado en la mano y un micropunta para hacer anotaciones sobre lo que se ha resaltado. Las palabras de Tefa merecen la letra impresa, la experiencia única que implica leer en papel, ver cómo se va transformando el libro a medida que transcurre el tiempo y vamos dejando marcas de cada una de las lecturas. Es un libro con dedicatoria, a primera vista pensé en la letra de una niña de colegio, pero cuando terminé de leer y volví a revisarla noté la mano temblorosa de quien escribe en el libro: “Tiemblo, es inevitable. Y no es miedo, ni es frío, ni es rabia, ni angustia, ni desazón. Tiemblo porque sí, desde siempre, por lo que me tomo en las mañanas y durante el día. Pastillas y café: una para la gastritis, otra inmunosupresora, otra azulita que no sé bien qué hace y otras dos blancas que me permiten ser gente…  Todas hacen temblar”. (pág. 31). Con esa misma mano temblorosa Estefanía escribió con tinta negra: “Para mi muy querida amiga Elsy (un corazón gordo dibujado) con amor, Estefanía Uribe W.).

La primera historia arranca con el bendito coqueo: “El coqueo es una cobija pequeña en forma de conejo que me regaló un amigo de mi papá cuando nací” (pág. 13) y el amor que Estefanía profesa hacia esa cobija devenida en trapo sucio y feo casi me hace llorar, yo que no lloro desde hace más de treinta años. El coqueo se perdió en una cantina: “Con el coqueo limpian regueros de aguardiente, mocos de borracho y no de niño y ya no es ni siquiera rosadito sino gris y feo, le cortaron las orejas, le quitaron el borde de satín y ya ni siquiera era un conejo” (pág. 15). Nuestra heroína recupera su coqueo porque lo reconoce después de mucho tiempo en la cantina donde quedó abandonado: “Mi llanto tiene  la particularidad de impregnar las cosas por siempre, con todo y un olor característico” (pág. 26).

Aún no era grande no es literatura infantil, no es una novela, tampoco es una colección de cuentos, nos recuerda la prosa de Fernando Vallejo y la de Juan Rulfo: “Al lado del río Cauca, entre Bolombolo y Concordia, quedaba La Herradura. Ya no existe… Y en ese lugar del mundo las estrellas son tantas, tantas, que el cielo parece blanco con manchas negras… Abajo, luciérnagas y cocuyos en un danzar extraño parecían hacerle espejo a la bóveda celestial” (pág. 19).  Es una prosa premeditada, escritura pura, atención y cuidado en la combinación de palabras y sonidos, una verdadera delicia para los ojos y para los oídos y de una tristeza más triste que la de los narradores jaliscienses de algunos cuentos de  Juan Rulfo; pero no es una vil copia de ningún autor, es la obra de una mujer y plasma temas que otras mujeres no se han atrevido a plasmar en la literatura colombiana. Esa es la gran novedad.

La mujer retratada por Estefanía no es una modelo SoHo siempre lista para ser penetrada sino una mujer de carne y hueso: “Sí, calma, y al otro día da temblor. Como el tiempo, pensamientos y obsesiones se detienen por un instante y todos los órganos con terminaciones nerviosas  se anestesian: el clítoris, por ejemplo, es como un miembro fantasma, y creo que es lo que sienten las personas mutiladas con sus pedazos faltantes. No hay lubricación y una penetración duele mucho. ¿Cómo harán la señoras casadas? ¿Y las que tienen novio? Bueno, yo no soy casada ni tengo novio. Punto a mi favor (pág 32).

Hay varias mujeres amadas en el libro, las que más sobresalen son la abuela Lucinés, Frida Kahlo y Carolina Sanín. A través de la abuela se recrea el amor a primera vista que solemos tener con un familiar muy cercano, a través de la  artista mexicana se recrea el  dolor del cuerpo femenino -la fuerza sacada a través de ese dolor- y a través de la escritora colombiana, llamada Justina en el libro, se recrea la sabiduría, la madurez, las profecías cumplidas pronunciadas por la sabia. Es en estas citas donde mejor se reconoce la voz de la autora con toda su originalidad, ella está obsesionada con lo femenino y no necesita que un hombre le explique su comportamiento, ella misma se encarga de hacerlo. En “Unos cuantos piqueticos”, el último relato, es donde mejor podemos apreciarlo:

Y el dolor de Frida  no es por la sangre que le escurre de su cuerpo desnudo. Ella siente un dolor que va más allá de esa pintura y de la sangre, de los piquetes… Tatuajes, los tatuajes son unos cuantos, infinitos, incontables o innumerables piqueticos… Sangre que sale de uno mismo, de las mujeres, sangre que hacía que las niñas  se volvieran mujeres. Que crecieran, por chillonas, ¿yo por qué? ¿Yo para qué iba a querer senos si me gustaba quitarme la camisa para jugar lo que fuera cuando hacía calor… Y el día que lloré, que me vieron llorar, fui a hacerme mi primer tatuaje, ese de la virgen que vino a tapar la mariposa. Punto por punto, aguanté un martirio de siete horas justo en la columna, el lugar del cuerpo que más le jodió la vida a Frida, que la invalidó e hizo que sus yesos en forma de corsés fueran obras de arte. La sangre me brotaba por la espalda baja y era de colores, de muchos colores.

Es mejor derramar sangre que lágrimas. Aguantar unos cuantos piqueticos. (pág. 56-57).

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¿Para qué sirve la crítica literaria?

Apareció una nueva defensora ilustre de Catalina Ruiz-Navarro: Adriana Cooper. Escribió una columna sentimental en la revista Arcadia sobre el valor de lo pequeño y lo que de verdad importa. Nada dijo sobre los 53 pares de comillas que faltan en cuarenta páginas del trabajo de grado que Catalina presentó en la universidad Javeriana para ejercer como Filósofa y en vez de pedirle explicaciones a ella termina dando a entender que Mario Jursich es una mala persona porque le explica a Catalina Ruiz-Navarro en dos ocasiones que no sabe leer literatura y que debe dar explicaciones sobre su monumental plagio.

Ante la imposibilidad de defender lo indefendible la nueva amiga de Catalina Ruiz-Navarro apeló a las emociones, a la bondad, a que vinimos al mundo a darle besos, abrazos y palmaditas en la espalda a nuestro prójimo y que la crítica literaria no sirve para nada porque todos tenemos defectos y si necesitamos manifestar un sentimiento negativo acerca de otro ser humano debemos hacerlo con palabras dulces y en privado para no herir las fibras más sensibles del otro y para que nosotros ascendamos un paso  en nuestro Camino hacia el Cielo. Pura palabrería estúpida de libro de autosuperación para evadir lo que de verdad importa: el plagio de cuarenta páginas y la deshonestidad intelectual de Catalina Ruiz-Navarro.

Busqué información en internet sobre esta erudita y descubrí que es tan polifacética como Catalina Ruiz-Navarro: publica en seis o siete medios y posa de crítica. Ante intelectuales tan poco rigurosas como ella y tan feministas en el peor sentido de la palabra -entendiendo como feminismo defender a las mujeres por su condición de mujeres aunque no tengan talento para nada (la famosa sororidad)-, ante posturas tan lamentables ante la crítica sería preferible que no existiera porque duele mucho saber que personas con supuesta formación académica tengan una idea tan fuera de lo académico, de lo que es el arte y cuál es la función de la crítica y los críticos.

Adriana Cooper asume las obras como cositas lindas y parece no imaginar que si Catalina Ruiz-Navarro se presenta como crítica literaria y maestra en artes visuales uno como lector esperaría que supiera apropiarse de estas obras pensando en las famosas reglas del arte, en la historia y la tradición; uno esperaría de parte de ella interpretaciones pertinentes de las obras que aborda y nos encontramos siempre con su falta de inteligencia, su nula capacidad de análisis, su incipiente formación en teoría y crítica. Catalina y Adriana deberían entender de una vez por todas y para siempre que si quieren acabar con el machismo y con el heteropatriarcado lo primero que deben hacer es empezar a estudiar en serio, repetir las carreras profesionales que hicieron y dejar de creer que los sentimientos y las intenciones están por encima de los hechos, la racionalidad, la teoría y el análisis riguroso de las obras de arte teniendo en cuenta el contexto. Esas son lecciones que se aprenden antes de terminar el cuarto semestre en una carrera de literatura o de artes visuales.

A continuación la parte final del texto de Adriana Cooper, la primera no me interesa mucho. Lea, amable lector, y saque sus propias conclusiones:

“Después de leerlo surgen preguntas: ¿Son necesarios tantos adjetivos y además negativos, para referirse al intelecto de una persona? ¿El hecho de que alguien se equivoque invalida todo su aporte intelectual previo? ¿Juzgamos a la gente con fuerza en el ámbito académico para validar un prejuicio inconsciente que tenemos, quitarnos una incomodidad hacia una situación que nos refleja esa persona, cobrarle algo, o simplemente para sentirnos superiores? ¿Se justifica la vergüenza pública producida por un texto, o hubiera sido más efectivo hablar con esa persona en privado para entender mejor su punto de vista o manifestarle una sugerencia o desacuerdo? ¿Necesita García Márquez que lo respaldemos con tanto ahínco cuando su talento ya hizo que sus obras se defiendan hasta la eternidad? ¿Las respuestas están afuera o dentro de nosotros mismos?

Algunos escritores experimentados suelen recomendar esto a sus alumnos cuando empiezan a escribir cuentos, y algunos autores sin mentor lo hicieron por instinto: “No juzgue al personaje con adjetivos ni incluya reflexiones críticas con el fin de orientar al lector hacia esos juicios para que los ratifique, porque el lector por sí mismo hará su propia interpretación”. Lo mismo podría aplicar a otras situaciones de la vida”.

http://www.revistaarcadia.com/agenda/articulo/adriana-cooper-sobre-catalina-ruiz-navarro-y-mario-jursich/67237

Sobre la soledad

Hay muchas frases sabias sobre la soledad:

La soledad es la suerte de los espíritus excelentes. Son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos. El hombre solitario es una bestia o un dios. El hombre más fuerte del mundo es el que está más solo. La soledad es la gran talladora del espíritu…

El 95% de las frases sabias sobre la soledad son escritas por hombres y hacen pensar en El hombre, en la soledad del hombre no sólo como especie sino como género. Un hombre solo es un Dios, un sabio, un maestro, un poeta… Una mujer sola es una mujer abandonada, digna de la compasión y el asombro de vecinos, familiares, colegas y amigos. ¿Vive sola y no es infeliz? ¿Cómo hace? ¿No se aburre?

Nadie se imagina a una mujer que lleva casi treinta años viviendo sola en actitud de sabia sino que inspira miedo y lo digo por experiencia propia. Mi hermano menor dice que no se puede confiar en la gente que vive sola, los vecinos se sienten atacados porque no los miro ni los saludo y los niños me miran con temor y reverencia, como si se hallaran ante la bruja del 71 hecha carne, una  bruja risueña que no se ríe con ellos sino de ellos y con las escasas visitas que recibo: dos amigos hombres (que toman por mis múltiples amantes según su mirada desorbitada de vecinos confundidos) y hermanos y sobrinos que pasan por la casa de la bruja alegre dos o tres veces durante el año.

Pocas mujeres asumen la soledad como centro de su vida por más que lo intenten y no saben de lo que se pierden. Viven con esposos, hijos, hermanos, madres o tías; tienen animales, plantas, peluches, dildos, muñecos inflables, telenovelas, series, vecinas chismosas, familiares insoportables y mueren sin saber lo que llama el sabio salir de la minoría de edad, mueren sin saber lo que significa dejar de ser tratadas como niñas,  madres o enfermeras.

Muchas de estas pobres mujeres desvalidas y temerosas se llaman a sí mismas feministas y uno no sabe si reír o llorar.