Catalina Ruiz-Navarro. Caso Cerrado

Han pasado casi cinco meses después de que supimos que Catalina Ruiz-Navarro olvida poner comillas y llama rizomas a sus plagios. Ninguna institución seria se ha manifestado: la Universidad Javeriana calla, el Ministerio de Educación calla y Fidel Cano Correa sigue insistiendo en que Catalina es una mujer moderna y aunque no sea inteligente ni rigurosa le gusta su voz y no tenemos por qué complicarnos con un plagio de hace diez años.

Desde hace más de cinco meses dije que un plagio de cuarenta páginas y 53 pares de comillas que hacen falta es indefendible y que quien se atreviera a justificar, negar o defenderlo quedaría como un estúpido, como un corrupto o como un irresponsable y de paso harían quedar peor a Catalina Ruiz-Navarro. Lo dije y parece que no lo tomaron en serio y entonces llegaron a defender y a justificar el delito -porque el plagio es un delito-. Han ido llegando de uno en uno cada quien con su numerito. Llegó la feminista, llegó la buena mujer, la mujer sensible, compresiva, buena y noble, llegó el jefe, llegó el marido, llegó la mejor amiga.

Sólo falta el Comunicado de la mamá y el ladrido de la perra y queda listo el libreto para montar la versión colombiana de María la de barrio.

No he visto Caso Cerrado, he visto Laura en América, pero lo que dice la gente que ve televisión es que lo de Catalina, el desenlace que ha tenido el asunto, el trato que se le ha dado,  da para un capítulo de Caso Cerrado.

¿A dónde hemos llegado?, compañeros de Causa.

83F

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Veinte años de experiencia docente

Nací muy seria y convencida y a medida que ha ido transcurriendo el tiempo soy menos seria y estoy menos convencida. Cuando tenía siete años le daba discursos a mis hermanos menores y mayores sobre por qué no casarse ni tener hijos. Esa fue mi primera gran lección y fracasé como maestra porque todos ellos son casados y tienen hijos. Mis clases no calaron en la mente de mis discípulos irresponsables.

Cuando tenía 18 di mi primera lección formal. Era la profesora de un grupo de niños de quinto de primaria y yo fui su madre putativa durante un año: una niña de 18 con quince o veinte niños de diez. La mejor parte de la historia es cuando los llevaba al parque con sus impecables uniformes blancos y les decía, qué clase de educación física ni qué nada. Niños, ¡a jugar! Y los veía correr como locos felices porque la profesora los dejaba ser niños y no los torturaba haciendo ejercicios estúpidos. Después de veinte años de experiencia sé que esa fue la gran experiencia de mi vida como profesora y que sin haber terminado el bachillerato y sin haber leído ningún libro de pedagogía supe que ahí, con esos niños, desarrollé mi mejor faceta como educadora porque sentía que aprendían muy en serio y me querían como a nadie.

Después leí Entrego mi corazón a los niños y supe que tratar a los estudiantes con cariño, como si fueran seres humanos sensibles, tiene todo el sentido y vale la pena.

Cuando tenía veinte o veintidós fui profesora de colegio, de bachillerato, y esa experiencia no me gustó nada porque entré en conflicto con los discípulos porque pensaban que la profesora podría ir a beber con ellos en El búho -un bar o discoteca que quedaba cerca del colegio- y las niñas me miraban con recelo y yo de forma arrogante les decía: ¡Niña, usted puede ser mayor que yo pero yo he leído más que usted y entonces me hace el favor de respetar y guarde ese espejo y no se maquille en clase! Trabajé un año con niños de bachillerato siendo yo todavía un poco niña y supe de una vez y para siempre que prefería mil veces a los niños de quinto de primaria.

Cuando tenía 32 siendo profesional con maestría y veinte ensayos eruditos a cuestas empecé a ser profesora universitaria y ahí encontré mi destino, el sueño de los humanos de este tiempo triste: hago lo que me gusta y me pagan. Son quince años hablando en público, un público joven y entusiasta, sobre los temas que me interesan y con esos jóvenes trato de ser de nuevo la misma profesora de los niños de quinto de primaria sin llevarlos al parque pero sí tratando de hacer divertido el asunto mientras aprenden, aprender jugando, aprender riendo y hablando de la vida.

Estoy leyendo Contarlo todo de Jeremías Gamboa, estoy oyendo la música de Control Machete, dos descubrimientos recientes que me han hecho soñar con el barrio popular, con la vida dura en una pieza oscura tratando de hacer arte, nada más que arte y sin mimos de ningún tipo, hasta se me pasó por la mente renunciar a mi trabajo como profesora y lanzarme a la vida pero esta mañana recordé lo feliz que he sido durante tanto tiempo hablando, riendo y viendo reír a otros hablando de libros, de los libros que me gusta leer, y me pedí perdón a mí misma por sólo pensar en la idea, fantasear un rato con la idea de dejar de ser profesora, dejar de estar en contacto con las mentes que me ayudan a tratar de imaginar el futuro.

Reflexionemos sobre el plagio

El nuevo plagio de Catalina Ruiz-Navarro -ahora en su trabajo de grado como Filósofa de la Universidad Javeriana- nos obliga a pensar por qué hay gente que lo hace y por qué algunas universidades no se toman en serio el hecho si tiene implicaciones tan serias.

¿Qué es plagio?

Plagio es no atreverse a pensar y a redactar uno mismo sino dejar que otro piense y redacte por uno. Cuando el escritor perezoso, inseguro y facilista cree que encontró una cita digna de ser escrita por él -aunque la haya escrito otro- la copia sin asomo de disimulo y sin vergüenza para posar de inteligente, profundo, sensible o lo que sea que quiera transmitir a través del robo de la frase, el párrafo o la idea que robó de un autor que no es perezoso, facilista ni deshonesto.

¿Qué tipo de persona plagia?

Plagia la persona que desconfía de su propio talento y seguramente no lo tiene pero quiere llegar lejos posando de intelectual, artista o erudito. Normalmente plagian los estudiantes perezosos y los adultos sin talento; los que sueñan con escribir como los grandes pero no saben cómo hacerlo y ante la impotencia caen en el robo intelectual y se les convierte en vicio. Quien plagia una vez y no es descubierto lo seguirá haciendo hasta que se confíe demasiado y llegue a copiar hasta cuarenta páginas. Copiar, robar, plagiar cuarenta páginas es llegar al límite de la manía de no pensar por sí mismo y no confiar en sí mismo y de paso pensar que los lectores del robo son todos unos completos ignorantes. La persona que plagia se desprecia a sí misma y desprecia a sus lectores, los subestima, los trata como tontos.

¿Es más escandaloso que incurra en plagio un estudiante o un profesional?

Un profesional.

¿Y por qué?

Porque no le da ejemplo a los estudiantes. Si un estudiante ve que una figura pública con títulos universitarios plagia ante la mirada de todos y no pasa nada va a pensar que no vale la pena pensar por sí mismo, que da igual hacer los trabajos con empeño o simplemente copiar. Un profesional debe dar ejemplo, tiene un compromiso social porque está a la vista de todos, debe convertirse en faro moral, en alguien a quien las futuras generaciones deseen imitar y ¿vale la pena imitar a un ladrón de ideas ajenas? No.

¿Qué se esconde detrás de la exigencia de no hacer plagio?

El deseo de respetar el trabajo ajeno, las horas consagradas a la lectura, la escritura, la reflexión profunda y el trabajo honesto. Una persona puede terminar una carrera profesional y no ejercer o ejercer de forma mediocre o sin figurar. Pero cuando el plagiador es figura pública y quiere posar de indignado, cuando defiende una Causa como el feminismo y el empoderamiento de las mujeres pero es un ladrón de las ideas de otros  -especialmente de hombres- ofende esa Causa y a todas las personas -hombres y mujeres, intelectuales honestos que creen que no todo está perdido y vale la pena seguir luchando por unos valores y principios que tienen todo el sentido y que debemos hacer respetar.

¿En cuál terreno de la filosofía encontramos el plagio?

Etica y estética.

¿Está perdida la ética? ¿Qué pasó con la filosofía? ¿Qué pasa cuando una filósofa feminista empoderada que se envalentona en contra del heteropatricado y el falocentrismo toma como propias ideas que no son suyas sino en su mayoría de hombres que no saben de su existencia?

Es muy ofensiva esa puesta en escena. Si soy filósofa feminista empoderada y poso de todo eso no se esperaría de mí que robara con absoluto descaro las ideas de otros y mucho menos en su mayoría hombres. No es justo que robe a hombres ni a mujeres pero asombra que luche contra el machismo y no sea capaz de pensar por sí misma sino que otros hombres tengan que pensar por ella y no se atreva a usar las comillas para reconocer el trabajo ajeno.

¿Cuál es el gran riesgo de convertirse en plagiador?

Que la persona pierde toda la credibilidad y aunque diga la verdad siempre vamos a creer que está mintiendo.

¿El plagio es una enfermedad contagiosa y se puede curar?

Es muy contagiosa y más en tiempos de internet; debe ser más adictiva que el basuco pero más traicionera que un admirador tuitero de los que expresan cariño a través de mensajes privados pero nunca lo nombra en público. Cuando una persona roba ideas y le va bien con el robo va a seguir haciéndolo, pasa lo mismo con los que roban tuits o se ocultan detrás de una identidad que no los representa. Salir del mundo de la mentira, el engaño y el robo debe ser más complicado que salir de las drogas más duras porque también carecemos de lectores atentos y de mente suspicaces.

 

Educación en Colombia

En nuestra pobre patria se le da demasiada importancia a lo que nos define como gente respetable: ¿Qué estudiamos? ¿Dónde estudiamos? ¿Dónde vivimos? ¿Cuánto ganamos? ¿Viajamos? ¿Cómo viajamos? ¿A dónde viajamos?

No importa lo que somos sino lo que tenemos y lo que representamos y lo gracioso del asunto es que la mayoría de los colombianos sobreviven con menos de dos salarios mínimos. Muy triste, pero eso somos: gente que vive de la apariencia aunque no tenga mucho para mostrar.

Para ser respetados por otros colombianos hacemos lo que no nos gusta hacer. Estudiar, por ejemplo.

Yo no quería estudiar porque me aburría mucho en salones compartidos con personas a las que no me interesaba conocer y con profesores que me inspiraban una mezcla de risa y pesar porque eran muy ignorantes, muy temperamentales o muy convencidos de su triste papel. Si me hubieran dejado tomar mi decisión consciente seguramente no hubiera termina ni siquiera la Básica Primaria porque desde niña sentía que todo lo podía encontrar en los libros. Sin profesores, tareas, guías ni repeticiones absurdas.

Pero estudié para ser complaciente con el público, para que se sintieran satisfechos cuando les dijera que soy profesional con maestría aunque tantas veces haya sentido que la universidad colombiana es retrógrada, conservadora y poco dispuesta a oír las opiniones de los estudiantes. Mi paso por la universidad fue una especie de tortura porque tuve que contenerme durante seis años para no decirle a mis profesores lo que pensaba de ellos y porque tuve que aceptar que me impusieran unas ideas y me hicieran creer muchas mentiras que algunas veces he repetido.

Ahora que ha pasado tanto tiempo me pregunto cómo será una verdadera universidad, un espacio académico con investigadores comprometidos, con estudiantes convencidos de que quieren hacer un aporte en artes o en ciencias, no simples seres humanos que ven la universidad como un espacio social en el que se encuentran con gente parecida a ellos porque pagaron determinada cantidad de dinero para ingresar a la prestigiosa institución.

Mi sospecha es que la mayoría de los estudiantes de educación superior en Colombia no llegaron a las aulas pensando en ser lo mejores, en llevar al país hacia el desarrollo, en aprender con entusiasmo y con amor, en consolidarse como seres humanos éticos y comprometidos sino que estudian para complacer a la familia, para hacer sentir mal a los compañeros de bachillerato que no tuvieron plata para estudiar en universidad privada o no pasaron el examen de admisión en la pública.

En Colombia los jóvenes deberían rebelarse, estudiar sólo si de verdad lo desean, no deberían ser tan complacientes con la familia y no deberían ser tan sumisos ante las exigencias sociales. Un país de pobres presumiendo porque pagan millones en una universidad privada para saber que siempre ganan los mismos: los dueños de las universidades y los banqueros.